Joe Biden, durante su visita a Israel.

Joe Biden, durante su visita a Israel. Reuters

LA TRIBUNA

Irán es el verdadero talón de Aquiles de la política exterior americana

Si EEUU pierde la oportunidad de acercarse a Irán, persistiendo en su política de confrontación, otras potencias llenarán ese vacío político. Concretamente, Rusia y China.

5 agosto, 2022 02:03

La primera visita oficial de Joe Biden a Oriente Medio ha dejado al presidente americano en una posición incómoda. La abrupta salida de Afganistán fue una señal de que EEUU había dejado de priorizar la región, tras más de cuarenta años de presencia activa en ella, para concentrarse en el Pacífico. Sin embargo, la guerra de Ucrania ha forzado un nuevo giro hacia la región. Un giro en clave energética.

Joe Biden junto al príncipe saudí Mohamed bin Salmán, durante su visita a Arabia Saudí.

Joe Biden junto al príncipe saudí Mohamed bin Salmán, durante su visita a Arabia Saudí. Reuters

Este giro ha forzado a Biden a apoyarse en los aliados tradicionales de los EEUU (Israel y Arabia Saudí) para oponerse a Irán en un momento en el que Rusia y China empiezan a protagonizar los acontecimientos regionales.

Israel y Arabia Saudí han conseguido, así, volver a atraer a EEUU a su órbita para hacer frente a un Irán nuclear. El viaje de Biden ha demostrado que, pese a las diferencias entre aliados, Irán es la cuestión que mantiene viva su alianza.

Sin embargo, al igual que en pasadas presidencias, este pragmatismo puede pasarle factura a Joe Biden. Los dirigentes iraníes podrían de hecho condicionar sus políticas y sus compromisos a cuatro meses de las elecciones americanas de medio mandato (las midterms).

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Con un acto unilateral, Biden confirmó que usaría la fuerza como último recurso para impedir que el régimen de Irán se haga con un arma nuclear. Después matizó y reivindicó la diplomacia como herramienta para resolver el conflicto.

Esta contradicción refleja que, frente a Irán, Joe Biden ha heredado una política exterior sin alternativa a la de la confrontación. Algo que impide que EEUU renueve su política en la región y que pone en peligro su liderazgo internacional.

Biden también aprovechó su visita a Israel para lanzar un ultimátum a Irán para que este llegue a un acuerdo sobre el asunto nuclear. Pero este movimiento político podría pasarle factura a Biden ya que le da margen de maniobra a Irán para responder y propiciar una escalada de tensiones. Todo ello a cuatro meses de las midterms y en el marco de un contexto económico adverso que podría terminar con la victoria del Partido Republicano.

"Carter ignoró en 1977 una realidad. La del descontento popular y la alineación de la calle y las fuerzas políticas con el ayatolá Jomeini"

Los últimos 40 años demuestran que la cuestión iraní suele ser el talón de Aquiles de las presidencias americanas. El ejemplo más reciente es el de la campaña electoral del republicano Donald Trump, que utilizó la cuestión del JCPOA P5+1 (el Plan de Acción Integral Conjunto sobre el programa nuclear iraní) firmado por la administración de Barack Obama con Hasán Rohaní para deslegitimar a Hillary Clinton y acusarla de falta de liderazgo político internacional por la herencia demócrata.

Sin embargo, el ejemplo más claro de cómo la cuestión iraní ha influido en las presidencias americanas es el de Jimmy Carter. Carter fue el último presidente que visitó Irán. Ocurrió en 1977, cuando celebró el año nuevo junto al último sah, Mohammad Reza Pahlevi, en plena ebullición revolucionaria. Carter no dudaba: "Irán es una isla de estabilidad en una de las zonas más turbulentas del mundo".

Esa convicción de Carter ignoraba una realidad. La del descontento popular y la alineación de la calle y las fuerzas políticas con el ayatolá Jomeini, quien desde París (el corazón de la libertad y la igualdad) marcaba la agenda junto a un equipo conformado por Sadegh Ghotbzadeh, Ebrahim Yazdi y Abolhasán Banisadr.

Cuanta más alineación americana a favor del sah, más polarización y, por ende, más exitosa la estrategia revolucionaria islámica para sumergir a Carter en una contradicción interna: o se apoyaba la represión del sah o se apoyaba a la calle iraní.

"Desde el triunfo de la revolución, la agenda americana ha marcado gran parte de la estrategia revolucionaria de Irán, reforzando la retórica del ala dura y alejando al país de la órbita de Occidente"

Finalmente, en enero de 1979, Jimmy Carter asistió a la Conferencia de Guadalupe, donde se decidió que el sah debía marcharse. El 16 de enero, el sah partió hacia Egipto. EEUU había perdido un aliado.

Desde el triunfo de la revolución, la agenda americana ha marcado gran parte de la estrategia revolucionaria de Irán, reforzando la retórica del ala dura y alejando al país de la órbita de Occidente. Gran parte de la derrota electoral de Jimmy Carter, que dio la victoria al republicano Ronald Reagan, se debió no sólo a la pérdida del principal líder en la región, sino a la crisis de los rehenes, que duró un total de 444 días y que terminó el mismo día en que Reagan tomó posesión de la presidencia: el 20 de enero de 1981.

Biden debe tomar nota de la experiencia de sus antecesores. La política de enfrentamiento con Irán puede terminar perjudicando sus perspectivas electorales. Las sanciones y la ausencia de diplomacia no sólo retrasan los objetivos políticos, sino que difícilmente pueden impedirlos. Además, anulan la eficacia de organizaciones como el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA).

Por último, Biden no debe perder de vista el actual contexto regional actual. Si EEUU pierde la oportunidad de acercarse a Irán, las demás potencias llenarán ese vacío político. Concretamente, Rusia y China.

*** Daniel Bashandeh-Khodaei es analista político y está especializado en Medio Oriente.

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