Juan José Vera, con el Premio El Español de Aragón.

Juan José Vera, con el Premio El Español de Aragón. Aránzazu Navarro

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Juan José Vera, empresario y Premio El Español de Aragón: "Si nada me frena, yo sigo queriendo dar guerra"

El también propietario de la plaza de toros de Tarazona recuerda junto a EL ESPAÑOL sus humildes inicios y cómo dio forma a Valfondo y Montepino.

Más información: Juan José Vera: "Quiero convertir a Tarazona en un referente taurino en España".

Zaragoza
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Juan José Vera se ha convertido por méritos propios en el primer galardonado con el Premio El Español de Aragón, que reconoce la trayectoria empresarial y la aportación de aquellas personas que han hecho Aragón más grande.

El empresario turiasonense ha convertido Montepino y Valfondo en auténticos referentes del sector. Pero para conseguirlo han sido necesarios años de trabajo y buen hacer.

Actualmente jubilado, Vera es todo un emblema de la 'marca Aragón'. Tanto que todos sus proveedores siguen siendo del territorio y su sede central continúa en Zaragoza. Hoy repasa su trayectoria junto a EL ESPAÑOL y cuenta cómo ve el futuro de la Comunidad y del mundo del toro, del que es un gran apasionado.

Es el primero en recibir el Premio de El Español de Aragón. ¿Cómo se siente?

Siento una satisfacción personal porque, de alguna manera, se reconoce el esfuerzo que hemos tenido que hacer para llegar con nuestra empresa hasta el lugar que ocupa hoy.

Su historia comienza en el paseo de la Mina de Zaragoza. ¿Qué recuerda de aquellos inicios tan humildes?

Al principio éramos dos personas. Comencé con Irma, que todavía sigue conmigo, espero que por muchos años. Y luego ya se incorporó mi hijo en el año 2002-2003.

Empezamos en una oficina bonita y humilde, con mucha luz y mucha ilusión. Y gracias a Dios, de ahí salió todo el entramado empresarial que hoy tenemos.

¿Cómo consigue uno pasar de una oficina de dos personas a ese entramado?

No es algo que puedas prever. Al principio, cuando contraté a Irma, dije ‘tengo que buscarle faena para que no pare, que tenga labor administrativa, coja el teléfono y demás’.

La primera promoción que hicimos salió muy bien y eso nos llevó a hacer otras seguidas.

Rápidamente nos vimos abocados a contratar a otra persona más. En seis meses éramos cinco y en ocho, 12. La misma vorágine de crecimiento en la labor empresarial te lleva a eso.

"Con la crisis se vivieron momentos muy tensos. Mantener limpio el apellido sin dejar nada atrás a nivel de impagos costó mucho esfuerzo"

¿Fue ese buen hacer el que marcó la diferencia?

Creo que acertamos en el modelo de nave que queríamos comercializar y eso nos ha ido llevando poco a poco a lo que hoy vemos.

Al principio era una promoción meramente especulativa de venta y hoy prácticamente no vendemos nada. Hoy es todo una macronave dedicada al alquiler.

Ese legado ha pasado a sus hijos. ¿Cuál fue el primer consejo que les dio?

A mis hijos siempre les dije que defendieran el apellido y honradez por encima de todo. Y hubo que demostrarlo, porque al poco tiempo vino la crisis.

Fueron momentos tensos y mantener el apellido limpio sin dejar nada atrás a nivel de impagos como ocurrió en muchísimas otras promociones costó mucho esfuerzo. De hecho yo acabé en el hospital y mi hijo, con unas manchas en el pelo y en la cara, pero mereció la pena. Nadie nos ha podido decir nunca que hemos dejado ni un solo euro a deber.

Imagino que uno siente orgullo al ver que sus hijos han seguido sus pasos…

Es un orgullo y, lógicamente, todo esto ha tenido su reconocimiento con el paso del tiempo. Valfondo y Montepino tienen un prestigio en cualquier entidad bancaria a la que nos dirigimos que en aquellos años costó mucho mantener.

Ahora mismo acabamos de refinanciar 800 millones y había 10 bancos peleándose por la operación.

Montepino y Valfondo están detrás de algunos de los grandes proyectos de Aragón. ¿Cómo está viendo la transformación de la Comunidad?

En este momento, y especialmente en nuestra profesión, que es la logística, Aragón está en un momento privilegiado.

Acabamos de entregar una nave para 'cross docking' de GLS en la Plataforma Logística de Zaragoza (Plaza) que es una maravilla y hay otras dos que se acaban de terminar hace bien poco también.

Estamos hablando ya de proyectos de 50.000 a 70.000 metros.

Todo esto viene motivado por el tirón que tiene ahora mismo Zaragoza como enclave logístico; un tirón que todo el mundo, por fin, ha reconocido.

