Pablo Casado, presidente del Partido Popular.

Pablo Casado, presidente del Partido Popular.

LA TRIBUNA

En la despedida de Pablo Casado

Es probable que el PP que salga de este trauma, si lo lidera Núñez Feijóo, sea capaz de aglutinar lo que nunca debió separarse: el centro reformista y liberal.

3 marzo, 2022 02:30

Muchos son los errores que ha cometido el futuro expresidente del PP Pablo Casado. También ha tenido aciertos evidentes. Alguno de ellos, sin embargo, le ha costado la presidencia del partido. Cuando se acierta y se yerra casi sin solución de continuidad, ocurre la catástrofe. Y eso es lo que le ha pasado a Casado.

Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta de Galicia.

Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta de Galicia.

No se puede nombrar portavoz a una persona, Cayetana Álvarez de Toledo, para desautorizarla casi desde el mismo momento de su nombramiento.

Lo mismo ha sucedido con la presidenta de la Comunidad de Madrid. Ambas políticas fueron aupadas a sus puestos gracias a la determinación de Casado. Al tiempo que él las aupaba, su secretario general, Teodoro García Egea, las zancadilleaba.

Este martes, Casado pronunció un emotivo discurso. Uno de esos que revelan lo que debería haber sido, y no fue, la línea argumental del Partido Popular bajo su presidencia. Un partido centrista, reformista y liberal que defienda los valores de la libertad, de la regeneración, de la familia y de la unidad de España.

Por el contrario, bajo la dirección de Pablo Casado, el PP parecía las más de las veces un partido intransigente e instalado permanentemente en el no. Incluso en los momentos más relevantes. Como cuando se debió aprobar la reforma laboral tras el acuerdo al que llegaron la CEOE y los sindicatos. Eso hubiera sido hacer una política para adultos, si se me permite parafrasear a Mariano Rajoy.

"El Gobierno de centroizquierda con Ciudadanos se vio frustrado por el mayor error de todos: la defección política de Albert Rivera"

Se quejó este martes Casado de que no ha gozado durante estos años en los que ha sido presidente del PP de un mísero trimestre de tranquilidad.

Efectivamente. Es la intranquilidad en la que llevamos instalados los españoles desde que Mariano Rajoy fue apeado de la presidencia del Gobierno por una moción de censura provocada por la corrupción rampante que asoló España a lo largo de su mandato presidencial.

Para apearlo, el socialismo, en una operación suicida, se tuvo que aliar con los nacionalistas enemigos de la unidad de España, con los herederos de los terroristas que habían asesinado a casi mil personas, y con los populistas de izquierda en todas sus vertientes. Sin ellos, no le hubiera sido posible a Pedro Sánchez formar gobierno.

Pablo Casado no anduvo solo en esa cadena de errores. Lo que pudo haber sido y no fue (un Gobierno de centroizquierda con Ciudadanos como socio del PSOE) se vio frustrado por el mayor error de todos. La defección política de Albert Rivera.

Es probable que el PP que salga de este trauma, si lo lidera Alberto Núñez Feijóo, sea capaz de aglutinar lo que nunca debió separarse. Lo que el martes nombró Pablo Casado: el centro reformista y liberal. Es decir, los conservadores, los liberales y los democristianos.

"Eesulta muy plausible que el PP necesite los votos de Vox para gobernar, y que esta formación no dé estos votos de forma gratuita"

Rajoy expulsó del PP primero a Ciudadanos y, después, a Vox. Lo que José María Aznar había unido, lo dividió él. Ahora, con la nueva dirección, es probable que Ciudadanos y el PP aúnen su discurso y sean, unidos, una opción fiable frente a los nacionalismos vasco y catalán.

Es probable que Pedro Sánchez agote el mandato de esta legislatura. Entonces se volverán a celebrar elecciones. Y es muy probable que el partido triunfante sea el PP, si no se sale de la centralidad.

Pero también resulta muy plausible que el PP necesite los votos de Vox para gobernar. Unos votos que esta formación no dará de forma gratuita. De cómo sean las relaciones entre PP y Vox dependerá, en suma, la gobernabilidad de España.

Es decir, de cómo sean las relaciones de Alberto Núñez Feijoo con las distintas sensibilidades políticas que aglutina Vox. Justo lo que Pablo Casado no ha sabido hacer.

*** Jorge Trias Sagnier es abogado y escritor. Fue diputado del PP entre 1996 y 2000.

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