Un cura a contracorriente

Pablo D'Ors asesora al Papa, imparte clases de meditación y escribe novelas con tintes eróticos. Dice que si la Iglesia no cambia está muerta. 

El sacerdote y escritor, en Madrid.

El sacerdote y escritor, en Madrid.

Pablo D'Ors tenía 19 años cuando decidió que quería hacerse cura. “Prefiero que sea por Dios y no por otra mujer”, le dijo la chica con la que entonces salía cuando le comunicó sus intenciones, según cuenta él mismo antes de soltar una sonora carcajada. Era el inicio de los años 80 y D'Ors acababa de descubrir una de sus vocaciones. La otra era la literatura.

Desde entonces ha vivido ambas con intensidad. Es un cura pero también un autor de libros de éxito y se ha definido como un escritor “cómico, místico y erótico”. Desde hace unos meses es asesor cultural del papa Francisco. Pero algunos de sus compañeros lo tachan de hereje.

“Creo que muy pocas personas se hacen cargo de lo que siento que soy. Cogen nada más una dimensión y no la otra”, dice D'Ors (Madrid, 1963) casi al final de esta entrevista a la que achacará el mismo defecto. “La mayoría de las preguntas tienen que ver con la Iglesia, la religión o la meditación. Toda la dimensión de mi producción literaria, que es el 80%, no está abordada. Y al final uno se queda en un agradable anonimato porque la gente cree que sabe lo que eres pero en realidad no lo saben”.

Por eso el relato de este encuentro, que comenzó con una larga reflexión sobre la meditación, empieza por el final.

Misticismo y erotismo

“Creo que soy un personaje difícil de clasificar. La gente en general no quiere realidades que no sean unívocas o uniformes. Si un autor religioso escribe cosas que no son religiosas o incluso que hablan sobre la virulencia de las pasiones, sus lectores se quedan muy descolocados. Tendemos no a la simplicidad sino a la simplificación”, dice D'Ors, que se deja fotografiar a las puertas de la parroquia de Nuestra Señora de la Luz, en el barrio de Chamartín.

Allí tiene un pequeño y sencillo despacho lleno de libros y en cuya mesa luce una agenda con el nombre del escritor alemán Herman Hesse. 

Su primera novela se tituló Las ideas puras y se publicó en el año 2000. Su trama retrata a un profesor alemán de Filosofía que experimenta una relación de amor y sexo con una adolescente de 16 años.

El erotismo atraviesa las obras literarias de D'Ors. Cuando se le pregunta qué responder a quien se siente descolocado ante sus novelas, su voz se hace más firme y sus frases más contundentes.

El padre D'Ors deja el paso al escritor. “No escribo para hacer el bien ni para evangelizar", dice. "Si esto pasa, bien, pero escribo para obedecer a mi conciencia. En último término si eres en conciencia harás el bien. Pero en el término medio habrá gente que se sentirá descolocada”.

No es un problema suyo, dice.

El sacerdote ha sido tachado de hereje.

El sacerdote ha sido tachado de hereje.

“No tengo responsabilidad sobre la interpretación que la gente hace de mis textos", explica. "Tengo responsabilidad sobre lo que escribo. Esto quiere decir que mis libros no son catequesis. Porque de otra manera se habrían pervertido como literatura. Catequesis y literatura son cosas diferentes. La catequesis es pedagógica y el arte no. Si el arte si quiere hacer pedagogía de una doctrina, es un panfleto. El arte no puede estar al servicio de una doctrina por muy santa que sea”.

Para D'Ors lo que se podría percibir como una contradicción no lo es: “El misticismo y el erotismo son fenómenos profundamente afines y lo que les da la afinidad es que ambos buscan la unidad. El misticismo busca la unidad de los espíritus y el erotismo, la unidad de los cuerpos. Detrás de la experiencia erótica, hay una búsqueda de unidad con el otro y el misticismo es el arte de la unidad”.

Una doble vocación

Pablo D'Ors se crió en una familia de artistas bajo la herencia cultural de su abuelo, el escritor e intelectual Eugenio D'Ors. Se ordenó sacerdote en 1991.

Su decisión de vestir los hábitos la había comunicado unos años antes: “A mi familia le costó aceptarlo. No se lo esperaban y yo tampoco era un chico particularmente religioso”.

En aquel momento estaba estudiando derecho y su padre quería que se hiciese diplomático. “Le dije que me iba a hacer embajador pero no de España sino de Cristo y no le hizo ninguna gracia”, recuerda entre risas.

Su gesto se relaja al hablar de estos recuerdos. También la pose seria y pausada con la que nos recibe, enfundado en un jersey anaranjado y un abrigo de pana verde olivo. Explica que ha ido entendiendo con el paso del tiempo que las dos vocaciones que sintió, la literaria y la religiosa, eran en realidad dos caras de la misma inquietud. “La cara de la palabra que es la literatura y la cara de la mística que es el silencio", dice. "Es cierto que cuando tienes dos vocaciones, si son muy voraces, quieres toda la carne en el asador. Pero si lo vives como lo vivo ahora, que es con bastante armonía, te das cuenta de que la palabra sólo puede llegar si ha sido precedida de silencio”. 

