Pablo Mayo Cerqueiro

La emoción de los ultraconservadores cristianos de Estados Unidos por la reunión del papa Francisco con la funcionaria antigay Kim Davis se acaba de desinflar.

El Vaticano, que hasta ahora sólo había confirmado la reunión privada del pontífice con Davis, ha afirmado este viernes en un comunicado que no considera la reunión una forma de apoyo a sus ideas. "El Papa no entró en detalles sobre la situación de la Sra. Davis y su encuentro con ella no debe entenderse como una forma de apoyo a su postura en todos sus complejos y particulares aspectos", ha dicho el portavoz del Vaticano Federico Lombardi. 

La Santa Sede asegura que el pontífice se reunió con varias docenas de personas en la embajada vaticana en Washington DC el día que conoció a Davis. "Esos breves encuentros ocurren en todas las visitas papales debido a la disponibilidad y amabilidad del Papa", ha afirmado Lombardi. "La única audiencia real concedida por el Papa en la nunciatura fue con un antiguo alumno suyo y su familia". Durante su anterior visita a Cuba, sin embargo, el pontífice no se reunió con disidentes cubanos. 

El martes, estalló la noticia de que el pontífice había pasado 15 minutos con Davis y su marido en la embajada del Vaticano en Washington la semana pasada, después que Francisco se hubiera dirigido al Congreso y antes de proseguir su viaje en Nueva York. La reunión no estaba prevista en el horario oficial de la visita y según el abogado de Davis en el grupo conservador Liberty Counsel, Mathew Staver, personal del Vaticano llamó a sus oficinas antes de que el pontífice pisara suelo estadounidense para confirmar el encuentro.

Davis detalló el encuentro a ABC News y dijo que el Papa le dio las gracias por su valor y le dijo que permaneciera fuerte. Desde que Davis pasó seis días entre rejas por negarse a firmar licencias de matrimonio a parejas del mismo sexo en Kentucky -el matrimonio homosexual se legalizó en todo EEUU este verano- se ha convertido en la heroína del cristianismo más conservador, que no había recibido señales de 'apoyo' por parte del Papa en su viaje hasta que salió la noticia de la reunión.

Durante su visita, el papa defendió causas demócratas como la lucha contra el cambio climático o la inmigración, que no sentaron bien entre las filas republicanas.