Constancio Navarro, presidente de la Unión Vecinal.

Constancio Navarro, presidente de la Unión Vecinal. E. E.

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El (no) debate sobre el estado de la ciudad

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Acabamos de asistir, un año más, al llamado debate municipal sobre el estado de la ciudad. Por debatir suele entenderse discutir o mantener controversia sobre alguna cuestión. En este caso, los distintos grupos municipales deberían debatir si la ciudad ha mejorado, o no, en los múltiples aspectos que son competencia del Ayuntamiento.

Actualmente se desarrolla de manera que la alcaldesa ofrece su versión sin límite de tiempo el primer día por la mañana. Esa misma tarde, los grupos municipales disponen de un turno de media hora cada uno para ofrecer la suya; la alcaldesa les contesta de nuevo sin límite de tiempo (lo estableció Juan Alberto Belloch en su época) y de nuevo los grupos disponen de 15 minutos para las réplicas y posteriormente una contrarréplica. Finalmente, a lo largo de la mañana siguiente todos pactan (en realidad votan) los textos de unas resoluciones como resultado del debate.

Un desarrollo tedioso y larguísimo que todos aprovechan para casi olvidarse de la ciudad y lanzarse puyas a distro y siniestro. Lo que ocurre es que no puede llamarse debate. Los discursos están escritos de antemano, son muy genéricos e ideologizados y muy previsibles en su contenido, tanto de un lado como del otro. Solo hay enfrentamiento y visiones contrapuestas (logros o chapuzas, en función del grupo).

La alcaldesa presumió de haber cumplido en un 90% su programa electoral, lo cual está muy bien, pero empleó mucho tiempo en desgranar un gran número de nuevos proyectos que sonaban a campaña electoral. Esa sensación se palpaba escuchando a la totalidad de los grupos. Cualquiera aprobaría esos proyectos, buenos para la ciudad, pero no era el momento para discutir si debían ser esos u otros. Quizá el portavoz del grupo que gobierna fue el único que repasó la evolución del estado de las diferentes áreas municipales en relación con el año anterior.

Solamente una portavoz hizo alusión a la falta de participación vecinal, a que no se tiene en cuenta a las asociaciones de vecinos. Eso sí, todos dijeron (como siempre) que trabajan para resolver los problemas de los ciudadanos. Está muy bien elaborar un programa electoral, pero ¿se ha consensuado con los ciudadanos a los que van dirigidas sus acciones? ¿se les ha preguntado para conocer sus necesidades? Porque la sensación es que no hemos superado épocas de gobiernos autoritarios en los que las “autoridades” no tenían en cuenta las opiniones de los ciudadanos. En las democracias occidentales los gobiernos municipales son gestores de dinero público que se invierta de común acuerdo con sus dueños.

Pero volviendo al “debate”, el espectáculo que ofrecieron todos podría calificarse como poco edificante. No hubo moderador (¿la alcaldesa?), no hubo intercambio o contraste argumentado y respetuosos de posturas o ideas (normalmente no coincidentes), no hubo ni preguntas ni respuestas y no hubo conclusiones claras de cada grupo.

En definitiva, apenas se emplearon argumentos sólidos, apenas se escucharon las posiciones contrarias y apenas se emplearon razonamientos consistentes. ¿Hubo resultados? Puede decirse que escasos, porque las resoluciones que se votaron prácticamente no tuvieron en cuenta los argumentos de la oposición; las resoluciones que se “pactaron” eran en casi su totalidad las propuestas presentadas por el grupo que gobierna y las de sus apoyos; y algunas coincidentes con los proyectos anunciados por la alcaldesa el día anterior.

Un “debate” más, como cada año, que en realidad no aporta mucho a la ciudad y que, si se analiza con detalle, no parece de la seriedad que merecería una confrontación de ideas educada que sirviera para mejorar las propuestas de cada uno y lograr acuerdos en beneficio de los ciudadanos.

Una lástima.