Pedro Fernando Moya, psicólogo.

Pedro Fernando Moya, psicólogo. A.R.

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Pedro, psicólogo: "Creemos que somos libres, pero vivimos con aprendizajes emocionales tempranos que no hemos elegido"

El profesional presenta en Alicante 'Aprender a ser libres', un proyecto intensivo diseñado para desactivar los "mandatos" inconscientes que condicionan la vida adulta.

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Alicante
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A veces, la tristeza no llega con una causa clara. No hay un duelo reciente, ni una ruptura, ni una pérdida concreta que explique por qué alguien se siente vacío, apagado o ansioso. Y, sin embargo, el malestar está ahí: en forma de desmotivación, inseguridad o relaciones que se repiten como un bucle.

La psicología clínica lleva años poniendo el foco en una idea incómoda, pero muy real: muchas heridas no nacen en la vida adulta, sino mucho antes. En la infancia. En el tipo de apego que desarrollamos, en la forma en la que aprendemos a vincularnos y en lo que entendimos que teníamos que hacer para ser queridos o aceptados.

Porque, aunque creamos que elegimos libremente cómo vivimos, lo cierto es que a menudo actuamos desde aprendizajes emocionales tempranos que se quedan grabados como mandatos invisibles.

Tal y como resume a EL ESPAÑOL Pedro Fernando Moya Morales, psicólogo especialista en adicciones, trauma y apego, "creemos que de alguna manera somos libres, en realidad seguimos viviendo desde aprendizajes emocionales muy tempranos que no hemos elegido".

Moya trabaja desde una premisa clara: gran parte de nuestro comportamiento responde a guiones escritos mucho antes de que tuviéramos uso de razón. Esta es la base desde la que impulsa su proyecto propio titulado 'Aprender a ser libres', que se presenta por primera vez en Alicante.

El psicólogo explica que estos condicionamientos se forman en la infancia para garantizar el vínculo y la seguridad con los cuidadores. En consulta los denomina "mandatos", aunque la psicología clínica los clasifica como esquemas tempranos o creencias nucleares.

El problema llega cuando aquello que un día fue adaptativo para un niño, hoy genera sufrimiento en el adulto.

Entre las creencias limitantes más frecuentes, el especialista se encuentra con ideas como "no soy suficiente", "tengo que esforzarme mucho para valer" o la convicción de que "valgo por lo que hago, pero no por quién soy".

Uno de los puntos clave que aborda Moya es la dificultad de cambiar estos patrones únicamente desde el intelecto. Muchas personas identifican sus bloqueos, saben racionalmente que sus creencias no son reales, pero no consiguen liberarse de ellas.

Según aclara, esto sucede porque esos mandatos no son solo ideas, sino aprendizajes corporales y emocionales. Se activan de forma automática, especialmente ante el estrés.

Para explicarlo, utiliza una metáfora sencilla: "Es como saber que una carretera es peligrosa, pero seguimos yendo por esa misma porque es la única que conocemos". Por eso insiste en que la comprensión intelectual no basta para transformar el patrón.

"El cambio real siempre va a ocurrir cuando el cuerpo aprende algo nuevo, no solamente la cabeza", sentencia.

Un retiro intensivo

Para facilitar esa "experiencia emocional correctiva", Moya organiza la primera edición en Alicante del curso 'Aprender a ser libres'. Se celebra del 2 al 10 de abril en el entorno natural de Mas Fontanelles, un hotel rural situado en Biar (Alicante).

Se trata de un retiro de ocho días en régimen de internado. Está basado en un modelo con más de 30 años de trayectoria, creado por el psiquiatra Ramón Carballo, mentor de Moya, y por el que han pasado más de 1.300 personas.

El formato intensivo, explica el psicólogo, permite llegar a capas de profundidad difíciles de alcanzar en la terapia convencional de una hora, donde el paciente debe recomponerse para volver a su rutina inmediatamente.

Moya describe el proceso como una 'U': "Se entra, se aparta de todo el exterior, se va entrando en capas cada vez más profundas, pero cuando sales, sales mega preparado para el exterior".

Aunque se desarrolla en un entorno natural y se plantea como una experiencia inmersiva, el psicólogo marca una línea clara para evitar confusiones. En su caso, el curso no se apoya en discursos esotéricos ni en promesas vacías.

"Esto no es un curso ni de energías, ni místico, ni milagros. Todo se basa en terapias que tienen evidencia científica", afirma.

El programa combina aislamiento del "ruido cotidiano" con un trabajo terapéutico riguroso que abarca desde la mañana hasta la noche.

El equipo está compuesto por tres profesionales y utiliza técnicas basadas en teoría del apego, terapia cognitivo-conductual y terapias de tercera generación, como la Aceptación y Compromiso y el Mindfulness.

Para quién es

El curso no está dirigido únicamente a personas en situaciones extremas. De hecho, Moya explica que muchas veces las preguntas que empujan a alguien a dar este paso no nacen del sufrimiento intenso, sino de una sensación persistente de que algo no termina de encajar.

¿Por qué no termino de disfrutar del todo? ¿Por qué repito ciertas formas de relacionarme que no me hacen bien? ¿Por qué me exijo tanto o me cuesta escucharme? ¿Por qué siento que podría vivir con más ligereza, coherencia o autenticidad?

Sin embargo, el psicólogo advierte que se realiza un cribado previo. No es apto para personas con patologías graves, adicciones activas o que estén atravesando crisis agudas como un duelo reciente.

El formato también es reducido: solo participan seis personas, lo que permite un acompañamiento individualizado y un trabajo íntimo y profundamente terapéutico.

Una de las resistencias más comunes ante un proceso de cambio profundo es el miedo a transformarse demasiado. A dejar de ser uno mismo. Moya lo aborda de forma directa.

"No vas a perder la identidad, vas a ganar libertad", asegura.

El objetivo final, explica, es integrar lo vivido para salir con un amor incondicional hacia uno mismo. Y, con frecuencia, con una mirada más compasiva hacia los padres y el propio pasado.

En el fondo, se trata de recuperar lo esencial: recordar quién eres cuando no estás condicionado, soltar lo que ya no sirve y empezar a vivir desde un lugar más auténtico.

El primer paso

Moya insiste en que estos patrones no se repiten porque una persona quiera sufrir. Se repiten porque fueron aprendidos como "o normal" y porque el sistema nervioso tiende a volver a lo conocido, aunque duela.

Por eso, el curso plantea un espacio para comprender el origen, remodelar emociones como miedo, angustia, rabia, tristeza, culpa o autoexigencia, y empezar a relacionarse desde otro lugar.

Como él mismo concluye, al final "nosotros mismos somos nuestros arquitectos de nuestra vida", y el primer paso es dejar de actuar en piloto automático.