Belén Rueda y una imagen de Alicante.

Belén Rueda y una imagen de Alicante.

Vivir

La ciudad donde creció Belén Rueda: cuna del arroz, un imponente castillo del siglo IX y 15 kilómetros de costa

La actriz se mudó junto a su familia cuando era adolescente a esta ciudad, conocida por sus playas, el Castillo de Santa Bárbara y su gastronomía típica.

Más información: Este es el colegio de Alicante donde estudió Belén Rueda: público y con fondos centenarios

Alicante
Publicada

Alicante, bañada por el Mediterráneo y conocida por su tradición arrocera, es también la ciudad donde creció Belén Rueda. Entre su emblemático castillo del siglo IX, el de Santa Bárbara, y sus 15 kilómetros de costa, la actriz pasó buena parte de su infancia y adolescencia.

Aunque nació en Madrid, Rueda vivió en Alicante desde los cinco hasta los 18 años, una etapa decisiva en la que comenzó a construir su vocación artística.

Fue allí donde se formó en danza y donde empezó a intuir que el escenario podía ser algo más que una afición, aunque todavía pareciera un horizonte lejano.

La relación con la ciudad no fue solo formativa, sino también emocional. Años después, la intérprete ha recordado cómo aquel entorno influyó en su manera de entender el esfuerzo, la disciplina y las decisiones que acabarían marcando su carrera profesional.

Hoy, Alicante se entiende también como ese punto de partida discreto de una trayectoria que terminaría consolidándose en la interpretación, pero que nació entre aulas, conservatorios y paseos por una ciudad abierta al mar.

La Terreta

Alicante, -también conocida como 'la Terreta'-, es una ciudad que vive de cara al Mediterráneo, con una identidad marcada por su clima, su gastronomía y su patrimonio.

Tal y como recoge Turismo de la Comunitat Valenciana, se trata de un destino donde "la vida cultural, las playas y los monumentos convierten cada paseo en una experiencia".

Su vínculo con el arroz es uno de sus sellos más reconocibles, al igual que una costa que se extiende durante unos 15 kilómetros y que combina playas urbanas con espacios más tranquilos.

Todo ello bajo una luz muy característica que ha convertido a la ciudad en inspiración constante para visitantes y creadores.

Santa Bárbara

En lo alto del monte Benacantil se alza el Castillo de Santa Bárbara, una fortaleza que domina toda la bahía desde sus 166 metros de altura.

Su origen se remonta a finales del siglo IX, en plena dominación musulmana, y a lo largo de los siglos ha ido transformándose con aportaciones medievales, reformas y periodos de declive estratégico.

Hoy conserva elementos como torres, cuarteles y restos de murallas, tras un proceso de restauración que lo ha convertido en Bien de Interés Cultural y en uno de los grandes símbolos de la ciudad. Desde sus alturas, el paisaje de Alicante se abre en panorámica completa, con el mar como telón de fondo.

El barrio de Santa Cruz y el castillo de Santa Bárbara de fondo.

El barrio de Santa Cruz y el castillo de Santa Bárbara de fondo. A.R.

Paradas obligatorias

La vida alicantina se extiende desde la playa del Postiguet hasta la Explanada de España, uno de los paseos más reconocibles de la ciudad, flanqueado por palmeras y vistas al puerto. Desde allí, el entorno urbano se mezcla con el mar en una transición natural y constante.

El casco histórico, con enclaves como la Concatedral de San Nicolás o la iglesia de Santa María, convive con espacios como el Mercado Central de Alicante, epicentro gastronómico de la ciudad, o con barrios como Santa Cruz, que conservan la esencia más tradicional.

Alicante completa su identidad con una oferta cultural consolidada, donde destacan el MARQ, Museo Arqueológico Provincial, y el MACA, dedicado al arte contemporáneo. Ambos refuerzan el papel de la ciudad como espacio de memoria y creación.

A todo ello se suma la posibilidad de viajar hasta la isla de Tabarca, un enclave marino cargado de historia que completa la imagen de una ciudad abierta, diversa y profundamente ligada al Mediterráneo.