Brexit

May se estrena en una cumbre de la UE con ambiente hostil

El 'brexit', la crisis migratoria y el acuerdo con Canadá centran el menú de los líderes europeos.

La primera ministra británica explicará a sus colegas sus planes para el brexit

La primera ministra británica explicará a sus colegas sus planes para el brexit

A medida que se van despejando los contornos del brexit, cada vez está más claro que el divorcio entre la Unión Europea y Reino Unido será difícil y conflictivo. La primera ministra británica, Theresa May, se estrena este jueves en su primera cumbre en Bruselas desde que sustituyó a David Cameron en julio. May tiene previsto explicar sus planes de salida al resto de líderes europeos, que en las últimas semanas han endurecido el tono contra Londres hasta el punto de sugerir que deberá pagar un "precio" por la ruptura.

La intervención de la primera ministra británica tendrá lugar durante la cena de jefes de Estado y de Gobierno. Para preparar el terreno, May ha realizado en las últimas semanas una gira de capitales que la llevó a Madrid el 13 de octubre. Dos son los mensajes principales que quiere trasladar a sus colegas, según explica un alto diplomático europeo. En primer lugar, les dirá que la decisión del brexit es "inequívoca e irreversible", pero que pretende negociar de forma "constructiva" para que la salida "sea un éxito, no sólo para Londres sino para los otros 27 socios". Además, se comprometerá a no poner trabas a los planes de la UE durante el periodo transitorio hasta que Reino Unido la abandone.

Por lo demás, May no tiene previsto dar nuevos detalles sobre su proyecto más allá de los ya conocidos, de acuerdo con las fuentes consultadas. Todas las claves están en su discurso ante la conferencia del Partido Conservador en Birmingham el 2 de octubre. Allí anunció que su Gobierno invocará la cláusula de divorcio, el artículo 50 del Tratado, antes del final de marzo de 2017. Esta notificación desencadena una cuenta atrás irreversible de dos años para negociar la salida. También dejó claro que Reino Unido tiene intención de restringir la entrada de trabajadores europeos y no aceptará la jurisdicción del Tribunal de Luxemburgo (TJUE).

Estos principios significan que Reino Unido abandonará el mercado único europeo y que las compañías financieras británicas perderán el pasaporte que les permite ofrecer sus servicios en toda la UE. Para seguir en el mercado interior, Londres tendría que aceptar la libre circulación de ciudadanos comunitarios y las normas de la UE. Es decir, el discurso de May deja claro que ya ha optado por un brexit "duro" y que descarta alternativas blandas como los modelos de Noruega o Suiza, que sí contemplan la libre circulación de trabajadores.

La perspectiva de un brexit "duro" y la creciente retórica antinmigración e incluso xenófoba que se escucha en la política británica han indignado al resto de socios comunitarios. Los líderes europeos ya no ocultan que su prioridad es proteger la integridad de la Unión a 27, incluso si eso significa tener que castigar a Londres. El que lo ha expresado con más claridad es el presidente francés, François Hollande, que reclama "firmeza" en las negociaciones. "Debe haber una amenaza, debe haber un riesgo, debe haber un precio", sostiene. De lo contrario, "otros países querrán dejar la UE para lograr las supuestas ventajas sin las obligaciones".

Johnson, blanco de las críticas

También el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, defiende que la UE debe ser "intransigente" sobre las condiciones del brexit. Incluso la canciller alemana, Angela Merkel, aliada tradicional de Reino Unido, ha endurecido su posición. Si la UE no se mantiene firme a la hora de condicionar el acceso al mercado único a la libre circulación de trabajadores, desencadenará un proceso de fragmentación en el que "cada uno haga y se le permita hacer lo que quiera", avisa Merkel.

