Teresa Tolosana

Teresa Tolosana

Opinión

Estatus social o servicio: ¿Qué mueve a las profesiones sanitarias en nuestro país?

Teresa Tolosana, pdta. del Colegio de Enfermería
Publicada

Hace unas semanas tuve una entrevista con Manolo Marín, este enfermero ya jubilado hace tiempo, trabaja en una oenegé que trabaja en el segundo país más pobre de Latinoamérica: Guatemala. El primero, Haití, parece que tiene más ayudas, pero Guatemala, por lo que me contó, no recibe tantos recursos.

Lo que más me gustó de este señor es que cuando nos presentamos, a la pregunta: ¿qué tal estás? la respuesta fue “muy bien y muy feliz”, simplemente.

Su teoría, que coincide con la mía y con la de mucha otra gente, es que la felicidad viene muchas veces por el camino de la ayuda a los demás. Por eso mismo cuando en nuestro trabajo como sanitarios nos encontramos con ciertos problemas, entre los propios compañeros, donde parece que priman otras cosas que no tienen que ver con solucionar los problemas de las personas, me sigue impactando mucho. Pero esta es la cruda realidad.

Nos encontramos con que desde dentro del sistema hay profesionales que viven el aumento de competencias de otros compañeros como un aumento de "poder" que puede perjudicar su propio "poder". Los sanitarios que piensan así no viven su trabajo como un servicio profesional hacia la población, lo viven como un estatus que tienen miedo de perder.

Es triste porque nuestro trabajo, el de cualquiera de los trabajadores sanitarios, tanto en la pública como en la privada, no se debería ver como un estatus, sino como una posibilidad de servicio. Si estoy empeñada en poder hacer una receta, porque he valorado que lo necesita, y lo hago bajo mi responsabilidad, no quiero hacerlo por estatus, ni tener más poder, es porque ayudo en ese momento a alguien que lo necesita.

Así que, a nivel colegial, retomamos nuestro proyecto para seguir intentando ser cada vez más útiles a la población ampliando “el poder del servicio”, que nos habiliten de herramientas nuestros gestores, tanto a nivel central como autonómico. Si habláramos en abstracto de cualquier empresa u organización, seguro a todos nos parecerá lógico que sus gestores sacarán todo el rendimiento de formación de su capital humano. Y, sobre todo, si se encontraran con carencia de trabajadores.

No puedo negar que hay compañeras que, teniendo la formación necesaria, tienen respeto a asumir esa “responsabilidad”, sin que nadie les garantice un reconocimiento por asumirla.

Mi comprensión hacia los primeros y hacia los segundos se termina cuando sabemos que el sanitario podría mejorar mucho, no aumentando lo que tiene, sino utilizándolo mejor. Y mejorar el sistema sanitario no es una entelequia, ya que hablamos de personas.

Por ello, nuestros gestores deberían dar un paso al frente, decidirse por un camino firme de soluciones, valorar la gran capacidad que tienen sus recursos para trabajar, invertir en lo que de verdad más pueda resolver problemas, sin dejarse influir por los grandes poderes.

Otro aspecto que me parece fundamental es evitar el burnout, o profesional quemado. Desarrollar las competencias que durante unos años has aprendido, ponerlas en práctica y desarrollarlas, evita en gran medida este malestar. Claro que la nómina es importante, es tan importante que es lo que te permite vivir, pero no es lo que te permite avanzar en tu profesión.

Escuchando a compañeros que han terminado sus estudios, especialidad o doctorado, escucharlos diciendo que después de todo el esfuerzo en formación, ahora tienen que pelear para que se reconozca lo que ya una universidad les reconoció… entiendo que tiren la toalla y se dediquen a otras cosas en un mundo cada vez más digital y pendiente del siguiente avance tecnológico.

Algo paradójico ya que venimos de aquellas sociedades primitivas donde los chamanes, los curanderos, eran junto al jefe, los que conducían y guiaban la vida de la aldea.

Ahí lo dejo…