Alicante

Este sábado está previsto que acabe la actuación por la que la barriada del Cementerio de Nuestra Señora del Remedio de Alicante dirá adiós a su casi eterno vertedero ilegal para dar paso a una zona comunitaria donde los vecinos podrán sentarse, hacer un pícnic, jugar con sus hijos o al fútbol o plantar semillas en su huerto urbano. Y todo hecho con materiales propios del lugar como la tierra

Así es la iniciativa demandada por el vecino José Antonio y que ha contado como aliados con el Programa Asertos y el Departamento de Salud Pública de la Universidad de Alicante (UA), entre otros. En total, 9 vecinos y una vecina que previamente habían solicitado formarse, están acometiendo la primera fase de la obra de la que están acabando una zona estancial con bancos en forma de L con una solera de cal en el centro y un hueco para un árbol; también una pérgola hecha de adobe y en septiembre, en la siguiente fase, habilitarán un nuevo huerto urbano y pondrán una pista de futbol y dos porterías. 

Como se aprecia en las imágenes, este barrio de 600 habitantes y 170 viviendas estaba ya harto de tener enfrente una zona de 5.000 metros cuadrados que, lejos de estar cubierta por la naturaleza, había sido pasto de la basura en forma de residuos de todo tipo, como mobiliario y materiales de construcción. 

Así estaba el vertedero ilegal del barrio del cementerio de Alicante.

"La gente ha venido usando las parcelas vacías de este barrio para tirar los vertidos", explica Daniel Millor, coordinador del programa Asertos -que reúne a la ONG Arquitectura Sin Fronteras, la Asociación Quatorze, especializado en la absorción del chabolismo en Francia y Grama, encargada del mantenimiento de espacios comunes y huertos urbanos- desde su puesta en marcha en 2017.

"Así que, pese a que el Ayuntamiento y los vecinos han ido limpiándolo, de forma cíclica se iba llenando de basura y los vecinos tenían interés en darle un uso", añade Daniel. Otro actor importante de este lavado de cara de una barriada caracterizada por la alta tasa de desempleo y pobreza, es la Fundación Rehabitar Tierra de Campos de Valladolid, así como la financiación del Plan IRTA de la vicepresidencia Segunda y Conselleria de Vivienda y Arquitectura Bioclimática, que además financia la iniciativa a través de un convenio específico gestionado por la Dirección General de Calidad, Rehabilitación y Eficiencia Energética durante 2022.

Actuación esta semana en el mismo emplazamiento.

Los miembros de Rehabitar se han especializado en recuperar técnicas de arquitectura y construcción tradicional en proyectos como la rehabilitación de palomares o viviendas tradicionales de tierra. Durante la semana de obra formativa que comenzó el pasado lunes, han dirigido un taller de bioconstrucción con tierra y cal, utilizando materiales locales para la fabricación de adobes, muros de tapia vertida y una solera de cal. 

Desde 2017

El barrio, que creció bajo la influencia del cementerio, inaugurado aceleradamente para dar sepultura a los miles de fallecidos por la epidemia de gripo de 1918, ha sufrido altibajos desde que en los 60 acogiera a una parte importante de su vecindario. Desde entonces, la degradación ha sido una constante y en este contexto, en 2017, entró el equipo de Millor. 

En un principio, con una etapa de diagnóstico. Luego en 2019 llegó la primera obra participativa con una zona estancial, huertos urbanos y bancos, pero sobre todo dedicaron los esfuerzos a la formación del vecindario -ciclos formativos en obras o albañilería- que luego ayudó a rehabilitar cinco viviendas; otras seis han sido financiadas por la conselleria para este año. 

Otro instante captado esta semana en el barrio.

Así se llegó a la pandemia, cuando esta barriada se vio especialmente golpeada cuando tuvo que parar durante el confinamiento toda su actividad, relacionada en una parte con la economía sumergida. Gracias de nuevo a vecinas como Paqui Alcázar, que tejió una red de apoyo para que empresarios y personas anónimas contribuyeran en una campaña de micromecenazgo para poder comprar alimentos, los vecinos pudieron salir adelante.

Ahora, gracias a la iniciativa de otro vecino como José Antonio y a otra campaña de financiación colectiva, con la que han reunido 4.600 euros, el barrio del Cementerio ha perdido un vertido ilegal y ha ganado una zona comunitaria de la que sentirse orgullosos. 

Noticias relacionadas