Vista aérea del casco urbano de Torrevieja.

Vista aérea del casco urbano de Torrevieja. iStock

Vega Baja

Por qué la vivienda vacacional ahoga a Las Marinas alicantinas pero encaja sin problemas en la costa de la Vega Baja

El mapa provincial distingue entre la presión sobre cascos históricos encajonados a la expansión de urbanizaciones concebidas para la segunda residencia.

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La aprobación definitiva de la Ordenanza Reguladora de las Viviendas de Uso Turístico en Dénia (en el BOP el pasado 24 de agosto) ha marcado un punto de inflexión en la gestión del modelo turístico en la provincia de Alicante, situándose a la vanguardia de la intervención pública frente al fenómeno del alquiler vacacional. El documento oficial, que desestima las alegaciones del sector y blinda las zonas más tensionadas del municipio, impone un régimen draconiano en el núcleo urbano y barrios históricos como Baix la Mar o Les Roques, donde se fija un tope de implantación de apenas el uno por ciento sobre el parque residencial.

Este drástico modelo normativo, que desplaza la posibilidad de cualquier desarrollo moderado hacia la periferia y el área norte del término municipal, responde a la urgencia de contener la expulsión del residente habitual y frenar el encarecimiento desorbitado de los alquileres. Dénia ha decidido no esperar más y ha utilizado la capacidad de zonificación urbanística que le otorga la legislación autonómica para aplicar uno de los frenos más severos de toda la Comunitat Valenciana, proyectando un mensaje claro sobre los límites de la turistificación en la costa alicantina.

Este paso al frente en la Marina Alta no es un hecho aislado, sino la punta de lanza de una corriente restrictiva que se expande por las comarcas septentrionales y l'Alacantí. En la ciudad de Alicante, el Ayuntamiento decretó la suspensión cautelar de la emisión de informes de compatibilidad urbanística para frenar la proliferación de pisos turísticos en los barrios del Centro Histórico y Tradicional, donde la convivencia comunitaria amenazaba con quebrarse. Incluidos los bloques completos.

En el resto de Les Marines, municipios como Altea han consolidado regulaciones fundamentadas en mapas de vulnerabilidad residencial que fijan topes de doce viviendas turísticas por cada cien inmuebles, mientras que en Jávea se mantienen activas las moratorias a la espera de concluir minuciosos estudios de capacidad de carga.

El diagnóstico en esta franja costera es idéntico: cascos urbanos de origen medieval o marinero, encajonados geográfica y urbanísticamente entre el mar y la montaña, sufren una presión asfixiante sobre un suelo residencial escaso. La conversión acelerada de viviendas habituales en alojamientos de rotación corta ha provocado un estrangulamiento de la oferta de alquiler de larga estancia, imposibilitando la fijación de población joven y de trabajadores esenciales de los servicios públicos o la hostelería.

Frente a la alarma social y el cerrojo normativo que define a Les Marines, la Vega Baja del Segura ofrece una realidad diametralmente opuesta donde la vivienda vacacional se percibe con una naturalidad exenta de conflicto. En un reciente foro sobre vivienda residencial organizado por EL ESPAÑOL, el propio alcalde de Torrevieja, Eduardo Dolón, escenificó esta singularidad al defender que el turismo residencial constituye un pilar estructural del modelo económico local y que las viviendas de uso turístico no suponen un problema de convivencia ni de desabastecimiento habitacional en su municipio.

La clave de este contrapunto no reside en una simple divergencia política, sino en la conformación histórica del tejido urbano del sur alicantino. A diferencia del modelo de Benidorm, caracterizado por la concentración en altura y una potente planta hotelera regular, la Vega Baja optó desde el boom desarrollista por un crecimiento horizontal masivo basado en urbanizaciones, chalés adosados, bungalows y complejas residencias con zonas comunes.

Este planeamiento, desplegado a lo largo de décadas en municipios como Torrevieja, Orihuela Costa, Guardamar del Segura o Pilar de la Horadada, fue concebido desde su propio diseño sobre plano para acoger el descanso estival y la residencia de temporada de miles de familias nacionales y jubilados europeos.

Ante la histórica ausencia de un parque hotelero de gran escala capaz de absorber por sí solo el volumen de visitantes, la vivienda turística actúa en la Vega Baja como la evolución digital y ordenada del alquiler estival tradicional. El parque inmobiliario de la comarca no se ha visto despojado de su función social primaria porque el suelo urbanizable ha sido abundante y el producto inmobiliario se proyectó expresamente para el alojamiento vacacional.

Mientras que en el norte de la provincia la llegada del piso turístico ha supuesto la colonización y sustitución de fincas plurifamiliares en barrios consolidados, en el sur representa la activación económica de un parque de segunda residencia preexistente que revitaliza el comercio, la restauración y los servicios locales sin expulsar al vecino del centro.

La geografía del turismo en Alicante demuestra así que un mismo fenómeno normativo y económico puede significar la asfixia para una trama urbana frágil o el encaje natural en un modelo diseñado por y para el turismo residencial.