Alicante

La máxima de los "fontaneros" políticos es que cuando se gobierna desaparece el partido y cuando se está en la oposición el partido es el trampolín para volver al Gobierno. Lo que pasa es que esta estrategia es complicada de seguir cuando se Gobierna una institución y se intenta "asaltar" otra.

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Carlos Mazón resultó elegido casi por unanimidad de la militancia la pasada semana como presidente regional del PP en la Comunidad Valenciana. Un cargo que implica la legítima aspiración de liderar la próxima lista a las Cortes Valencianas. Y con ello, ser el candidato del PP a la Presidencia de la Generalitat.

Pero el alicantino es al tiempo presidente de la Diputación de Alicante, un cargo que no puede desatender en su camino hacia el Palau. La institución provincial requiere de "dedicación exclusiva" en un momento en el que los partidos a punto están de comenzar a elaborar listas, buscar alcaldables, planificar los programas electorales... 

Mazón puede elegir entre delegar funciones en la Diputación o delegarlas en el partido. Y va a optar por lo segundo. Y es que si carece de los minutos de gloria que le podría aportar el hecho de ser diputado autonómico (algo en lo que sólo se fijan políticos y periodistas) y hacer oposición a Puig, tiene en su cargo institucional un altavoz mucho más potente.

El "infierno fiscal", como él lo define, implantado por Ximo Puig en la Comunidad Valenciana; los obstáculos a la libertad de elección de los padres en Educación; la tibieza del presidente valenciano con la estrategia de Pedro Sánchez y Teresa Ribera de finiquitar el trasvase del Tajo-Segura; la mala gestión de la economía durante la crisis sanitaria, en especial de la hostelería y el turismo, etc., son filones suficientes para hacer oposición. 

El objetivo del próximo congreso es conformar una ejecutiva vertebrada en lo territorial y plural en lo sectorial capaz de pilotar los menos de dos años de legislatura que quedan con eficacia. Celebrar las asambleas locales primando la participación y aglutinando a todo el que quiera trabajar en los equipos políticos. Ganar municipio a municipio es la clave del PP para ganar la Generalitat 

La hoja de ruta

La hoja de ruta está trazada desde su regreso a la política tras diez años en la iniciativa privada. Paso a paso. Lo primero fue obtener un puesto de salida en la lista municipal del alcalde Luis Barcala, que desde el primer momento se dio cuenta de las posibilidades de su compañero de agrupación.

Con el acta de concejal nadie puso en duda que estaba llamado a liderar el relevo de César Sánchez en la Diputación. Y unos buenos resultados del PP en los siete partidos judiciales hicieron el resto: con 18.000 votos menos que el PSOE, los populares consiguieron 24 concejales más, e igualados en actas provinciales, Cs podría aportarles la mayoría.

Mazón se implicó directamente en las negociaciones con los dos hombres fuertes de Cs en aquel momento: Toni Cantó y Emilio Argüeso, que se habían repartido los dos diputados naranjas que les correspondían: Julia Parra y Javier Gutiérrez. Hoy ya nadie duda de que ambos se sienten muy cómodos en ese pacto.

El tercer paso fue unificar al partido provincial de Alicante bajo su mandato, algo que consiguió en julio del año pasado en el Congreso al que concurrió como candidato único. Los cimientos de aquel triunfo se forjaron mediante integración de las dos sensibilidades antiguamente enfrentadas. Una integración que se ha vuelto a comprobar con el refrendo de Eva Ortiz como síndica en las Cortes. Algo impensable en 2019.

El cuarto paso, tal y como lo tiene previsto su núcleo duro, es repetir la misma fórmula en el conjunto del PP en la Comunidad Valenciana. Dar a todo el que quiera un papel en el presente y en el futuro. Es decir, sumar. Y es que la suma del centroderecha es la única clave posible para volver al Consell

En las pasadas elecciones autonómicas el bloque de la derecha (con representación) perdió por apenas 40.000 votos respecto al de la izquierda. Eso en un censo de casi 2,7 millones de votantes que ejercieron su derecho de sufragio (con una participación del 75%), muestra cómo las diferencias son mínimas. Y el escenario ha cambiado mucho desde entonces.