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La televisión en España: ¿movimientos o movidas?

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El gigante de los contenidos HBO anuncia su interés por lanzar una plataforma de televisión por internet en España, uniéndose así a Netflix, que presentó sus servicios a finales del pasado 2015. La idea, dicen, es apelar a los llamados cord-cutters o cord-nevers, personas que prescinden de la televisión de pago para pasar a obtener sus contenidos a través de la red. Definitivamente, una tendencia a nivel mundial.

El panorama español es, en este momento, una tormenta perfecta: un país con una renta media razonable, con unas tasas de adopción muy influenciadas por procesos sociales hiperactivos, y con un buen nivel de conexiones domésticas de banda ancha a internet. El 50% de los hogares tiene conexión de banda ancha a internet, pero no tiene televisión de pago.

Que Netflix y HBO, como parte de sus procesos de expansión mundial, se lancen en España tiene todo el sentido considerando las características del mercado. La oferta será cada vez mayor, empresas como Amazon y muchas otras ya se lanzan también a distribuir y crear contenidos. Nos dirigimos a un mercado en el que cada vez más usuarios tendrán una oferta de televisión en abierto gratuita, y plataformas de este tipo para consumir otros contenidos. Cambian las pautas de consumo, los esquemas de publicidad, la estructura de la demanda... quien no lo sepa ver, que se vaya preparando para un largo y penoso proceso de extinción.

Hasta aquí, todo bien: aumenta la oferta, se incrementa la competencia, y el mercado pone a cada uno en su sitio: movimientos competitivos. El problema viene cuando uno de los competidores, además de ofrecer contenidos, es quien posee la mayor cantidad de conexiones domesticas a internet en el país - situación de la que disfruta, en gran medida, por méritos propios. Aparecen usuarios que pretenden acceder a una plataforma distinta a la de quien les ofrece su acceso a internet, que se encuentran con que esos contenidos se ven mal, a saltos, con menor calidad de la esperada. ¿Casualidad? No, degradación intencionada de esos contenidos para que el usuario descarte esa plataforma, competitiva con la de la operadora, como opción.

Cuando permitimos que el dueño del canal tome decisiones sobre los contenidos que pasan a través de él, surgen invariablemente problemas. Un mercado interesante como España, se convierte en una guerra sucia en la que los perjudicados son los usuarios y su libertad para elegir libremente quiénes quieren que les suministren los contenidos. El movimiento competitivo es bueno. Las movidas no lo son.