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A mí tampoco me esperen

En vísperas de conmemorar el principio de la invasión, toca hacer presente la vergüenza. Algo tan deshonroso y humillante como es el llamado Descubrimiento de América sólo sirve para hacer memoria y llegar a los rincones del mapa donde los hombres vivían libres, donde el oro y la plata cabrilleaban en el horizonte y el mar no terminaba nunca de ser mar.

No sobra aquí el recordar que aquellas tierras ya estaban descubiertas por sus pobladores indígenas; hombres y mujeres que se relacionaban con el suelo y con la carne a la manera comunal. Lo que no cuentan los manuales de Historia es que aquellas tierras paradisíacas serían invadidas por los primeros emisarios de la acumulación capitalista. Un recurso por el cual Europa buscaba materias primas para proyectar su hegemonía en el centro del mapa.

Fue entonces cuando la propiedad comunal de aquellos indígenas empezaría a ser arrasada, junto a sus vidas. A golpes de espada y sangre, los indígenas cargarían con la culpa de haber sido descubiertos de manera involuntaria. Al final resultó que el marino de capa genovesa se dirigía a otro sitio que le quedaba más lejos.

Años después de Colón, llegaría Hernán Cortés a la otra cara del mundo para sentenciar: "Los españoles tenemos una enfermedad del corazón para la cual el remedio indicado es el oro". Con estas cosas, Hernán Cortés no sólo estaba justificando su ideal nacional sino que lo hacía inclusivo, propio de una raza de hombres capaces de morir por una enfermedad de corazón llamada codicia.

Luego viene lo del desfile, un muestrario de tanques y latas de conserva; una comparsa que luce sin complejos su falta de materia así como el medallerío en su pecho, semejante a unos huevos estrellados sobre el uniforme. Salvas, redobles de tambor, palcos y balcones engalanados para celebrar tanto derroche de dinero público: ¡Viva España!

Por lo dicho y por lo que callo, el festival del 12 de Octubre es un despropósito del idealismo carpetovetónico, donde destaca la congestión de un cuerpo de herencia africanista que desfila con el buitre negro del recuerdo y una cabra por mascota. En fin que si los que conmemoran estas cosas, lo pensasen un poquito, se darían cuenta de que están conmemorando una derrota. Su derrota como seres humanos que aspiran a la libertad.

Por ello, voy a contestar al tuit del Ministerio para decir que a mí tampoco me esperen y que den recuerdos a la cabra. De mi parte.