Alice Weidel es una de las líderes de AfD.

Alice Weidel es una de las líderes de AfD. Wolfgang Rattay Reuters

Elecciones Alemania

Los gais de la ultraderecha alemana no sólo existen, dirigen el partido

Alice Weidel, abiertamente lesbiana, pilotará al xenófobo AfD hacia las de septiembre en Alemania.

Salvador Martínez Mas Berlín

Una mujer lesbiana va a liderar la campaña del partido xenófobo y euroescéptico germano Alternativa para Alemania (AfD) para las próximas elecciones generales, previstas el 24 de septiembre. Se llama Alice Weidel, tiene 38 años y es empresaria y economista. Vive en pareja, tiene dos niños y el pasado fin de semana fue elegida principal candidata de AfD para la cita de septiembre junto a Alexander Gauland.

Él es uno de los barones conservadores del partido. Ella, sin embargo, no sólo encarna el ala liberal de la formación, algo de lo que daba cuenta en una reciente entrevista con EL ESPAÑOL. También hace visible a esa corriente de la ultraderecha alemana donde se mueve un grupo de homosexuales que, aun siendo una minoría, tienen ahora a alguien del colectivo lesbianas, gais, bisexuales y transexuales (LGBT) como referente en la vanguardia del partido.

“Nosotros no nos identificamos con el movimiento LGBT izquierdista, tenemos un punto de vista político de las cosas nacional-conservador siendo homosexuales. También los hay en el Frente Nacional francés”, dice a EL ESPAÑOL Alexander Tassis, presidente de Alternativa Homosexual, la agrupación gay de AfD. Para él, el Frente Nacional de Marine Le Pen es “un ejemplo a seguir” en lo que respecta a los temas de homosexualidad.

En Francia, el Centro de Investigaciones Políticas del prestigioso Instituto de Estudios Políticos de París ha apuntado que hasta un 28% de los hombres homosexuales o bisexuales se han dicho capaces de votar a Marine Le Pen. El año pasado la revista Männer, la publicación de referencia del colectivo LGBT en Alemania, publicaba un estudio que Tassis cita satisfecho. “El sondeo indicaba que entre los lectores de la revista hay un 17% de electores de AfD”, señala el responsable de Alternativa Homosexual.

“No sé cuántos somos. Pero tenemos mucha gente trabajando en el partido que somos homosexuales”, apunta a este periódico Jana Schneider, integrante de los “Jóvenes Alternativos”, organización juvenil de AfD. Schneider tiene 23 años, es lesbiana y trabaja para la diputada regional de AfD en Turingia, Wiebke Muhsal.

El presidente de su partido en ese Land del este germano es Björn Höcke, quien ha protagonizado recientemente polémicas por haber calificado de “monumento a la vergüenza” el monumento a los judíos de Europa asesinados en el Holocausto. Höcke, que cuenta con el apoyo de Gauland, también ha criticado que a Adolf Hitler se le identifique como “el mal absoluto”.

CRÍTICAS DESDE EL PROGRESISMO LGBT

Schneider dice haber recibido ataques de otros homosexuales por ser una lesbiana comprometida con AfD. “Me han atacado desde la escena homosexual de la izquierda, uno es atacado desde este sector cuando se compromete a favor de una formación conservadora”, mantiene. Sin embargo, no es necesario viajar en el espectro político para hablar de homofobia.

En AfD se han escuchado claros comentarios de este tipo. Ahí está la opinión de Andreas Gehlmann, diputado del partido de ultraderecha en el Parlamento regional de Sajonia-Anhalt, quien se decía favorable el pasado verano a que los homosexuales vayan a la cárcel. “Eso lo tendríamos que hacer”, dijo Gehlmann en una sesión la parlamentaria del Land del centro alemán, aludiendo al comportamiento represivo del que hacen gala contra los homosexuales las autoridades de Marruecos, Túnez y Argelia.

“Hay algunos miembros del partido que se han expresado en contra de la homosexualidad, pero han sido obligados a pagar una multa o expulsados del partido. La homosexualidad no es un problema en AfD. A mi nunca se me ha atacado”, señala la integrante de los “Jóvenes Alternativos”.

Según explica a EL ESPAÑOL Carsten Koschmieder, politólogo de la Universidad Libre de Berlín, en AfD hay dos corrientes, “una que se opone a la homosexualidad” y “otra que, como en el Frente Nacional francés, trata de mostrarse a favor de los gais”“Alice Weidel es un ejemplo de ésto último”, comenta este investigador, aludiendo a la que es, junto a Gauland, la principal candidata de AfD para las elecciones de septiembre.

