El ex ministro Jaime Mayor Oreja.

El ex ministro Jaime Mayor Oreja. Cedida

Alicante

Mayor Oreja: “La gran cuestión no es inmigración sí o no, sino cuántos podemos acoger sin destruir dos sociedades”

El exministro presenta este miércoles en Alicante 'Una verdad incómoda', un libro en el que mezcla memoria política, crítica al relato 'woke' y una advertencia sobre los flujos migratorios.

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Alicante acoge este miércoles la presentación de Una verdad incómoda, el nuevo libro del exministro y exparlamentario europeo del PP, Jaime Mayor Oreja, en un acto en el Real Liceo Casino que contará con la participación de Isidro Catela, monseñor José Ignacio Munilla y el propio autor. La cita llega con un libro que no se presenta como unas memorias al uso, sino como un testimonio político y moral de una época, la actual, “contra el silencio y la mentira”, en el que el exministro repasa décadas de historia española y europea desde una mirada abiertamente crítica.

“Me acompaña monseñor Munilla porque los dos somos guipuzcoanos y tenemos probablemente un análisis y un diagnóstico de lo que ha pasado en nuestra tierra parecido. Y tengo la suerte de que me acompaña un salmantino inteligente que se llama Isidro Catela, quien moderará el acto", explica el exeurodiputado.

Mayor Oreja defiende que su obra nace de la necesidad de contar “la verdad” de lo vivido en primera persona, frente a lo que describe como relatos que han terminado por imponerse sobre los hechos. El libro insiste en que la Transición, el terrorismo de ETA, la evolución del centroderecha y la política española reciente forman parte de una misma cadena de deformaciones del relato público, una línea argumental que el exministro ha desarrollado también en la entrevista adjunta.

Pero, entre todas esas ideas, la inmigración emerge como uno de los pasajes con más actualidad. Mayor Oreja sostiene que “la gran cuestión no es inmigración sí o no, sino la capacidad para encontrar la ratio, el porcentaje, la cantidad de personas que somos capaces de acoger sin destruir dos sociedades”, en referencia tanto a la emisora como a la receptora.

A su juicio, Europa debe “controlar, legalizar y ordenar” los flujos migratorios, porque de lo contrario las llegadas masivas pueden convertirse en una “pesadilla” también para los propios inmigrantes.

La coincidencia entre Mayor Oreja y Munilla es clara. Ambos leen la regularización no como una medida aislada de política migratoria, sino como una decisión instrumentalizada por el Gobierno. Mientras el obispo de Orihuela-Alicante denuncia que se está usando a los inmigrantes como “moneda de cambio” y como parte de una “estrategia para conseguir otros fines”, el exministro sostiene que las regularizaciones masivas son un “disparate” si no se acompañan de orden, límites y una capacidad real de integración; en ambos casos, el mensaje de fondo es que la inmigración debe abordarse desde el realismo y no desde el oportunismo político.

El exministro vincula esa lectura con una idea más amplia: la pérdida de referencias sólidas en la sociedad europea. En la entrevista, advierte de que la inmigración se vuelve problema cuando no hay un marco cultural y político capaz de integrarla, y reclama un tratamiento común en toda la Unión, con fronteras europeas y criterios homogéneos. Para Mayor Oreja, el debate de fondo no es solo migratorio, sino de civilización: seguridad, cohesión interna y fundamentos compartidos.

"En Europa el problema no es el antitrumpismo ni el trumpismo, ni es Trump ni es el antitrump. El problema que tenemos es que tenemos una gravísima falta de cohesión interna. Ese es el problema entre los problemas. Y eso es lo que hay que tratar de superar y avanzar", señala el exministro.

Para añadir, "debemos abandonar la Europa de las ocurrencias. Por ejemplo, hacer del aborto una parte de la carta de hechos fundamentales . Eso es una ocurrencia, un disparate. Lo que hace falta es un diálogo profundo; tiene que terminar la obsesión enfermiza de la destrucción de los fundamentos cristianos de nuestra sociedad".

Ese diagnóstico conecta con otro de los mensajes centrales del libro: la crítica a lo que llama relativismo moral y a la “cultura woke”, a la que acusa de erosionar la dignidad de la persona y los fundamentos cristianos de Europa. En su lectura, la crisis no es solo política, sino también cultural y espiritual, y afecta al conjunto de Occidente. Por eso sitúa la inmigración dentro de una discusión mayor sobre identidad, límites y capacidad de integración.

"España tiene un riesgo de ruptura, Europa tiene un riesgo de irrelevancia y Occidente tiene un riesgo de desequilibrio. Lo que hay que diagnosticar son los riesgos. No para ser pesimista, sino para aprender. Antes de ser optimista, hay que ser capaz de hacer cosas para regenerar Occidente entre Europa y España".