Aday Mara y su entrenador Emilio Les, junto al resto del equipo

Aday Mara y su entrenador Emilio Les, junto al resto del equipo

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Emilio Les, el técnico que pulió a un Aday Mara de 9 años: "Su madre jugó al vóley y su padre al baloncesto. Eso ha sido vital"

Antes de dar el salto a Estados Unidos, este joven zaragozano metió sus primeras canastas en el Basket Lupus, donde ya dejaba huella con 9 y 10 años.

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Zaragoza
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Aday Mara ya es un nombre que resuena en el baloncesto mundial, símbolo del talento aragonés que conquista canchas a miles de kilómetros de casa. Como antes hicieron Fernando y Pepe Arcega, los Alocén o Juan Antonio San Epifanio, este joven zaragozano está escribiendo su nombre en la historia del baloncesto español, y, con sus 2,21 metros de altura, apunta a lo más alto.

Sin embargo, antes de vestir la camiseta de grandes clubes y ser señalado como una de las promesas más brillantes del deporte, el joven pívot dio sus primeros pasos entre balones casi tan grandes como él.

Este camino comenzó en el barrio de La Jota, en Zaragoza, y en un club humilde como el Basket Lupus, de más de 40 años de historia y unos 30 equipos en diferentes categorías. Uno de sus primeros descubridores fue Emilio Les, hoy director deportivo del club y, visto lo visto, con un ojo clínico para descubrir talento.

“Lo intuía. Ya le dije que iba a petarla con 20 o 21 años y no me he equivocado. A veces las premoniciones se cumplen”, recuerda.

Aday Mara (cuarto por la izquierda), junto a su equipo

Aday Mara (cuarto por la izquierda), junto a su equipo

El camino, como el de todo niño, no ha sido sencillo. Hijo del exbaloncestista Francisco Javier Mara, su primer flechazo fue con el fútbol y unos guantes de portero, con Iker Casillas como ídolo, y fue necesario un “segundo intento” para que se decidiera por la canasta.

Aday Mara (derecha), recibiendo instrucciones de su entrenador

Aday Mara (derecha), recibiendo instrucciones de su entrenador

Así entró en el Basket Lupus siendo benjamín de 2º año, con nueve años, en los que ya se dejaba ver por su altura.

“En alevín de primer año me sacaba a mí casi la cabeza. Yo mido 1,70 y él llegaría a 1,85 con 10 años, si no era más. Yo le llegaba a la oreja”, cuenta Emilio.

Ello obligó a hacer un trabajo físico y deportivo especial, con un entrenamiento enfocado a su estatura.

“Tuve que hacer un trabajo con él de mucha coordinación. Muscularmente todavía no estaba hecho, porque era un niño, y le costaba desplazarse frontal y lateralmente. En campos pequeños era un lujo verle jugar, pero si se iba a 25 metros sufría más. Poco a poco se fue dando cuenta y la verdad es que fue un lujo entrenarle”, explica este entrenador.

Aday Mara, durante un partido con Basket Lupus

Aday Mara, durante un partido con Basket Lupus

En el Basket Lupus estuvo dos años, antes de incorporarse a la cantera del Casademont Zaragoza, en donde se forjó hasta que Estados Unidos llamó a su puerta, pero su técnico con 9 y 10 años ve en él alguna de sus enseñanzas.

“Yo le hacía mucho hincapié en que usara las dos manos y en la lectura de juego. Le daba mucho valor. ¿Hay distancia y tiempo? Tira. ¿Te viene un 3 que se te pega? Rómpele. ¿Ves a un compañero que tiene un mejor colocado que tú? Pásala. O que nunca baje la bola. Él nunca baja la bola”, destaca.

Aday Mara, en el Basket Lupus

Aday Mara, en el Basket Lupus

De hecho, Emilio también ve rasgos en su juego de su madre, Geli Gómez, exjugadora de voleibol.

“Hace muchas canastas de palmear el balón. Ni la coge, la palmea, como un colocador de voleibol. En verano se lo llevaba a jugar a voleibol, pero le decía que se olvidara”, recuerda riéndose.

El papel de sus padres: disciplina y valores

Lo que es seguro es que, en un deporte o en otro, sus padres exdeportistas han tenido mucho que ver en su preparación mental, aportando, sobre todo, disciplina y valores.

“Indudablemente, sus padres han sido vitales en sus decisiones, asesorándole y claro que ha tenido que ver mucho el tema de la disciplina. Cuando ellos eran deportistas ya tenían una gran disciplina a nivel deportivo y personal, con todo tipo de valores que eso conlleva. Eso ha sido fundamental”, resalta Emilio.

Todo ello ha sido clave para forjar un talento que ya deslumbra a Estados Unidos, y que, pese a llevarlo en la sangre, ha habido que cuidar y amasar hasta que estuviera preparado.

“Entrenar a un chico de este tamaño se cocina a fuego muy lento. Hay que tener mucha paciencia. No es un rendimiento inmediato. Están Dueñas, Romay o Gasol, que no rindieron inmediatamente como la bomba Navarro. Los pequeños son más explosivos y más fácil de coordinar. Aday tenía una zancada como tres mías, pero tienes que correr. No se podía desperdiciar. Estoy muy orgulloso”, reconoce el entrenador.

Un futuro sin techo

Ahora, con 21 años recién cumplidos este mismo martes, todo el mundo del baloncesto se pregunta dónde está su futuro a corto y largo plazo. De momento, ahora tendrá que celebrar como es debido el título de la NCAA, y el próximo paso ya llegará.

“Cada uno tiene el futuro que elige y que puede. ¿Tiene posibilidades de jugar en la NBA? Todas. Ahora es un momento propicio porque estás en la cresta de la ola, pero no pasa nada por que sea dentro de 2 o 3 años. Si acaba de celebrar su 21º cumpleaños como campeón universitario…”, señala Emilio.

Aunque, para su entrenador en benjamín y alevín, el sueño es verlo con la camiseta de la selección, y no duda de que Chus Mateo -ex del CAI Zaragoza- es el ideal para dirigir a esta joven hornada.

“Si nada se tuerce, tiene toda la pinta de que llegará a ser olímpico con la selección. Ahí queremos verlo todos. Va a jugar con la selección española a un gran nivel, seguro. Chus Mateo es el entrenador ideal para este momento con la incorporación de los talentos jóvenes, que hay muchos”, subraya Emilio.