Desafio al Constitucional

Los independentistas utilizan la Diada para alentar la desobediencia

Centenares de miles de manifestantes vuelven a llenar la movilización en cinco localidades de Cataluña.

Imagen de la concentración independentista en Barcelona del domingo

Imagen de la concentración independentista en Barcelona del domingo Efe

Ni los 30 grados de temperatura ni la sensación de hastío que ha recorrido el soberanismo fueron suficientes para que no se repitiera, por quinto año consecutivo, una gran movilización a favor de la independencia durante la Diada. Cientos de miles de manifestantes se repartieron por cinco puntos de Cataluña -Barcelona, Lleida, Tarragona, Berga y Salt- en otra demostración de fuerza del independentismo, aunque menos concurrente que las anteriores. 

Los discursos al acabar las concentraciones se convirtieron en un canto a la desobediencia para que los partidos independentistas no claudiquen en su vía unilateral.  “¡No aceptaremos ninguna inhabilitación!”, espetó Jordi Sànchez, presidente de la ANC. “La dignidad de un país se defiende en la calle, pero también en las instituciones”, añadió Sànchez, que hizo especial énfasis en el apoyo a su antecesora en la ANC, Carme Forcadell, hoy presidenta del Parlament. “Si el Tribunal Constitucional tiene el atrevimiento de inhabilitarla, con dignidad, vuelva a la sala de plenos”, afirmó. “¡Presidenta, no te fallaremos, estaremos contigo!”.

Los mensajes de apoyo a Forcadell se mezclaron con los discursos a favor de los impulsores de la consulta del 9 de noviembre de 2014.  “No estáis solos. Si os atacan a vosotros, atacan a todo un pueblo”, espetó Jordi Cuixart, el presidente de Òmnium. Desde la ANC, en un mensaje que recordó al pronunciado por Forcadell en 2014, también se pidió a Carles Puigdemont que convoque un referéndum unilateral. “Si queréis escuchar nuestra petición, no dudéis ni un momento en poner las urnas. Es el lenguaje que el mundo democrático entiende”, añadió Sànchez.

Quinto año de movilizaciones

La quinta Diada desde que empezó el proceso independentista llegaba cargada de incógnitas. Los inscritos previamente habían bajado un 25% y la descentralización de las convocatorias se entendió como una manera de disimular un suflé que empezaba a bajar por culpa de la inconcreción de los partidos políticos. Durante los últimos años, la movilización del 11 de septiembre en Cataluña se ha interpretado como un termómetro del apoyo social a la independencia y no eran pocos los que anticipaban un fracaso en la movilización de este año.

Los independentistas, sin embargo,volvieron a salir a la calle masivamente y abarrotaron los distintos municipios donde se celebraron las concentraciones. En Barcelona acudieron 540.000 manifestantes, según datos de la Guardia Urbana. En Salt (Girona) los Mossos contaron a 135.000 personas. En Lleida hubo entre 25 y 30.000 asistentes, según el Ayuntamiento y la Guardia Urbana. La policía local de Berga cifró en 60.000 los manifestantes mientras que al cierre de esta edición no había datos oficiales de Tarragona.  “En cifras oficiales, estamos por encima del millón”, se congratuló Sànchez. La Delegación del Gobierno, sin embargo, contabilizó 370.000 asistentes a las cinco manifestaciones. Este recuento implicaría que a la manifestación acudieron menos personas de las que se habían registrado para confirmar su asistencia.  

Lleno en Barcelona

El aspecto que presentaba la manifestación en Barcelona era parecido al de los últimos años, pero sin tantos problemas de movilidad. La descentralización de las manifestaciones impidió que se pudieran registrar esas impresionantes imágenes aéreas, pero la concentración desbordó incluso la zona que la ANC y Òmnium habían previsto. Tanto por encima de la Diagonal como pasado el Arco del Triunfo se amontonaron independentistas que no cabían en los tramos asignados, en una manifestación donde predominó el ambiente festivo y familiar entre un mar de esteladas.

“¿Por qué íbamos a fallar este año?”, se preguntaba un poco molesta Rosa Fresnell, que había acudido con toda su familia desde Martorell. La mayoría de los asistentes se consideraban ya “veteranos” de las movilizaciones de la Diada y lo demostraban luciendo merchandising de años anteriores. Era el caso de Josep Sanchís, un joven de 21 años de Barcelona. “¡Si por no salir a la calle una vez al año nos quedamos sin conseguirlo sería para matarnos!”, contaba muy emocionado. “¡Si el año que viene hay que volver, aquí estaré!”.

Los concentrados se repartieron a lo largo de Paseo de San Juan de la capital catalana. Diversas pantallas gigantes con TV3 informaban al minuto de lo que sucedía en las otras manifestaciones: qué autoridades habían llegado, cuánta gente había en cada sitio… Los manifestantes trataban de cubrirse de un sol abrasador y aplaudían con alegría las distintas exhibiciones de los castellers.

El punto álgido de la manifestación llegó a las 17:14 horas, cuando en Lleida se inició un “latido” que hacían los manifestantes levantando un puntero amarillo que la ANC repartió. Los “latidos” se fueron repitiendo paulatinamente en las otras concentraciones hasta acabar en la de Barcelona. A continuación se han leído sendos manifiestos en cada concentración. Los mensajes han sido en catalán, castellano, inglés y francés. “No vamos contra nadie sino a favor. Estamos construyendo una república catalana para todos y para todas”, ha afirmado la actriz Anna Bertran en Barcelona.

La primera vez de un ‘president’

La Diada de este año fue la primera que contó con la presencia de un presidente de la Generalitat. Carles Puigdemont se dejó ver en la concentración de Salt (Girona) y avisó al Gobierno de que “tomara nota” de la movilización porque, según él, los independentistas no pararán hasta conseguir su objetivo. “Es el momento que desde la clase política española se den cuenta de que sin Cataluña no se puede gobernar España”, añadió. Puigdemont desplegó un tono pactista que se inició durante la mañana en un encuentro con corresponsales extranjeros. En la reunión, Puigdemont explicó que volverá a solicitar un referéndum pactado al Estado y que, según sus cálculos, habrá elecciones constituyentes en Cataluña durante el otoño de 2017.

También fue la primera vez que Artur Mas asistía a una de estas concentraciones. Hasta la fecha Mas se excusó en su perfil institucional para no asistir a la manifestación de la Diada. Este año, sin embargo, acudió a la convocatoria de Barcelona. “Este año ya puedo estar”, declaró. “Tenía muchas ganas de venir”.