Sus críticos en la Iglesia

La carrera de D'Ors ha descolocado a algunos de sus correligionarios. La publicación este verano de dos artículos del autor en el Osservatore Romano y en el semanario Vida Nueva levantó ampollas entre los sectores más conservadores del episcopado español. José Rico Pavés, obispo auxiliar de Getafe, le acusó de escribir “un elenco tan abultado de errores doctrinales”. ¿Por qué tanto escándalo?

En el texto de Vida nueva, titulado ¿Habrá en la Iglesia alguien que se atreva?, D'Ors escribía sobre el sentido de la liturgia. “Nadie entiende nada. A lo que más me recuerdan nuestras misas es al teatro del absurdo de Beckett”, decía entre otras cosas. 

"Mucha gente va [a misa] y realmente no entiende el rito de la eucaristía", escribía D'Ors. "No porque no sea hermosa y no tenga una gran tradición. A mí me encanta decir la misa pero creo que es importante explicarla y hacerla accesible. Puedo contar un cuento de un poblado indio... Hacían el culto todas las tardes pero había un gato que molestaba. Y entonces lo ataban a la puerta del templo para que dejara de molestar. Pasó el tiempo. El gato se murió y entonces la siguiente generación de creyentes compró un gato y lo ató a las puertas del templo, y las siguientes generaciones escribieron doctos tratados sobre la importancia de tener un gato ataviado a las puertas del templo. Bueno, pues esto es lo que pasa con la liturgia. Que tenemos muchos gatos atados”.

D'Ors no ha hablado con el obispo auxiliar de Getafe: "Él no me ha llamado y ni yo a él. No nos hemos encontrado". Dice que las críticas no le molestan porque es buena noticia que en la Iglesia haya pluralidad aunque “hay formas que podrían ser mejores para no generar malentendidos”.

El sacerdote asegura que está tranquilo. Lo dice después de dejar pasar unos segundos de silencio. “Obro en conciencia. Probablemente quien me tacha de hereje también cree obrar en conciencia y está tranquilo”, añade.

“Creo que hay un error de base importante que es identificar la verdad con un concepto", explica. "Es decir, hacer una lectura meramente intelectual o ideológica del cristianismo. Cuando ocurre esto, es cuando nos movemos en estas categorías de hereje y no hereje. La verdad de la que habla el cristianismo no es la adecuación de la realidad a una palabra. Para el cristiano la verdad es Cristo y Cristo no es un concepto, es una persona. Hacer una lectura meramente intelectual de lo que es el fenómeno cristiano es limitado y empobrecedor”.

Asesor del papa

Una de las razones por las que el sacerdote está tranquilo es que tiene el apoyo de sus superiores. El más cercano, el arzobispo de Madrid Carlos Osoro y su máximo superior, el papa. Francisco lo ha querido entre los miembros de su Consejo de Cultura, presidido por el cardinal Gianfranco Ravasi.

“Me llamaron el día de mi santo, el 29 de junio", recuerda, "y me nombraron el 1 de julio, que es el día de mi cumpleaños".

“Al papa Francisco lo he visto una vez en mi vida y me produjo una impresión extraordinaria y lo digo de corazón porque pocas veces me he encontrado con una persona con una vitalidad y una viveza tan extraordinaria”, dice.

Se encontraron en febrero y D'Ors recuerda algunas fotos del encuentro: "Yo estoy contento pero el más contento parece él. Estaba radiante. No porque estuviese contentísimo de encontrarme sino porque está contento de encontrarse con cualquier persona. Sentí que es un auténtico mediador, un puente, un pontífice y esto es lo que creo que tenemos ser los sacerdotes: puentes, gente de diálogo”.

¿Pero qué es ser consejero del papa? “Tenemos que ir cada cierto tiempo a Roma y escribir un informe sobre lo que pensamos sobre algunas realidades que tienen que ver con la Iglesia y con la sociedad”.

El papel de las mujeres

Uno de los primeros informes que tuvo que escribir fue sobre el papel de las mujeres en la Iglesia en España. Después de hablar con varias mujeres, creyentes y no, de varios sectores de la sociedad, D'Ors cree que “hay un deseo de participación mucho mayor. Hay un sentimiento de que la mujer no es suficientemente valorada, que tiene un papel secundario”. 

D'Ors cree que la Iglesia es una realidad muy amplia y compleja que no tiene que ser inmune a los cambios.

“Una persona que no cambia está muerta -dice- una institución que no cambia también. Desde el Concilio Vaticano II la Iglesia ha cambiado notablemente, pero hay todavía muchos cambios pendientes. Al menos no se han hecho con la profundidad y la radicalidad que los textos conciliares invitan. El diálogo interreligioso, el ecumenismo en general, el papel de las mujeres en la Iglesia, la dimensión más espiritual de la fe cristiana, todo lo que tiene que ver con la meditación y la oración. Tenemos que seguir abriendo y tendiendo puentes”.