SER HOMOSEXUAL EN LA ULTRADERECHA

En la Federación de Lesbianas y Gais de Alemania (LSVD, por sus siglas alemanas) todavía cuesta entender cómo alguien como Weidel puede ocupar ahora una posición de liderazgo en AfD. “Es una paradoja, pero no es porque uno sea homosexual que no se puede ser racista, además siempre hubo políticos homosexuales o lesbianas que hicieron políticas contra el colectivo gay”, dice a EL ESPAÑOL Markus Ulrich portavoz de la LSVD. “Para nosotros votar a Weidel es como votar a gente como Höcke o Gauland, está claro lo que es ese partido, independientemente de quién esté al frente”, añade.

AfD se opone a la legalización del matrimonio homosexual y se manifiesta a favor de la defensa de una idea tradicional de la familia. “A AfD no le molestan las uniones civiles de los homosexuales. Lo que molesta a AfD es de acompañar eso de la palabra matrimonio”, afirma Tassis, el responsable de Alternativa Homosexual. Schneider precisa que, en este tema, su partido no se diferencia de la Unión Cristiano Demócrata (CDU) que lidera la canciller Angela Merkel. “AfD está a favor del statu quo, porque, entre otras cosas, la unión civil es lo mismo que el matrimonio”, comenta la integrante de los Jóvenes Alternativos.

Alice Weidel, por ejemplo, mantiene una unión civil con su pareja. Pero ella, como el resto de homosexuales en AfD “no hacen política con su orientación sexual”, según los términos de Schneider. Le da la razón a esta joven Melanie Amann, reportera del semanario Der Spiegel especializada en la extrema derecha y autora del libro de reciente publicación Angst für Deutschland (Droemer HC, 2017) o “Miedo para Alemania”.

“Weidel está muy centrada en su carrera, es una carrerista, quiere tener éxito en el partido y conseguir un escaño en el Bundestag”, dice Amann a EL ESPAÑOL. Por eso, entre otras cosas, Weidel “con tema de homosexualidad, es muy pragmática, ella se ha dicho a sí misma que su homosexualidad no es un problema y hace como si no pasara nada, aunque es ilógico porque niega parte de su personalidad”, agrega esta reportera.

EL ISLAM COMO AMENAZA HOMÓFOBA

De lo que sí se está encargando Weidel es de transmitir en sus intervenciones, como la que protagonizó el pasado fin de semana en el congreso en el que fue investida junto a Gauland en el dúo de líderes de cara a los comicios, esa idea según la cual el islam no pertenece a Alemania”. En un contexto marcado por la llegada de algo más de 1,2 millones de demandantes de asilo en los últimos dos años -mayoritariamente musulmanes- ese mensaje es a partes iguales contrario al islam y a la inmigración.

“En Colonia Weidel dijo aquello de que en Alemania importamos gente que son intolerantes con las parejas del mismo sexo”, recuerda Amann, la reportera y autora. “Los homosexuales de toda Europa tienen que darse cuenta de que el islam político es un peligro para ellos y sus derechos”, sostiene en ese sentido Schneider. “AfD es el único partido que aborda este tema de forma explícita y que dice que la mayoría de Islam en sus fondo y en su fundamento político es homófobo”, abunda esta joven. Para ella, esa crítica es algo que la propia “Alice Weidel encarna”.

Alexander Tassis, el presidente de Alternativa Homosexual, también se expresa en esa línea. Pero va más allá. Critica al resto de partidos políticos, acusándolos de participar en la “islamización de Europa”. “Es obvio que todos los partidos en Alemania tienen una agenda islamizadora. Los partidos están engañando a sus electores y nosotros los invitamos a despertarse. Somos el único partido que se opone a este fenómeno”, manifiesta Tassis. En AfD dicen que son el partido que mejor “defiende” a los homosexuales ante la amenaza islamista.

Para Koschmieder, el politólogo de la Universidad Libre de Berlín, palabras como las de Tassis no responden a una queja justificada en base a hechos que hablen de una islamización, sino que obedecen a un sentimiento que tiene más que ver con el miedo. “En realidad, esta gente se siente amenazada y se dicen: 'voto a AfD porque está en contra de los extranjeros, pese a que, paralelamente, desde ese partido se pueda criticar mi estilo de vida como homosexual”, concluye Koschmieder.