Alicante

Yolanda García es presidenta y portavoz de las kellys (diminutivo de "las que limpian") de Benidorm. Tiene ese cargo porque "alguien tiene que figurar en los papeles y firmar", porque su asociación es totalmente asamblearia. Se constituyó en el año 2016 con el objetivo de llenar un hueco que no ocupaban los sindicatos tradicionales, y que pasaba básicamente por facilitar a trabajadoras con problemas un lugar en el que compartir lo que pasaban en el día a día. 

En Benidorm, una ciudad con más de 120 hoteles, hay más de 3.000 camareras de piso, por lo que las kellys, juntas, son una fuerza a tener en cuenta. Su principal caballo de batalla son sus condiciones laborales: se estima que durante la jornada de cada una de ellas tienen que hacer entre 23 y 25 habitaciones. Las dos primeras horas son para zonas comunes, por lo que cuentan con seis horas para ocuparse del resto del trabajo; salen aproximadamente a 15 minutos por habitación. 

Esta carga de trabajo provoca que la mayoría de ellas trabaje con dolencias y acabe desarrollando enfermedades propias de la profesión, como el túnel carpiano o el codo de tenista. Sin embargo, la mayor parte de las aseguradoras no se las reconocen como tal, por lo que se ven obligadas a acabar en procesos judiciales interminables para reclamar sus derechos. 

[La dura vuelta de las Kellys tras la reforma laboral: contratos de 20 horas y 2€ por habitación extra]

En una entrevista con EL ESPAÑOL, Yolanda García habla de lo que ha supuesto retomar la actividad turística, los nuevos problemas a los que se enfrentan y el papel de la asociación a la hora de asesorar a sus miembros. 

¿Cómo está siendo la vuelta tras la reactivación turística?

Este verano ha sido de los peores que se recuerdan porque ha habido mucha carga de trabajo. Los hoteles no encontraban camareras de piso. Nos llamaban muchas compañeras diciendo que les estaban recortando días libres en el mes de agosto, a veces porque cuando alguna trabajadora se ponía de baja había que asumir su parte sin refuerzos. Además, como no encontraban personal se ha metido a gente con poca experiencia, y eso en temporada baja pude valer, pero en la alta... Hay muchas camas, mucho estrés. Al final lo sacas adelante, pero a costa de nuestra salud. 

¿Por qué no encuentran personal?

La gente ya no quiere trabajar aquí. Para algo parecido con los camareros de restaurante: son horas interminables y no se pagan casi las horas extra. Es un trabajo agotador y hay mucha gente joven que entra un lunes y el viernes ya se quiere ir. Es tal el nivel de estrés y la carga de trabajo que solo lo aguantamos las que llevamos años trabajando.

¿Y las condiciones?

Son las mismas o peores por falta de personal. Después de la pandemia no nos han rebajado el número de habitaciones que tenemos que hacer, seguimos igual. La carga de trabajo en nuestro cuerpo es inaguantable y al final las condiciones son lo que echa para atrás a la hora de trabajar como camarera de piso. Y gente que buscó trabajo de limpiadoras en otros sitios cuando cerraron los hoteles dice que no vuelven al hotel, porque no hay ni punto de comparación. No llevas el estrés por terminar la habitación, porque no tienes clientes que entran a una hora determinada.

¿Por ejemplo?

Mi pareja estuvo ingresada una semana en el hospital y me quedé yo con él de acompañante. Yo hablaba con las limpiadoras que tenían allí y tenían un número razonable de habitaciones que hacer y las camas las hacían las auxiliares, por ejemplo. Además, allí no te vas a encontrar muchas sorpresas cuando entras en una habitación. En un hotel cada vez que abres una puerta es un mundo. Hemos visto de todo. Y claro, al final tienes 15 minutos para hacer la habitación independientemente de su estado, y es muy complicado. Lo que ha pasado es que muchas de esas camareras de piso siguen limpiando, pero han cambiado de sector y no quieren volver.

¿Cómo valora el actual convenio de hostelería?



