Alicante

En Elche existen pocos barrios que arrastren peor imagen que Los Palmerales. El vecindario lo sabe, "muy a nuestro pesar", reconoce María Ortega, presidenta de la asociación vecinal. Construido en los años 70 como viviendas de promoción pública, María y su marido se mudaron aquí en el año en el que fue habitable, 1981, con sus cuatro hijos; luego nacerían dos más. "Era un barrio muy agradable, luego ya la cosa se torció", rememora esta pensionista. 

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Se torció porque pasó de ser puerta de entrada del tráfico de drogas -sobre todo menudeo- a punto de conflictividad constante, donde los robos, peleas, incendios provocados y la ocupación ilegal se han venido sucediendo sin solución de continuidad

Una de las soluciones que han conveniado la conselleria de Vivienda, la Entitat Valenciana d'Habitatge i Sòl (EVha) y el Ayuntamiento de Elche ha sido la de derruir los bloques de viviendas más polémicos. La Junta de Gobierno Local aprobó el pasado viernes la licencia de demolición de los edificios 21 y 23 (previsto para final de año) "con el propósito de favorecer la normalización del barrio", explicó el portavoz de la Junta de Gobierno, Héctor Díez.

"Esos bloques los declarados como ruina por el estado en el que estaban", explica Mariano Valera, concejal de Derechos Sociales. O lo que es lo mismo, "costaba más tirarlos que reformarlos". Tapiados para evitar la insalubridad y a los okupas, previamente el consistorio realojó a las seis familias que allí permanecían. 

"Claro que me acuerdo de la droga que pasaban allí dentro", explica un vecino, Juan Gómez Fernández, "lo que pasa es que al estar cerrados esos bloques, la gente, incluso chavales pequeños, están vendiendo por la calle", se lamenta. "Pero sí, la gente estaba deseando que esos bloques se tiren ya", insiste.

Los Palmerales en los años 80. Cátedra Pedro Ibarra de la UMH

Rodeados de jueces y policías 

Juan vive a espaldas de la Ciudad de la Justicia, inaugurada en 2010 en el solar que pasó a conocerse comúnmente como 'el corral de la Pacheca`'. Allí permanecieron levantados hasta finales del siglo XX tres bloques de viviendas que, por los mismos motivos, droga y problemas de convivencia, acabaron siendo demolidos

Además de la Ciudad de la Justicia, en el otro extremo de este enclave que llegó a albergar 1.500 viviendas, la Guardia Civil instaló su cuartel en 2008. Por si fuera poco, varios años antes la Policía Nacional inauguró en las afueras del barrio su comisaría. "Estamos rodeados de policía, pero no notamos su presencia", comenta María, pensionista de 73 años. "No los notamos porque cuando los necesitamos no vienen, pero cuando hay una pelea se presentan 50", critica. 

"Barrio abandonado"

Además de ser conocido con el término peyorativo de 'barrio chungo', su vecindario insiste en que son más bien "barrio abandonado". Situado en la entrada de la carretera de Santa Pola y pegado al también barrio obrero de San Antón, los políticos "de todos los colores" se han acordado del barrio "solo en campaña electoral", asegura la presidenta de la asociación de vecinos.

"No hay más que ver el tema de las papeleras, ¿cómo es posible que en todo el barrio solo haya seis?", se pregunta María Ortega. "Les he escrito al Ayuntamiento varias veces para que pongan más porque sí, es verdad que aquí hay mucha gente que no tiene costumbre de usarla, pero yo pienso que si no las hay, seguro que no las van a usar y acaba todo en el suelo", prosigue. 

Con casi cuatro mil personas censadas, Los Palmerales representa la paradoja de ser uno de los barrios con más jóvenes y, a la vez, con un futuro menos halagüeño. Aquí la media de edad se sitúa en 35 años, cuando en el resto de la ciudad abundan las personas de 45 a 49 años, según el padrón de 2019.

María explica que, de 6 hijos que tiene, solo 2 siguen viviendo en Los Palmerales. "Los he criado aquí y gracias a dios no han tenido relación con la delincuencia", señala. "Aquí hay poco trabajo y mucha gente sentada en la orilla de la calle viendo pasar el día", explica esta ama de casa. "Pero no te equivoces, aquí tenemos a abogadas, maestros... como en cualquier barrio normal, solo que aquí buscamos quitarnos el estigma", concluye.