La Comunitat Valenciana corrobora su liderazgo en la galaxia de los restaurantes Michelin con Rubén Miralles. Y con su incorporación a la guía 2026 se convierte también en uno de los más económicos de España, como destacan sus inspectores.
El chef apuesta por una filosofía clara donde el territorio es el protagonista, cuenta en esta entrevista a EL ESPAÑOL. "Al final lo que gana es el producto de temporada y el territorio", afirma Miralles, quien destaca que estar ubicado en una localidad como Vinaròs, al norte de Castellón, le permite ofrecer precios que serían impensables en una capital.
La prueba de ello es un menú que tiene por 49 euros. "Está disponible en todos los servicios y recursos e incluye dos aperitivos, tres entrantes de temporada individuales, un principal y un postre", explica el cocinero, detallando que la oferta cambia cada dos semanas para adaptarse al mercado.
A pesar del éxito que supone entrar en el nivel de las Estrellas, Miralles es muy consciente de las dificultades de gestionar un negocio de alta gastronomía. "Michelin es difícil, es un negocio complicado, no es fácil. La gente piensa que Michelin es caro, pero es el nivel de entrada a la alta gastronomía", reflexiona sobre la complejidad de mantener la rentabilidad.
Y ahí tiene claro cuáles son los costes que definen el precio final de la experiencia. "Lo que encarece el precio en un restaurante Michelin es el personal. Al final el personal tiene un coste elevado en el total del restaurante", señala con total transparencia.
Miralles va más allá y ofrece cifras concretas sobre la realidad financiera de su establecimiento. "El personal supone un 40 % de la factura directamente, entre gastos de seguridad social, nóminas y retenciones. Es un coste muy alto de ahí", confiesa para ayudar al público a valorar si un menú es realmente caro o barato.
En cuanto a su estilo culinario, el chef huye de etiquetas rígidas y prefiere hablar de una "visión moderna y contemporánea" que se nutre de sus viajes. "Integramos en nuestra propuesta sabores árabes, peruanos o asiáticos; es una mezcla atrevida de cosas", describe con entusiasmo.
Un ejemplo de esta fusión es su capacidad para adaptar platos internacionales con materia prima de la zona. "Si podemos coger un plato como un ramen japonés, intentamos adaptarlo con productos de aquí", razona.
Y si probar un Michelin por 49 euros no fuera suficiente, las propuestas de este joven cocinero también tienen otras variantes. La más extensa es a la que da su nombre, un menú por 104 con 10 pases salados y 3 dulces. El Terreta, por 78 euros, se queda en 7 salados y 3 dulces.
El impacto de la estrella Michelin ya se deja sentir en la gestión diaria de las reservas. "Lo que noto es que el menú económico es un gran reclamo. Tenemos una lista de espera y la gente está pendiente por si hay cancelaciones para aprovechar la oportunidad", admite el chef sobre el aumento de la demanda.
Pese a la creciente presión y visibilidad, Miralles mantiene sus tradiciones locales intactas. De hecho, el restaurante tiene previsto cerrar unos días próximamente: "En febrero es carnaval, somos muy carnavaleros en el restaurante y cerramos para ponernos el disfraz y disfrutar", concluye con naturalidad.