El año pasado se prorrogó el que había tocando algunas pequeñas cosas. Se incluyó una subida salarial del 4 % hasta el final de año y, una cosa que nos gustó porque lo pelearon los sindicatos, es que, cuando te coges una baja por enfermedad, no sea considerada enfermedad común, sino de trabajo.

Aún así siguen teniendo problemas con que las aseguradoras se lo reconozcan.

Las aseguradoras y la propia Seguridad Social. A ver, una cosa es un accidente de trabajo y otras son dolencias. Si te caes cuando estás trabajando y te has roto algo es accidente laboral, eso no lo pone en duda nadie. Pero cuando tú vas y te has quedado enganchada, cuando la lumbalgia no te deja ni respirar, cuando no puedes cerrar las manos por el túnel carpiano, cuando tienes un intenso dolor muscular en los brazos... Son dolores que se van cronificando y que al final muchas superan con antiinflamatorios. Pero vienen por la profesión, evidentemente. Algunas, como el túnel carpiano, lo tenemos el 80 % de las que nos dedicamos a esto, porque son producto de realizar durante muchos años los mismos movimientos forzando la musculación con un alto nivel de estrés y ansiedad. 

¿Y qué les dicen?

Primero vas a las mutuas y te lo diagnostican como enfermedad común. Entonces tienes que ir a la Seguridad Social y abrir un proceso de determinación por contingencias profesionales y reclamar que la baja es por enfermedad de trabajo. Ahí aportamos toda la documentación y los informes médicos, en los que se dice claramente que lo que nos pasa es por el trabajo que hacemos día a día. Pasados unos meses la Seguridad Social tiene que tomar una decisión, y normalmente se nos dice que no se puede demostrar que la baja no sea por una enfermedad común. 

¿Pero el Gobierno no había reconocido en 2018 estas dolencias como profesionales?

Es verdad que hace años la bursitis, la epicondilitis (o codo de tenista) y el túnel carpiano se declararon enfermedades profesionales, pero no se asignaron de manera específica a las camareras de piso. Ahora mismo solo está la última y porque una compañera llegó hasta el Supremo y lo ganó. Pero mientras tantos se siguen sucediendo casos, algunos dramáticos. 

Las 'kellys' de Benidorm, durante una protesta, en imagen de archivo.

¿Puede contar alguno?

Nosotros tenemos una compañera que lleva 27 años trabajando como kelly. Acaba de pasar al tribunal médico (lo tienes que pasar después de 18 meses sin trabajar) y la han propuesto para incapacidad permanente porque es que no se puede ni mover. Es decir, que supuestamente hay una persona que, a base de lesiones comunes para las camareras de piso, se ha quedado totalmente incapacitada. Pues resulta que toda su baja ha estado como enfermedad común. 

¿Quién tiene que arreglar esto?

El Ministerio que lleva la Seguridad Social. Escribimos una carta al ministro Escrivà con ejemplos de camareras que estaban en procesos judiciales para demostrar que esas lesiones eran derivadas de una carga de trabajo. La contestación fue decirnos que como existía la enfermedad por descarte a nosotros nos lo tenían que considerar también, y no es así. O no sabe cómo funciona la cosa o nos contestó por decirnos algo. Claro que nos atiendan en la seguridad social, pero lo hacen como enfermedad común.

¿Cuál es la principal diferencia entre los dos tipos de bajas?

No es solo que haya una diferencia, que la hay, a nivel de cotización. Es que estamos hablando de una cuestión a nivel moral. Nos molesta mucho, mucho, tener una enfermedad fruto del esfuerzo de nuestro trabajo y que nos digan que nos lo hemos hecho por la calle o en mi casa. Porque no es así. Ningún trabajador quiere que su trabajo acabe siendo lesivo. O que me tengan que operar de los hombros o de las manos para poder moverme. Todas queremos acabar enteras. Queremos trabajar, pero ese trabajo no tiene por qué ser lesivo. O que nos den una condición de trabajo penoso, como por ejemplo tienen los mineros, y que nos jubilen antes.

Otro de los problemas recurrentes en sus reivindicaciones es la externalización de personal. ¿Ha mejorado el tema?

