Manuel Vilas, escritor.

Manuel Vilas, escritor. E.E

Cultura

Manuel Vilas, escritor: "Que la historia de una familia de Barbastro se lea en China habla del poder de la literatura"

El escritor oscense acaba de publicar Islandia una novela que habla del divorcio y cómo este no tiene por qué romper una amistad.

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Zaragoza
Publicada

El escritor aragonés Manuel Vilas (Barbastro, 1962) ha presentado su última novela, Islandia, un relato íntimo y reflexivo sobre el amor y sus transformaciones.

En esta obra, el autor aborda qué significa afrontar un divorcio con 60 años, cómo se encara la soledad cuando las circunstancias de la vida cambian y de qué manera un viaje puede convertirse en una ventana hacia una transformación en la relación entre un hombre y una mujer.

Con su inconfundible intensidad emocional, donde entrelaza vivencias propias, aliento autobiográfico, nostalgia, desgarro, lucidez y destellos de humor, Vilas despliega todo su talento en una novela que sacude al lector y no deja indiferente a nadie.

Vilas es escritor "desde siempre", entre su palmarés se encuentra España, Aire Nuestro y el libro de relatos Setecientos millones de rinocerontes. Es también autor del libro de viajes América.

Con Ordesa (2018) dio el salto definitivo al reconocimiento internacional: traducida a más de veinte lenguas, elegida libro del año por Babelia y distinguida con el Premio Femina a la mejor novela extranjera en Francia,

Después llegarían Alegría, finalista del Premio Planeta, Los besos y Nosotros, galardonada con el Premio Nadal de Novela en 2023.

Vilas está ahora con Islandia, recorriendo España en un periplo de presentaciones que ya ha pasado por Zaragoza este 2 de marzo y que continúa el martes 3 en Málaga, el jueves 5 en Sevilla y el miércoles 11 en Pamplona.

Manuel Vilas en Zaragoza.

Manuel Vilas en Zaragoza. E.E

"Ya no estoy enamorada de ti" con esta frase, Ada acaba de manera inesperada una relación de más de once años. Este es el arranque de la historia de un amor que llega a su final y que cambia el rumbo de los acontecimientos en la vida del protagonista de Islandia.

La novela aborda un divorcio, la pareja ya separada se va de viaje a Islandia. ¿Por qué situar la novela en el país nórdico para hablar de la separación?

La novela narra un crucero que los protagonistas tenían contratado antes de divorciarse. Ella le dice en mayo que ya no está enamorada y el viaje es en agosto. Eso genera un problema: ¿qué haces con ese crucero? Finalmente deciden hacerlo, pero ya no como marido y mujer, sino como amigos.

Ese país desconocido, real, de una belleza absoluta, se convierte también en un territorio emocional desconocido. El título simboliza ese viaje: el que va del amor de pareja al amor de amistad.

Es una novela autobiográfica

En parte sí. Yo necesito creerme las historias para poder contarlas. He vivido lo que el narrador dice y sabía cómo es un divorcio. Si no lo he vivido, me cuesta creérmelo; y si no me lo creo, no escribo.

¿Sientes que te desnudas al contar algo tan personal?

Los seres humanos somos todos iguales. El narrador cuenta su divorcio, pero es una experiencia universal. Cualquier persona que haya pasado por una ruptura puede verse reflejada.

Mi historia en sí no importa. Lo importante es que lo que se cuenta sea universal y converja con la experiencia del lector. Es un desnudo al servicio del lector.

Portada de Islandia, Manuel Vilas.

Portada de Islandia, Manuel Vilas.

¿Hablaste con tu exmujer antes de publicar la novela?

Sí, claro. Es una historia escrita desde la admiración y el amor. No habría escrito desde sentimientos negativos. Lo pacté con ella.

Para mí fue también una terapia. Cuando ocurre un cataclismo en mi vida, el escritor que hay en mí se lo apropia para contarlo. Soy un ser humano que alberga a un escritor. Cuando al primero le pasa algo importante, el segundo levanta la mano y dice: "Esto me lo llevo a la oficina".