Yo creo que nos vamos a quedar cortos de espacio en un plazo muy breve de tiempo y que lo que tienen que hacer rápidamente las autoridades competentes es ampliar rápidamente el polígono. Ese y algún polígono satélite más, que pueden ser el de Tarazona, Calatayud, etcétera.

Eso ayudaría a que ese enclave logístico ya no sea solo Zaragoza, sino Aragón.

"Llevar la sede central a Madrid hubiera sido lo fácil, pero mantenerla en Zaragoza era para mí una condición sine qua non"

Usted es ‘marca Aragón’. Tanto que todos sus proveedores son del territorio… Y en la plaza de toros de Tarazona, apoya el empleo local...

Montepino es, yo creo, la única empresa aragonesa de pura cepa cotizada en bolsa.

Tenemos oficina en Madrid, pero la sede central de toda la sociedad está en Zaragoza. Eso es un orgullo que me ha costado mantener, porque los accionistas y los miembros del Consejo hubieran querido estar en Madrid.

¿Hubiera sido lo fácil?

Hubiera sido lo fácil, sí. Pero los aragoneses somos cabezudos y la tierra tira. Para mí, era la condición sine qua non.

Yo dije: en Madrid tendremos una oficina comercial, que va a funcionar seguro, donde se gestionarán operaciones fuertes, pero la sede estará en Zaragoza y así es.

Su sello ha trascendido fronteras. ¿Es fácil destacar en el mercado nacional e internacional viniendo de unos orígenes tan humildes?

Las cosas nunca son fáciles. Ni fáciles ni difíciles, depende del empeño que le pongas.

Cuando llegamos a Madrid, mi hijo Juanjo y yo éramos ‘los de pueblo’. Los madrileños son muy madrileños y a él le llamaban ‘el de la mochilita’ porque iba todo el día con su mochila al hombro de agencia en agencia tratando de captar nuevas operaciones.

Mientras, yo me dedicaba a ver solares, enclaves y operaciones. Y sí, éramos ‘los de pueblo’.

Recuerdo que cuando las grandes agencias de Madrid te enseñaban solares te decían… es que este vale 20, es que este vale 15… Y yo les contestaba, ¿pero acaso te he preguntado el precio? Te trataban como gente de pueblo.

Ahí es cierto que la crisis nos favoreció. ¿Por qué? Porque los fondos se habían marchado del país. Estábamos con la famosa prima de riesgo a 700 puntos…

Los fondos me han enseñado que ellos estudian mucho a la hora de entrar, pero mucho más a la hora de salir, al precio que sea.

Si me tengo que ir, me voy, aunque sea perdiendo. Y los fondos se fueron, muchos de ellos perdiendo. Eso nos permitió meter la cabeza en una operación fuerte, que fue la de la Universidad Europea en Madrid.

Fue un edificio muy importante que hemos tenido 6 años en alquiler y que al final vendimos a otro fondo francés.

En aquel momento nos permitió asentarnos en Madrid, y de ahí ya empezamos mucho más fuerte con la logística. Hicimos dos o tres operaciones seguidas hasta que Inditex se fijó en nosotros.

Desde entonces hemos hecho grandes operaciones con ellos.

"Ahora dedico mi tiempo a dos 'empresas': mi finca y la plaza de toros de Tarazona"

Ahora mismo está ya jubilado...

Técnicamente sí [ríe].

Pero quienes mejor le conocen dicen que aun así nunca para. ¿Cómo es Juan José Vera fuera del mundo de la empresa?

Yo siempre digo que un Ferrari no se puede parar porque si se para se gripa el motor. Entonces, procuro no hacerlo.

A nivel de negocio es verdad que ya únicamente asesoro a mis hijos y asisto al Consejo de Administración. Paso horas en la oficina, pero hablando con los chicos y dando vueltas.

Pero donde tengo dedicado ya plenamente mi tiempo es en otras dos ‘empresas’. Una es mi finca: el Taramal. Tenía mucha ilusión en poder comprar una finca en Andalucía. En concreto, al lado de Jerez de la Frontera.

Allí tengo ganado bravo, ganado manso y caballos, además de una explotación de olivar que tiene su gerente y de la que mi mujer está al frente.

La segunda es la plaza de toros de Tarazona. Eso sí que ha sido una cabezonería aragonesa de decir ‘por mis narices que Tarazona no se queda sin plaza de toros’.

Hace 5 años que la compré. Este año ha sido el quinto que hemos dado feria y ha tenido un éxito espléndido.

A lo largo de este tiempo ha ido creciendo y este año ha sido apoteósico haber tenido ocasión de verlo y de comprobarlo en primera persona.

Allí se ha hecho una inversión importantísima, y soy consciente de que en la vida la recuperaremos, eso está claro.

¿Ha sido más una cuestión de corazón?

Los números no saldrán nunca, llevamos más de 3 millones de euros de inversión y recaudar eso va a ser muy difícil.