El problema es que la reforma laboral no puso freno a esto. Las empresas multiservicios abusan de estas prácticas. Es cierto que Benidorm es una ciudad con muy pocos hoteles externalizados, al menos en comparación con el resto de la Península. Pero también es verdad que hay sitios, como Baleares, donde los convenios van varios años por delante. No hay ningún hotel que externalice allí a su personal y están incluyendo mejoras para facilitar la vida a las kellys, como el incluir las camas elevables como herramientas de trabajo. 

Ustedes pidieron prohibir esa externalización en la reforma laboral. 

No en todos los casos. Es verdad que nosotros teníamos la esperanza de que en la reforma laboral se pusiera fin de manera legal a los abusos en este tipo de prácticas. Lo que queríamos es que solo se pudiera externalizar actividades ajenas a la propia empresa. Pero el trabajo estructural no, porque tiene que estar ocupado los 365 días al año.

¿Qué desventaja tiene el personal externalizado?

Aunque en teoría este personal tiene que cobrar lo mismo que si estuviese contratado como camareras de piso, realmente las cogen como limpiadoras o peones de limpieza, que son figuras que no están reconocidas por la hostelería. Por lo tanto, tienen menos días libres, menos festivos y menos derechos en general. En cierto modo es dejar al trabajador mucho más desamparado que si está contratado directamente por el hotel. Hay muchas gentes que por necesidad trabajan en este oficio, y la mayoría son extranjeras, no entienden de leyes.

¿En general dirían que están mejor con la reforma laboral?



Al principio hubo una gran decepción, pero es verdad que se han hecho más contratos fijos discontinuos, aunque se han alargado los periodos de prueba. Te pueden despedir igual y les sale barato, pero siendo fijo discontinuo al menos tienes la seguridad de que tienes un trabajo. Ahora muchos hoteles cuando tienen un pequeño bajón sacan a las trabajadoras y las vuelven a llamar para el fin de semana.

Han tenido una relación a veces complicada con los sindicatos tradicionales. 



Hemos pasado procesos. Al principio nos miraban con recelo. Pero muchas compañeras se sentían más cómodas con nosotras porque era todo más familiar, más normal. Venían a hablar con otra camarera, no con un señor que está sentado en una mesa y no sabe muy bien qué problema le estás contando. Esta asociación formada por gente como tú, que crea un ambiente en el que te mueves normalmente. Y no es que no hayamos trabajado con los sindicatos. Yo he hablado con delegados de hotel que son muy cañeros, e incluso alguna vez han hablado con nosotras para que mediásemos con las kellys. Así que hemos pasado de la incredulidad a que se nos empiece a tomar en serio. Ahora no es que nos veamos todos los días pero tenemos un diálogo más de respeto mutuo, de que al final hay que colaborar todos juntos.

¿Se han sentido traicionadas en alguna negociación? 

Hay mucho desconocimiento en nuestra profesión sobre cómo funcionan las cosas. Por ejemplo, hay hoteles en los que nunca se ha votado a los representantes de los trabajadores, cuando se tiene que hacer cada cuatro años. Hay algún fallo en los sindicatos para que un trabajador no sepa que existe un delegado de salud laboral. Eso ha creado cierta reticencia de los trabajadores con los sindicatos, y creemos que por eso la asociación tuvo ese efecto tan impactante cuando empezó, porque la gente hablaba con nosotras porque se sentía más identificada.

Una muestra en Alicante reivindica el trabajo de las kellys. ¿se siguen sintiendo invisibles o han mejorado, al menos socialmente?



En el ámbito social es verdad que estamos mucho más visibles. No nos gusta decir que somos una marca, pero sí parece que hemos calado a muchos niveles. Ahora cuando las mujeres trabajadoras se organizan entre ellas ya las llaman las kellys: las kellys del calzado, las kellys del campo... etc. Es verdad que pusimos de cara al público la problemática. No lo hicimos de manera agresiva y hay que decir que la gran mayoría empatizó con nuestros problemas y nuestras exigencias. ¿Qué partido o qué colectivo puede estar en contra de lo que nosotros exigimos? Es que en algunas protestas el propio turista ha salido al balcón a apoyarnos. Pero la triste realidad es que a veces la empatía a veces no basta para conseguirnos las mejoras que necesitamos.