La provincia aparece una y otra vez en las listas de los pueblos más bellos del país. Guadalest es uno de los nombres que más se repite. National Geographic lo incluye entre los pueblos medievales más bonitos de España, junto a Cuéllar, Calatañazor y Zafra.
Guadalest está encaramado a un peñón y parece haberse quedado quieto en el tiempo. Tiene calles empedradas, casas encaladas y la silueta del castillo de San José, que se funde con la roca gris de la sierra. A sus pies se abre el embalse, de un llamativo color turquesa.
Su casco antiguo está declarado Conjunto Histórico-Artístico. Desde la plaza del Castillo, en lo más alto del bastión de origen musulmán, se domina todo el valle. Por eso lleva siglos atrayendo a quienes llegan desde la cercana Costa Blanca.
Qué ver y qué hacer
Lo cierto es que es practicamente imposible aburrirse en Guadalest. Entre otras muchas actividades, los visitantes pueden subir al castillo de San José, una fortaleza del siglo XI considerada el alma del pueblo. Desde lo alto, la vista une patrimonio y paisaje.
Otra de las actividades imprescindible es visitar sus museos. Y es que el pueblo es pequeño, pero tiene una oferta poco habitual muy variada. En sus calles encontarás desde el Museo de Microminiaturas hasta el de Saleros y Pimenteros.
También puedes probar la cocina local. Entre los platos típicos están el arroz con costra y los dulces de almendra y miel, varios manjares que se pueden degustar en varios restaurantes de la localidad y alrededores.
Algo llamativo que también tiene Guadalest son sus las tiendas de artesanía. En sus callejuelas se encuentran cerámicas pintadas a mano, miel y aceites de la zona, perfecto para pasear y comprar algún detalle.
En general, Guadalest es perfecta para desconectar. Lejos del ruido de las ciudades, es un buen sitio para parar y disfrutar del entorno, especialmente en otoño cuando la temporada alta de turismo ya ha culminado y sus calles se encuentran más vacías y agradables para pasear.
Un destino para todo el año
Guadalest es un buen paseo en pleno verano, pero también resulta acogedor el resto del año. Su atractivo está en la historia que guardan sus muros, en el paisaje que lo rodea y en el trato cercano de sus vecinos.
En invierno también se convierte en un paisaje de cuento, cuando cae nieve, la localidad se viste de un blanco que combina a la perfección con el paisaje de montaña.