D'Ors confía por ejemplo en que habrá sacerdotisas pero no cree que eso llegue “a cortísimo plazo”.

Amigos del desierto

Después del éxito de Biografía del silencio, un ensayo sobre la meditación que ha llegado a la 15ª edición, que ha sido traducido a varios idiomas y que forma parte de la llamada Trilogía del silencio, junto con El olvido de sí y Amigos del desierto, D'Ors es también hoy el impulsor de un movimiento que coge el nombre de este último libro y se propone recuperar la parte más espiritual de la experiencia cristiana a través de la meditación.

Hay seminarios en toda España. En Madrid se celebran cada miércoles en la iglesia de la Sagrada Familia y del Beato Manuel González, en la calle Tutor, a pocos pasos de la Plaza de España. Allí decenas de personas se reúnen para meditar en un ejercicio colectivo en el que el reto es quedarse a solas con uno mismo.

Un ligero olor a incienso se percibe al entrar en la pequeña capilla en la que se reúnen unas 70 personas sentadas en los bancos o en taburetes de madera clara, pequeñas alfombrillas y mantas de lana como las que se usan en el yoga.

En la sala hay tres grandes velas blancas delante de una imagen de la representación de la trinidad pintada por el iconógrafo Andrei Rublev. En los momentos de recogimiento, el silencio sería total si no fuera por el eco de los ruidos de la calle. Las mayoría de la gente se queda con los ojos cerrados. Hay muchos mayores pero también jóvenes y gente de mediana edad.

Son dos horas de meditación, con momentos de canto y suaves movimientos del cuerpo, como en una especie de danza. Pero la mayor parte del tiempo es silencio. Meditación y recogimiento.

“Lo que yo práctico y enseño es meditación y oración contemplativa", dice. "Es decir, una manera de silenciarse para propiciar la experiencia que en el budismo se llama vaciamiento y en el cristianismo llamamos olvido de sí para poder recibir la gracia de Dios”.

La literatura es su otra gran vocación.

La literatura es su otra gran vocación.

En Biografía del silencio hay muchas referencias al zen pero D'Ors rechaza que haya sincretismo en la meditación que él propone. “Amigos del desierto se llama así porque quiere ser una recuperación para los tiempos de hoy de una de las tradiciones espirituales más importantes del cristianismo si no la más importante", dice. "Me refiero a la tradición de los padres del desierto: la generación que vino inmediatamente después de la de los apóstoles y que hubo una especie de retorno a la dimensión más interior”. 

Entre quienes vienen a meditar, hay quienes se han vuelto a encontrar por esta vía con la religión y también personas que buscan una paz interior que no encontraron en otras experiencias.

“El sentido de las religiones es propiciar la experiencia espiritual", dice el sacerdote. "Las religiones tienen sentido si la proporcionan. Si dejan de hacerlo, no cumplen su función. Muchas personas buscan hoy espiritualidad en otros lugares porque no lo encuentran en las religiones tradicionales. Sea cristianismo, budismo o lo que sea... la espiritualidad se está construyendo sobre el desprestigio de la religión. Pero el vino (la espiritualidad) hay que beberlo en alguna copa y yo creo que las copas de las religiones, sobre todo la cristiana que es la religión a la que pertenezco y con la que me identifico, son recipientes muy apropiados para beber ese vino”.

Recuperar la niñez

En Biografía del silencio, D'Ors también explica que la meditación es una manera de recuperar la niñez. “Cuando tú vas a una ciudad, Lisboa o París, y no la conoces, no te paseas en esta ciudad rutinariamente sino conscientemente. ¿Por qué? Porque es nuevo. Y esta es la mirada del niño. La mirada que ve las cosas nuevas porque no las conoces. La meditación es lo que te ayuda a tener una mirada limpia, a no prejuzgar. Cada encuentro con cada persona, cada realidad, en este sentido te hace niño, porque no lo has metido en un esquema encajonado. Y entonces pasear por Madrid puede ser tan maravilloso como pasear por Lisboa”.

Cree este autor que Occidente y casi todo el mundo ha perdido la capacidad de tener esta actitud ante la realidad. “Es difícil encontrar a un adulto que tenga esta lucida ingenuidad", dice. "Asociamos a la ingenuidad con los tontos. Pero se trata de ser ingenuos lucidamente. No es por estupidez sino por sabiduría”.

–¿Cómo era de niño Pablo D'Ors?

–Muy parecido a como soy ahora.

–Muy serio entonces.

D'Ors suelta una carcajada. “¿Te parezco muy serio? Yo tengo mucho sentido del humor. Soy un poco Buster Keaton. Parezco serio pero tengo un sentido del humor muy acentuado”.

Luego remata su anterior respuesta: “Creo que lo que somos a los 8-10 años lo somos ya para siempre".