Debate de investidura

Rajoy se enzarza con Iglesias mientras Rivera le advierte de que "esto puede durar poco"

El presidente del Gobierno mantiene una agria polémica con Joan Tardà por el desafío soberanista.

Mariano Rajoy, responde a la intervención del portavoz del PSOE, Antonio Hernando.

Mariano Rajoy, responde a la intervención del portavoz del PSOE, Antonio Hernando. Efe

El binomio Mariano Rajoy-Pablo Iglesias tiene cada vez más papeletas de convertirse en la rivalidad que llenará de momentos icónicos y de frases célebres las crónicas parlamentarias de los próximos años. Esta mañana ambos se han enzarzado de nuevo en la primera sesión del debate de investidura del líder popular. Iglesias ha dedicado unos pocos minutos de su intervención a alzar la voz contra los socialistas, pero pronto se ha investido con la aureola de "jefe de la oposición" para encararse con Rajoy, al que ya considera su verdadero antagonista. 

Rajoy vs. Iglesias

La intervención de Iglesias ha tenido de todo: habló de "delincuentes potenciales" dentro de la cámara, de la ausencia de principios en el PSOE e incluso alusiones a los SMS de Rajoy -"los manejaba de maravilla"-. Un Rajoy más distendido que ayer volvió a entretenerse con el líder de Podemos. Sin detenerse demasiado con el PSOE de Antonio Hernando, cuya lacónica y escueta intervención apenas ocupó titulares durante la primera media hora del debate, Rajoy e Iglesias monopolizaron la mañana. Ambos se recrearon en la chanza e incluso el propio presidente en funciones se permitió cierta autocrítica. "Con Twitter voy mejorando, y con los SMS me manejé peor, pero también voy mejorando", sostuvo, esbozando una sonrisa. 

Iglesias encajó bien los correctivos dialécticos de Rajoy. "Entiendo que no le guste mi Gobierno. Yo no digo nada del suyo, porque no lo conozco, y no me gustaría conocerlo nunca". El líder de Podemos mostró tanta cintura como el popular y así, entre consejos, de uno, opiniones de otro y abucheos de la bancada hacia según qué interlocutor, proseguía una mañana entretenida. El tono de Iglesias, menos exaltado y combativo que en otras ocasiones, le resultó más efectivo incluso en proclamas tan agresivas como las que recalcó en otras ocasiones. "Lo que no consiguió la Triple Alianza por las urnas lo va a conseguir con el abstencionazo". 

Tampoco faltó Albert Rivera, quien plagó su intervención de apelaciones a Adolfo Suárez,  y mostró su regocijo por que Rajoy haya aceptado finalmente las 150 medidas propuestas de su partido para darle el 'sí' en la investidura. Sin embargo, Rivera no pudo sino advertirle. "Si no cumplen nuestras condiciones, esto puede durar poco".

El desafío de Tardà

Joan Tardà mantiene siempre la misma pose y fachada. Su traje negro y su bigote blanco conforman el atrezzo que acompaña siempre al personaje. Aunque previsible, y en ocasiones extravagante, su discurso siempre es esperado por el auditorio, sobre todo por el enfrentamiento dialéctico que suele mantener con Mariano Rajoy. Hoy no fue menos, y ninguno de los dos escatimó en elogios hacia el otro. El más ferviente de todos llegó casi al final del turno de palabra, cuando sus señorías huían del hemiciclo para acogerse al receso. Tardà se ataba una vez más al mástil del barco independentista. "El Parlament ratificará a la investigada Forcadell". 

El líder de ERC consideró que era el momento de elevar el tono. Sus señorías no abarrotaban ya el hemiciclo: Pedro Sánchez salió de la sala, como Errejón e Iglesias en sendas ocasiones; él y Rajoy discutían solos. "Juzgar a Mas por poner urnas en un proceso participativo es la antesala de su fracaso. Usted convierte un conflicto político en un problema de derechos humanos", desafió Tardà.

Rajoy, que tiene la lección aprendida contra Tardà subió de nuevo a la tribuna resignado ante un rival al que no se le puede convencer. Tiró entonces de ironía. "Sin duda la suya es la intervención que hay que hacer para preparar un diálogo franco y abierto. Después de lo que hemos escuchado aquí, algunos en esta Cámara creerán que son la madre Teresa de Calcuta". Su defensa de la "unidad de España" fue férrea, como de costumbre.  "Le ruego que sea consciente de que hay una amplia mayoría de catalanes que no son como usted".

Y Tardà, que no cejó en su empeño, protagonizó el último debate de la mañana antes del receso declarado por la presidenta del Congreso, Ana Pastor. 

-No conseguirán hacernos descarrilar. Yo sé algunos de ustedes estarían interesados en que el proceso catalán fuera un proceso guerracivilista, que hubiera violencia. Ustedes Intentan asociar el proceso catalán a la división. Eso es cuñadismo.

-Insisto: no puedo permitir que ningún diputado nos traslade de nuevo a la ley de la selva. 

Y tras esa última frase, Rajoy se bajó de su escaño y todos se fueron a comer.