Inicio de legislatura

Otra vez la vieja y la nueva política

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Cuando abandonábamos el hemiciclo del Congreso la noche del día 2 de septiembre, una cierta sensación de abatimiento se cernía sobre alguno de nosotros, quisiera pensar que sobre la mayoría. Descontados los independentistas y los populistas, quizás ninguno de los otros más de 250 diputados pensamos que esta incesante rueda de la noria que unos y otros giran sirve para nada más que para demostrar que existimos solo porque debatimos y votamos. Es verdad que otros hacemos algo más que darle vueltas a la rueda, pero por mucho que lleguemos a acuerdos no resulta suficiente.

Y a pesar de todo el paisaje político se va clarificando.

Los de Podemos -por empezar por alguien- aún no saben lo que quieren ser de mayores e Iglesias prefirió trenzar un discurso populista, desprovisto ya del artificio y la puesta en escena que dejara boquiabiertos en la Legislatura anterior a quienes siempre están dispuestos a sorprenderse y captar las imágenes que se les ofrecen; pero ya se han quedado fuera del cuadro y de la foto y no parecen suscitar la preocupación de hace solo un par de meses. Los separatistas catalanes, incapaces ya de gestionar eso que ellos mismos llaman la "fatiga del proceso soberanista", se dirían dispuestos a agarrarse al asidero que se les pueda brindar para retornar a algún punto de acuerdo. El PNV, que ya viviera el viaje a ninguna parte de estos últimos, pide tiempo muerto hasta que se celebren las elecciones autonómicas del próximo 25, para practicar su particular recuento de votos en su investidura vasca.

Otra cuestión es la que sucede con los partidos nacionales, presuntamente posibilistas algunos. El debate de estos días ha puesto en evidencia la animadversión personal entre los dos lideres de las formaciones que han gobernado durante más de tres décadas. No es posible advertir un acuerdo político entre gentes que se tratan con tanta hostilidad. La prepotencia además del candidato a la investidura con su "tengo 170 escaños", como si no supiera que 33 de estos -los de Ciudadanos y el de Coalición Canaria- solo le han sido prestados para este trámite parlamentario. Prepotencia... y "ninguneo" respecto del acuerdo obtenido con el partido de Albert Rivera, cuando las concesiones del PP contenidas en el pacto le han sido materialmente arrancadas a este por los de Ciudadanos.

Y, sin embargo, no parece existir demasiada alternativa a un entendimiento entre los tres partidos nacionales, a la espera de lo que los de Pablo Iglesias decidan ser. Las reformas que España precisa -algunas de ellas con alcance constitucional- deberían ser pactadas por prácticamente el 75% de los diputados del Parlamento. El presunto apoyo del PNV a una investidura después de las autonómicas vascas, en función del que precisen ellos en la cámara de Vitoria por parte de los populares, sería una solución solo desde el punto de vista del gobierno de un país que no exige demasiadas reformas. Cosa que por cierto podría interesar a Rajoy y a los de Sabin Etxea, por cierto.

Siempre he pensado que no conviene llevar al ámbito personal las cuestiones políticas. Personas y circunstancias -parafraseando a Ortega-, son las segundas las que mueven generalmente los hilos de la trama. Pero resulta inevitable proceder en este supuesto a una crítica a los comportamientos de los lideres de los aún principales partidos españoles. Si Rajoy es incapaz de acometer reformas y preside un partido envuelto en la corrupción hasta el punto de la imputación judicial de sus propias siglas y si Sanchez no sabe ni quiere contribuir a resolver los problemas del país y solo le preocupa su futuro personal o la distancia mayor que pueda conseguir respecto de su rival en la izquierda, los dos personajes sobrarían en el futuro político de España.

Muchas veces se ha evocado a la transición democrática como referente de la situación que ahora estamos atravesando. Y es verdad que no fueron solo las circunstancias las que condujeron al resultado necesario, lo fueron también las personas y su voluntad de contribuir a ese nuevo escenario o a no quedarse fuera del mismo debido a su obstinación. Son muchas las similitudes entre aquel y este proceso, pero hay una que los diferencia notablemente: en la transición, abolidas las Cortes franquistas, el espacio a recorrer era ya otro y todos tenían el mismo punto de partida; ahora nos encontramos de lleno en el paradigma evocado también por Ortega en su conferencia de mayo de 1914, la vieja política no quiere dar el paso y la nueva aún no es tan fuerte -ni lo tienen todos muy claro- para protagonizar el cambio.

Por eso, al menos, y ya que no quieren modificar su actitud, los actuales lideres del PP y del PSOE deberían ser relevados por otros que trasciendan sus intereses personales y piensen en España.

*** Fernando Maura es diputado nacional de Ciudadanos.