Esther Díaz Sabater, de Uvas Amaia Cedida
Esther, agricultora: "Nos compran la uva a 40 céntimos el kilo, pero en el supermercado la encuentras a 4,80 €"
La gerente de 'Uvas Amaia' denuncia los bajos precios que reciben los agricultores, la falta de mano de obra y las dificultades para sacar adelante una explotación familiar.
Más información: José Antonio, agricultor, sobre los mayores de 52 años: "Hay trabajadores que perderían 400 euros si se pasan al campo"
Recibir 40 céntimos por un kilo de uva que después se vende en el supermercado por casi cinco euros. Esa fue la oferta que recibió la agricultora Esther Díaz Sabater durante la pasada campaña, marcada por las altas temperaturas y el desplome de los precios, una situación que puso contra las cuerdas a su explotación familiar.
La fundadora de Uvas Amaia, dedicada a la producción de uva embolsada del Vinalopó con Denominación de Origen y ganadora del Premio Mujer Rural 2025 de la Asociación Agraria Jóvenes Agricultores (Asaja) Alicante, asegura que la agricultura atraviesa uno de sus momentos más complicados.
A los bajos precios que perciben los productores se suman el incremento de los costes, la falta de trabajadores y una burocracia que, asegura, dificulta todavía más la continuidad del sector.
En una entrevista con EL ESPAÑOL de Alicante, Esther explica cómo logró reinventar el negocio familiar tras la crisis del ladrillo y por qué ha apostado por la venta directa para intentar garantizar la viabilidad de su explotación.
De la construcción al campo
La agricultora, de 41 años, llegó al sector casi por obligación. Tanto ella como su marido trabajaban en la construcción hasta que la crisis inmobiliaria les dejó sin empleo. Fue entonces cuando decidieron hacerse cargo de los viñedos que su padre acababa de abandonar tras su jubilación.
Esther es la 'jefa', la que trabaja la parte administrativa y también la cara visible de la empresa, mientras que su marido, José, es el que pasa el día a día en el campo.
Lejos de continuar con el modelo tradicional, ambos apostaron por crear una marca propia y buscar nuevos mercados, como Mercabarna y Mercamadrid, para diferenciarse y obtener una mayor rentabilidad.
"Me dejaron tirada"
Sin embargo, el camino no ha sido sencillo. Esther recuerda especialmente la pasada campaña, marcada por las altas temperaturas, que provocaron que gran parte de la variedad doña María se pudriera y acabara saturando el mercado.
Las pérdidas fueron tan importantes que la explotación perdió una póliza de crédito valorada en unos 70.000 euros.
El golpe definitivo llegó cuando uno de sus principales compradores le comunicó que pagaría la uva a solo 40 céntimos el kilo.
"Me llegaron a mandar una hoja de liquidación de 40 céntimos", lamenta Esther. La agricultora rechazó vender a ese precio y asegura que la respuesta fue inmediata: "Me dejaron tirada", recuerda sobre un cliente con el que llevaba trabajando 13 años.
La situación le resulta todavía más difícil de entender cuando ve el precio al que llega el producto al consumidor. "Nos compran la uva a 40 céntimos el kilo, pero en el supermercado la encuentras a 4,80 €", denuncia.
Falta de trabajadores
A los problemas económicos se suma la escasez de mano de obra. Para embolsar la uva necesitaría alrededor de veinte trabajadores, aunque actualmente solo dispone de cinco.
"La gente no quiere trabajar y menos ahora en verano con 42 grados, aunque estés en la sombra", afirma con frustración.
La falta de empleados tampoco se limita al trabajo en el campo. Esther asegura que tampoco consigue personal para limpiar los racimos en el almacén, una tarea mucho menos exigente físicamente.
"Está sentadita con el ventilador y cortando y quitando los granitos. Es un trabajo que no es nada forzado", explica.
Apostar por la venta directa
Ante esta situación, Esther decidió reinventarse. Durante el confinamiento de 2020 comenzó a repartir personalmente su producción a domicilio, una iniciativa que hoy cuenta con cerca de 200 clientes entre Alicante y San Vicente del Raspeig.
"Empecé con poquita gente porque fue una iniciativa que tomé por la pandemia y ahora me sale rentable porque aquí la que cobra soy yo y no hay ningún intermediario ni nadie me pone el precio", destaca.
Además del reparto, también vende en pequeños mercados de productores y estudia nuevas fórmulas para comercializar su uva en toda España sin depender de intermediarios.