Lara Escudero en Jenin, cubriendo la ocupación israelí en Cisjordania

Lara Escudero en Jenin, cubriendo la ocupación israelí en Cisjordania

Actualidad

Lara Escudero, de Zaragoza a Ucrania con su amor por contar historias: "La guerra también saca lo mejor del ser humano"

Tres años cubriendo conflictos han enseñado a Lara Escudero a mirar más allá de las bombas y poner el foco en las personas.

Más información: Zaragoza acoge la proyección “Ucrania: resistencia y esperanza”, un documental con testimonios en primera persona

Zaragoza
Publicada
Actualizada

Entre sirenas que desgarran la madrugada, ciudades convertidas en escombros y miradas que dicen más de lo que alcanzan las palabras, la zaragozana Lara Escudero ha aprendido a narrar la guerra sin perder de vista a quienes la padecen. Durante tres años, su voz se ha convertido en testigo directo de los conflictos en Ucrania e Israel, tejiendo crónicas en las que la urgencia informativa convive con la fragilidad humana.

Ahora, reconocida con el premio de la Asociación de Periodistas de Aragón, su trayectoria refleja no solo rigor y valentía, sino también una forma de contar que persigue preservar la memoria incluso en medio del caos.

Lara atiende la llamada de EL ESPAÑOL DE ARAGÓN desde su piso en Donbás. En su muñeca, la Virgen del Pilar y el cachirulo; al cuello, un colgante de su padre, fallecido hace apenas tres semanas. Desde siempre sintió atracción por el periodismo de guerra. Por eso, no dudó en coger la mochila, pedir vacaciones en su antiguo trabajo y lanzarse a contar las historias de los voluntarios ucranianos.

Cuando parecía haber encontrado su lugar en la profesión, llegó el golpe: la productora cerró la corresponsalía y todo el equipo fue despedido. Lejos de detenerse, volvió a hacer la maleta. Esta vez, sola, como freelance.

“Venirme para aquí a probar suerte, prácticamente sin un céntimo. Fue una apuesta personal por este conflicto y por mí misma, por probarme a mí misma a ver cómo podía hacer yo todo sola, cuando estaba acostumbrada a trabajar siempre con un compañero cámara. Mi cámara es mi teléfono”, cuenta.

En el frente, la rutina dista mucho de cualquier idea de normalidad. Entre llamadas constantes a medios ofreciendo sus reportajes, convive con el estruendo de los misiles, ataques a infraestructuras y la escasez de recursos. Todo ello, bajo la amenaza permanente de un conflicto que no distingue objetivos.

“El periodista es periodista pero también es humano, y también sufrimos las consecuencias de la guerra. Es un oficio que ya lo era pero ahora es todavía más peligroso. Ya no se respeta para nada ningún tipo de ley. Si no se respeta para los sanitarios, por ejemplo, ¿por qué se va a respetar para los periodistas?”, lamenta, reivindicando el periodismo como un pilar esencial de la democracia.

El desgaste emocional

El desgaste emocional atraviesa cada cobertura. Su móvil, convertido en una extensión de su mano, registra desde bombas que caen a pocos metros hasta drones que sobrevuelan los barrios. Pero el verdadero peso llega cuando se apagan las cámaras.

“Al final, estás rodeada de drama. Insisto, los periodistas somos humanos. A mí, quien dice que si te afecta algo es que igual no vales para este trabajo, le discrepo. Cuanto más humanos seamos, mejor trato vas a tener con la gente en una conversación de tú a tú y después vas a poder trasladar una mejor historia, mucho más humana”, incide Lara.

Aun así, en medio de la devastación, también encuentra espacio para la esperanza. Destaca la capacidad de Ucrania para reinventarse, no solo en lo bélico, sino en la solidaridad de su gente.

“La guerra también saca el mejor lado del ser humano, esa solidaridad, ese arropo y ayudarse en un momento complicado, con la maravillosa gente voluntaria que arriesga su vida por ayudar a sus compatriotas o a cualquiera que lo necesite. Eso conmueve muchísimo”, apunta.

La importancia de su familia

En este camino, su familia se mantiene como su principal ancla. A miles de kilómetros, son el soporte que sostiene cada decisión.

“Hablo constantemente, todos los días con ella porque es madre, pero es hermana, es mejor amiga y a ella le cuento absolutamente todo. Me dice que prefiere ver las cosas que me pasan, y yo le mando todo, incluso cosas que no he publicado. Mi padre sé que sufría más en ese sentido, era más emocional que mi madre”, señala.

Pese a todo, Lara asegura estar viviendo el sueño que tenía desde niña, cuando jugaba a ser reportera con cualquier objeto que encontraba en casa.

“Una cosa que me ha enseñado Ucrania es a vivir el día a día, a no hacer demasiados planes a futuro. A ver cómo evoluciona el conflicto y si sigo teniendo presencia en medios de comunicación. Me encantaría volver a España para apoyar a mi madre, pero la vida es una incertidumbre permanente”, reflexiona.

Reivindicar el periodismo sobre el terreno

El reconocimiento de la Asociación de Periodistas de Aragón le llegó en un momento especialmente delicado, tras despedirse de su padre. Cruzaba la frontera con Polonia cuando recibió la llamada de la presidenta, Isabel Poncela, comunicándole el galardón que pone en valor meses de trabajo sobre el terreno.

Para Lara, este premio es también una reivindicación: la del periodismo en primera línea, el de quienes arriesgan su vida para contar lo que ocurre.

“Ojalá se apueste un poquito más y se valore lo que es tener a un reportero aquí, que puede contribuir a tener imágenes e historias en exclusiva. No es lo mismo informar de un conflicto simplemente valiéndote de imágenes de agencia que las tiene cualquier medio de comunicación. Apuesta más por tu corresponsal que está allí, valora su trabajo, que te pueda acercar de primera mano las historias que palpa en la calle”, clama.