De hecho, las ferias son deficitarias. Este año hemos conseguido perder la mitad que el año pasado, que ya es un éxito. Y si un día logro ‘empatar’ ya será la pera. Es lo máximo a lo que aspiro.

De momento no es así, pero sí he conseguido un reconocimiento personal por parte de todo mi pueblo. Por la calle todo el mundo me felicita y me da las gracias por haber revitalizado sobre todo las fiestas y por que se hable de Tarazona.

Este año me han llegado felicitaciones de Perú, de México, de Venezuela...

Que haya estado Aarón Palacio también ha ayudado. A él lo tengo como una creación mía, o por lo menos he colaborado mucho en ello.

Nos han dicho que una condición que ha puesto a sus hijos es que esa plaza tiene que seguir viva.

Eso es lo primero que les dije. Esa plaza nunca se podrá vender. Cuando yo no esté tiene que seguir estando en la familia y tienen que hacer lo posible y lo imposible para que siga habiendo toros cada año en Tarazona. A ser posible, con las máximas figuras del mundo del toro.

Pero no solo toros. Ahora incluso organizan bodas allí…

La verdad es que mi hija el tema marketing lo mueve bastante bien y ya ha conseguido que haya 5 o 6 bodas al cabo del año.

No es que represente tampoco un gran ingreso para la cantidad que hemos invertido. Para rentabilizarla haría falta hacer 40 bodas al año, pero, por lo menos la plaza no está parada, y la gente tiene ilusión.

En Tarazona estamos un poco escasos de ese tipo de servicios, y la verdad es que el espacio que hemos generado en la carpa adyacente ha dado lugar a una actividad de éxito de la que estamos satisfechos.

"Aarón Palacio va de éxito en éxito. El otro día en Valladolid parecía que había toreado victorinos toda la vida"

Aragón está viviendo un gran momento en el toreo gracias a figuras como Aarón Palacio. Y aquí usted ha tenido mucho que ver. ¿Cómo ha visto su evolución?

A Aarón Palacio lo vi la primera vez cuando él tenía 17 años en Ejea de los Caballeros. Hoy tiene 21, así que de eso hace ya 4 años.

Era novillero y vi algo en ese chaval que los otros no tenían. Cuando acabó me dirigí a Aarón y a Miguel Cuartero, que era su profesor entonces. Les dije que se bajaran a mi casa, que aquí es muy difícil ser torero.

En Aragón no hay ganaderías ni tentaderos ni nada. Le dije, bájate allí, si quieres ser torero vamos a hacer todo lo posible para que lo consigas.

Y, efectivamente, se bajaron. Ha estado en mi casa cuatro años y ha toreado muchísimo tanto allí como en casas de mis amigos. La gente empezó a conocerlo, sobre todo el profesionalismo del toreo, y el chaval ha puesto todo lo que lleva dentro de él, que es mucho.

Hace poco lo vimos en Valladolid y parecía que había toreado victorinos toda su vida. Va de éxito en éxito.

Cada vez parece haber más pasión por los toros por parte de los jóvenes. ¿Tiene esa sensación? ¿Cómo ve el futuro en este sentido?

Esa es la sensación plena. Parte del éxito de la feria de Tarazona este año es que hemos conseguido que la juventud, las peñas, hayan vuelto a la plaza de toros. Y eso es lo que hace que la parte de sol, sobre todo, se llene.

Al final, ese es el vivero. Cuando nos vayamos jubilando, esos jóvenes habrán hecho 30 años e irán con su familia al tendido de sombra.

En Valladolid, cuando acabó la corrida, Aarón llevaba en el ruedo a su alrededor 100 chicos jóvenes y chicas, y estuvieron una hora firmando autógrafos y haciéndose fotos.

Este país es así y basta que te prohíban una cosa para que digas ‘pues tú no me la vas a prohibir’. Afortunadamente, el mundo taurino está en un momento de crecimiento.

Con todo esto da la sensación de que al Ferrari le queda mucha gasolina...

De momento sí [ríe]. Voy teniendo alguna lesión, porque con los años te van saliendo estas cosas, pero afortunadamente no son graves. Si nada me frena, yo sigo queriendo dar guerra.

De eso se van a encargar sus nietos… Tiene uno, incluso, que va camino de seguir sus pasos en la finca...

Tengo cuatro nietos, uno ya con 19 años, una chica con 17, otro que va a hacer 13 y uno de cuatro.

El de 13 me ha salido un fanático del campo. Lo vive con pasión, quiere ser ingeniero agrónomo para llevar el campo y pasa cada minuto con las vacas, los caballos, los bueyes...

Lo conoce ya todo el mundo taurino y yo me quedo asombrado. ¡Hasta hay toreros que le brindan toros!

Tiene un perfil en Instagram que se llama 'El Campo y Juan' con un montón de seguidores y hace vídeos, los cuelga... Si no cambia, va a seguir mis pasos.