La guerra ya es casi abierta. Los líderes europeos se han abstenido hasta ahora de criticar directamente a May, pero no han ahorrado reproches a las tácticas negociadoras de otros miembros de su gabinete, en particular el ministro de Asuntos Exteriores, Boris Johnson. "Nuestra política es quedarse con el pastel y comérnoslo (una frase hecha inglesa equivalente a 'tenerlo todo')", ha proclamado el exalcalde de Londres. "La verdad brutal es que el brexit será una pérdida para todos. No habrá pasteles en la mesa. Sólo habrá sal y vinagre", le ha contestado el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

Todavía menos diplomático ha sido el presidente del grupo popular en la Eurocámara, el alemán Manfred Weber, del partido de la canciller Merkel. "Boris Johnson es un arribista sin escrúpulos y un oportunista sin convicciones. Si tiene un mínimo de decencia, dimitirá", ha escrito Weber esta semana en su cuenta de Twitter.

Del discurso de May ante el Consejo Europeo se esperan pocos resultados concretos. Tusk no ha previsto ningún debate del resto de líderes, aunque no se descarta que algún jefe de Gobierno pida la palabra para intervenir. Pero los 27 rechazarán la petición de la primera ministra de entablar "discusiones preparatorias" antes de activar la cláusula de divorcio y se atendrán al mantra de que "no habrá negociación sin notificación". Su próxima cita sin May será en febrero en Malta.

Crisis migratoria, Canadá y Rusia en el menú

El brexit ocupará un espacio muy limitado en el menú del Consejo Europeo. Los principales temas en la agenda de los líderes de los 28 son la crisis migratoria, el deterioro de las relaciones con Rusia y el acuerdo de libre comercio con Canadá, en jaque por el veto de Valonia.

1. Crisis migratoria en el Mediterráneo. Los dirigentes comunitarios sostienen que la UE ha empezado a recuperar el control de sus fronteras tras el caos de la crisis de refugiados del año pasado. Gracias al acuerdo con Turquía, la llegada de migrantes a las islas griegas ha caído un 98% entre septiembre de 2015 y septiembre de 2016. La presión se concentra ahora en Italia, donde en lo que va de año han llegado cerca de 132.000 migrantes, una cifra similar a la de 2014 y 2015.

La prioridad ahora para los líderes europeos es cerrar acuerdos migratorios con los países de origen en África. La UE les ofrecerá más ayudas a cambio de que acepten la repatriación de los migrantes económicos. La jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, ya negocia pactos de este tipo con cinco países: Níger, Nigeria, Etiopía, Senegal y Mali. Las capitales le piden resultados concretos para diciembre. Y plantean extender acuerdos similares a Pakistán o Egipto.

2. Canadá, Valonia y el libre comercio. Los jefes de Estado y de Gobierno harán un último intento para salvar el acuerdo de libre comercio con Canadá, que se negocia desde hace siete años y ahora está a punto de naufragar debido al veto de la región belga de Valonia. El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, tenía previsto firmarlo la semana que viene en Bruselas, pero cancelará el viaje si la UE no llega a un acuerdo este fin de semana. A los líderes europeos les preocupa la creciente resistencia popular a los acuerdos de libre comercio.

Para recuperar la confianza de los ciudadanos, la receta que propone Tusk consiste en fortalecer los instrumentos de defensa comercial, es decir, los recargos arancelarios que se aplican a los países que practican una competencia desleal, como China. En la actualidad, la UE pone en marcha estas medidas de forma más lenta y restrictiva que otros socios como Estados Unidos o Canadá. Pero la reforma para mejorar los procedimientos está bloqueada desde hace tres años por los países más partidarios del libre comercio, liderados por Reino Unido. En la cumbre no se espera un acuerdo, pero sí un primer paso para desencallar los cambios.

3. Rusia y Siria. La discusión sobre las relaciones entre la UE y Rusia fue propuesta en junio por el primer ministro italiano, Matteo Renzi, partidario de empezar a levantar las sanciones económicas que se impusieron a Moscú por desestabilizar Ucrania y anexionarse Crimea. Una posición secundada por otros países como Austria, Hungría, Francia o España.

Pero desde entonces los términos del debate han cambiado debido al apoyo de Rusia al régimen de Bashar al Asad en Siria y su participación en las últimas semanas en el asedio a la ciudad de Alepo. Algunos países, como Reino Unido reclaman incluso aumentar las sanciones a Putin. "Nuestro principal activo a la hora de tratar con Rusia sigue siendo nuestra unidad", ha dicho Tusk. El consenso más probable será dejar las sanciones como están, aunque la decisión no debe tomarse hasta diciembre.