Alicante
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Hay pequeños pueblos que no suelen salir en las listas de "imprescindibles" de Alicante. Una condición que lejos de restarles encanto, hace que las personas despierten más curiosidad hacia ellos.

Mientras algunas localidades más conocidas encadenan fines de semana llenos de coches, reservas y fotos en Instagram, Benimassot, este pequeño pueblo del Comtat, con menos de 100 habitantes, sigue a su ritmo lento, casi ajeno al turismo.

Es el tipo de lugar al que no llegas por casualidad, sino que vienes porque alguien te lo ha susurrado, como un secreto que se comparte solo con quien sabe apreciarlo.

Un balcón al invierno

En cuanto alcanzas la última curva de la carretera, el paisaje se abre y entiendes por qué llaman a Benimassot el "Balcón de la Serrella".

El pueblo se asoma al valle como si estuviera colocado a propósito para tener la mejor vista con montañas desnudas en invierno, bancales de almendros que en enero y febrero empiezan a insinuar la floración, un silencio limpio que solo rompe, a ratos, una campana o un perro a lo lejos.

Aquí el invierno no es gris, sino que es una mezcla de azules fríos y ocres suaves que invita más a caminar que a encerrarse en casa.

No hay miradores con barandilla de acero ni paneles explicativos cada diez metros. Hay bordillos, muros de piedra y esquinas desde las que te descubres mirando al horizonte sin hacer nada más. Es un pueblo para llegar, respirar y bajar una marcha. O dos.

Un casco urbano mínimo

Benimassot se recorre en minutos, pero se saborea en horas. El trazado es el clásico de los pueblos del interior de Alicante con calles estrechas, casas encaladas, puertas viejas que aún conservan aldabas de hierro y macetas improvisadas en cualquier rincón.

No hay grandes monumentos ni plazas espectaculares, y eso es precisamente lo que le da su encanto. La iglesia, la plaza y el bar funcionan como eje del pueblo, una especie de sala de estar colectiva.

Aquí no vienes a tachar puntos de una lista. Vienes a dejarte llevar, a seguir una calle porque sí, detenerte en una fachada porque la luz cae bien a esa hora, escuchar conversaciones a media voz en valenciano que se escapan por una ventana entreabierta. Es un turismo de detalles pequeños, de ritmo humano.

La mejor estación para venir

El invierno en Benimassot tiene algo especial. Las temperaturas son más frescas que en la costa de Alicante, así que conviene venir con ropa de abrigo. A cambio, tendrás senderos casi vacíos, luz limpia para fotografiar el paisaje y la sensación de estar en un lugar que todavía no ha entrado en la lógica del turismo masivo.

Es una base ideal para enlazar rutas de senderismo por la Serrella y el resto de sierras cercanas, y volver al pueblo al final del día con esa mezcla de cansancio físico y calma mental que solo dan las jornadas de montaña.

El invierno, además, invita a ese placer sencillo de entrar en el bar con las manos frías, pedir algo caliente y dejar que la tarde se estire sin prisas.