El escritor se queda con la historia porque sabe que es verdad, que tiene certificado de veracidad.

El divorcio, la ruptura de un matrimonio se ve como un fracaso.

Socialmente sí, desde el punto de vista legal, no. El divorcio existe en España desde 1981 y está normalizado. Pero desde la mirada social muchas veces sí se percibe como fracaso.

Ahora bien, si lo es o no, eso lo debe decidir quien lo vive. Es muy difícil extraer una conclusión general. La mayoría lo vive como un fracaso porque está sufriendo. Nadie quiere sufrir, y un divorcio es sufrimiento.

El narrador se acusa de no haber sabido cuidar y alimentar el amor. Se pregunta en qué falló, porque él sigue enamorado. Esa ceguera puede entenderse como fracaso.

El amor puede agotarse, pero la amistad que se generó no tiene por qué tirarse a la basura.

¿Puede dejar de verse así con el tiempo?

Bueno, en los momentos inmediatos, sí se vive como fracaso. Pero quizá tres, cuatro o cinco años después ya no se vea así, sino como una lección de vida. Tras el fracaso puede nacer una nueva vida. Es una tierra incierta, pero cuando el divorcio cicatriza, la percepción cambia.

¿Es posible convertir el amor de pareja en amistad?

Cuando ha habido verdadero amor, el odio es imposible. El amor puede agotarse, pero la amistad que se generó no tiene por qué tirarse a la basura. El narrador quiere salvar esa amistad. Eso es un desarrollo emocional.

El divorcio es cada vez más común en nuestra sociedad... ¿Es imposible que un matrimonio dure para siempre?

Existen milagros. Hay matrimonios largos y felices; existen, yo los he visto. Pero no son frecuentes. Creo que la mayoría de la gente vive dos o tres parejas sucesivas. Es común ver matrimonios de diez años y luego otros diez con otra persona.

También hay segundos matrimonios que funcionan mejor que los primeros. Se ve de todo.

¿Se estigmatiza a quien se queda solo?

Sí. Se tiende a pensar que quien está solo tiene un carácter insoportable o que ha fracasado. Eso es injusto y antiguo. Está basado en una herencia cultural en la que el matrimonio era la institución central.

Además, hay matrimonios que siguen juntos por comodidad o cobardía. Personas que no se hablan y siguen casadas. Para eso se inventó el divorcio.

¿Cómo fue el proceso de escritura de Islandia?

Lo empecé el día en que me dijeron: “Ya no estoy enamorada de ti”. Lo terminé en septiembre del año pasado. Está escrito en cuatro o cinco meses, el tiempo real de mi divorcio.

Llevas más de 40 años escribiendo. ¿Por qué esa vocación?

No sé por qué me tocó. Hay momentos en que no lo entiendo. Al principio no tiene naturaleza laboral, es una forma de ver la vida que te arrastra. Es inconformismo y también una forma profunda de amar la vida.

Creo que me hice escritor por vitalismo extremo. No basta con vivir la vida: hay que contarla, pasarla a un libro.

¿Tienes una rutina de trabajo?

Escribo todos los días. Prefiero las mañanas; me levanto hacia las ocho y empiezo sobre las nueve. Necesito escribir a diario. Si no lo hago, me pongo nervioso.

Aparte de trabajo, es una adicción. Aunque sean cuatro líneas, tengo que sacarlas cada día.

En 2018 publicaste Ordesa, que tuvo una gran proyección internacional. ¿Cómo viviste ese cambio?

Fue un libro que me cambió la vida. Está traducido a más de veinte lenguas y me ha llevado a recorrer el mundo. Hace poco estuve en China porque se tradujo al chino.

Que la historia de una familia de Barbastro se lea en China habla del poder de la literatura cuando trata temas universales. En Ordesa era el amor de un hijo a sus padres.

La literatura afirma que somos todos iguales. Más allá de los conflictos internacionales, los seres humanos quieren vivir, amar y tener una vida digna. La literatura habla de esos universales.