Una usuaria observando la cuenta de Instagram en su móvil.

Una usuaria observando la cuenta de Instagram en su móvil. M. H.

Alicante ciudad

El peligro invisible tras un perfil de 15 años: cae en Alicante un captador de menores que usaba Instagram

El detenido, un hombre de 40 años con apariencia de "vecino normal", engañó a cuatro víctimas de 12 y 13 años fingiendo su edad para forzar videollamadas.

Más información: El aviso de la Policía: el gesto con el móvil que haces en persona y que también es delito

Alicante
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¿Sabes con quién está hablando tu hijo a través de Instagram? ¿Y en TikTok? ¿Lo sabes realmente? A ojos de sus vecinos en la ciudad de Alicante, era un hombre de 40 años corriente, alguien que no levantaba la más mínima sospecha. Sin embargo, al abrir en el móvil esas aplicaciones, se transformaba en un adolescente de 15 años para ganarse la confianza de niñas de apenas 12 y 13.

La normalidad era su camuflaje y el engaño digital su herramienta. Así resumen el caso de este cuarentón alicantino con antecedentes que está acusado de exhibicionismo, provocación sexual y agresión sexual a menor de 16 años tras captar a cuatro niñas. Una persona común, con su trabajo diario, sin rasgos sospechosos, lo que subraya la facilidad con la que estos perfiles se ocultan en la cotidianeidad.

La madre de la primera víctima que lo denunció lo descubrió de la peor forma posible cuando su hija se le acercó asustada para contarle lo que le había acabado de pasar en el móvil. El aterrador relato empezaba inocentemente, con un mensaje directo en Instagram.

La niña aceptó el mensaje de una cuenta desconocida porque tenía una amistad en común con una amiga. Con ese único criterio en mente, sin comprobar ni preguntar nada más, empezó una conversación con el hombre de 40 años que había elegido otro nombre para la cuenta y había añadido un 15 para reafirmar el engaño de la edad de un adolescente.

El que se cree que era un inocente chat dio un paso más cuando el acusado le solicitó el número de teléfono para hacerle una llamada. En su lugar, lo que sonó en el móvil de la niña fue el tono de una videollamada entrante. Al aceptarla, la farsa se desmoronó al aparecer en pantalla la imagen de un hombre que triplicaba la edad prometida y que estaba exhibiéndose, un delito perseguido en el Código Penal con la pena de prisión de seis meses a un año o multa de 12 a 24 meses.

La rápida reacción de la niña que fue llorando a su madre para contar lo sucedido permitió iniciar este caso mediante una denuncia ante la Policía Nacional. El grupo de delitos tecnológicos de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta empezó su trabajo.

A través de los necesarios mandatos judiciales las plataformas ofrecieron los datos que permitieron identificar al hombre detrás de esas cuentas. Así encontraron que había engañado a otras niñas de 12 y 13 años, una de Alicante y las otras dos de fuera, para que les enviaran archivos de contenido sexual.

Al certificar los delitos que había cometido, se procedió a su detención y al registro con orden judicial de su domicilio y dispositivos electrónicos. Por eso no se descarta que se encuentren nuevas víctimas.

Este caso pone el foco en la necesidad crítica de educación digital a niños, más en épocas como esta de comuniones en las que se plantea como regalo un primer móvil. Del mismo modo que se dice que no se vayan con un desconocido en la calle, no se debe aceptar el mensaje en una aplicación aparentemente tan inocente como Instagram, TikTok o Roblox.

El apoyo familiar

Los expertos insisten en que el control de las aplicaciones no es suficiente por sí solo. El hecho de que un hombre de 40 años logre hacerse pasar por un adolescente en Instagram evidencia que los menores necesitan herramientas para identificar comportamientos de riesgo antes incluso de ver la cara del interlocutor.

Ahí el apoyo familiar es clave. Generar la confianza necesaria al encontrarse con un delito de esta clase facilita la denuncia. Y además de ella, la supervisión diaria del móvil, incluidas contraseñas de acceso, con otros usuarios a través de sistemas de mensajería o de videojuegos.

"La normalidad del agresor en su vida diaria es su mejor arma", explican especialistas. Este detenido, que para cualquiera podría ser el vecino del piso de al lado, utilizaba la red para transformarse en un igual de sus víctimas.