Ramón Torres, ingeniero, en la Agencia Espacial Europea.

Ramón Torres, ingeniero, en la Agencia Espacial Europea. E.E Países Bajos

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Ramón Torres, el único español en enviar 4 satélites al espacio: "Con Artemis II tendremos un boom de nuevos ingenieros"

Este ingeniero ha trabajado en uno de los programas que han posicionado a Europa a la cabeza en la forma de observar la Tierra.

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Zaragoza
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A punto de cumplir los 66 años, Ramón Torres está cerrando una de las carreras más destacadas de la ingeniería espacial europea. Este ingeniero zaragozano -que desarrolló sus primeros años de vida en Pedrola- ha desarrollado su carrera en la observación terrestre.

De hecho, ha conseguido todo un hito, pues es el primer ingeniero aeroespacial que ha logrado poner cuatro satélites en órbita con el proyecto Copernicus.

Pese a que nunca ha viajado al espacio, Torres ha sido un seguidor más de la misión Artemis II. "El espacio siempre engancha, tiene algo especial", asegura.

Considera que estos programas son fundamentales no solo por sus avances tecnológicos, sino por la capacidad que tienen para inspirar a nuevas generaciones.

"Después de todo el programa de Apolo hubo un boom de estudiantes en ingeniería. Creo y espero que vuelva a pasar", comenta.

Aunque Torres nunca ha viajado a la luna, ni al espacio, siempre ha sido un amante del universo. Desde pequeño, cuenta que se ha sentido atraído por esta temática.

Dice que era "el típico niño al que le gustaban los cohetes, la ciencia ficción… todo eso". Series como Star Trek alimentaron una curiosidad que más tarde se convertiría en vocación.

Torres junto a sus compañeros en la Agencia Espacial Europea.

Torres junto a sus compañeros en la Agencia Espacial Europea. E.E Países Bajos

Pese a que finalmente decidió estudiar ingeniería de telecomunicaciones en la Universidad de Zaragoza, acabó especializándose en electromagnetismo y radar, una elección que resultaría decisiva para su carrera.

Los primeros pasos los dio en Aragón, pero explica que decidió continuar su formación en Madrid y, posteriormente, ampliar sus estudios en la Universidad de Delft, en los Países Bajos. Ahí ya sí que comenzó a poner la mirada en el espacio.

Años 80

Comenzó a trabajar en el sector espacial a finales de los años 80. En 1989 entró en la Agencia Espacial Europea.

"En aquella época había oportunidades. Era una generación que empezó a salir fuera sin miedo, ya sabíamos hablar inglés", explica.

Cuenta que poco a poco fue asumiendo responsabilidades hasta convertirse en jefe de proyecto, un puesto desde el que coordinó equipos internacionales y gestionó todas las fases del desarrollo de los satélites.

"Fui el segundo español en ser director de proyecto en la agencia", señala. Con orgullo confirma que "no hay nadie que haya logrado lanzar cuatro satélites como jefe de proyecto". "Tres ya sí", añade riendo.

Tras más de cuatro décadas mirando al espacio, Torres dice que no le queda nada para decir adiós. "No estoy jubilado, pero casi", anuncia.

No es una retirada cualquiera. Él mismo expresa que "si hubiera pensado en una manera perfecta de acabar, sería esta".

Y no es para menos porque el ingeniero zaragozano está culminando los últimos detalles de un proyecto que ha marcado un antes y un después en la forma de observar la Tierra.

Una idea ambiciosa

Los cuatro satélites Sentinel (1-A, 1-B, 1-C y 1-D) monitorizan el planeta de forma "global y constante". "Queríamos hacer algo parecido a la meteorología, pero aplicado a todo: océanos, tierras, infraestructuras o recursos", detalla.

La idea era ambiciosa desde el principio. No se trataba de lanzar satélites para experimentos concretos, sino de "construir un servicio permanente, con datos disponibles de manera regular y fiable".

"Supuso un antes y un después", asegura.

El primer satélite de esta serie se lanzó en 2014. "Dos años después llegó el segundo. Juntos formaban una constelación capaz de cubrir todo el planeta en ciclos de seis días", explica Torres.

Más recientemente, se han lanzado otros dos satélites que sustituyen a los anteriores. El 1-D, de hecho, está en el espacio desde noviembre.

"Siempre hemos intentado mejorar el sistema, aunque fuera un poco. Y lo hemos conseguido", asegura.

El radar

La clave de estos satélites está en su tecnología: el radar. "A diferencia de las cámaras ópticas tradicionales, este sistema permite obtener imágenes siempre. Da igual que sea de noche o que haya nubes", detalla.

Y eso, asegura, "lo cambia todo". Explica que se han convertido en herramientas fundamentales para la gestión de emergencias como, por ejemplo, inundaciones.

"Muchas veces las nubes impiden el uso de imágenes convencionales, pero con el radar podemos seguir la evolución del agua en tiempo real", afirma.

Esto no es todo. Las posibilidades van mucho más allá. Torres señala que, hoy en día, estos datos se usan incluso para monitorizar estructuras, medir deformaciones en edificios o, incluso, para controlar el estado de las carreteras y puentes.

Y lo hace, asegura, "con una precisión milimétrica". "Estamos viendo ciudades enteras, detectando movimientos de apenas milímetros. Eso tiene un impacto enorme", explica.

Cuenta que también son clave en el tráfico marítimo, especialmente en zonas donde el hielo dificulta la navegación, como el mar Báltico. "Gracias a estos sistemas, se pueden trazar rutas más seguras y eficientes", expone.

Pero, si hay algo innovador, es que se tomó la decisión de que "todos los datos fueran libres y abiertos". Hecho que ha impulsado todo un ecosistema económico en torno a la información que generan los satélites.

Ramón Torres trabajando en la Agencia Espacial Europea.

Ramón Torres trabajando en la Agencia Espacial Europea. E.E Países Bajos

"Desde aplicaciones agrícolas que optimizan el uso de agua, hasta sistemas de vigilancia ambiental o herramientas para planificar las ciudades. Son miles las empresas europeas, y de otras partes del mundo, que han logrado desarrollar servicios basados en estos datos", explica.

Es más, "los estudios dicen que por cada euro invertido, se han generado nueve", señala.

Y con todo esto, Europa se ha convertido en líder mundial en este ámbito. "Tanto es así que otros países como Canadá o China están empezando a replicar el modelo", asegura.

El adiós "perfecto"

A pesar de los logros, el ingeniero tiene claro que con el 1-D en órbita es el momento "perfecto" de dar un paso atrás y decir adiós. "Es importante saber cuándo pasar el testigo", afirma.

Aunque todavía le queda una última tarea: "Supervisar la calibración final del último satélite lanzado y presentarlo oficialmente antes de su entrada en operaciones", declara.

Cuando finalice este último proceso, su carrera quedará oficialmente cerrada. Pero su trabajo seguirá vivo mucho tiempo después. "Es bonito pensar que lo que has hecho sigue funcionando, sigue siendo útil", reflexiona.