Diana Quer

Las cinco pistas que sigue la Guardia Civil para dar con Diana Quer dos meses después

La investigación conduce a un hombre de "mala pinta" con el que la joven se vio en Taragoña.

Cartel de Diana Quer en uno de los coches de Protección Civil desplegados en el operativo.

Cartel de Diana Quer en uno de los coches de Protección Civil desplegados en el operativo.

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La investigación continúa a paso lento, pero firme. Diana Quer desapareció hace dos meses –en la madrugada del 21 al 22 de agosto- y la Guardia Civil se aferra a los cabos que va desgranando en las pesquisas para tratar de determinar qué ocurrió con la joven madrileña de 18 años. Durante los primeros días, el abanico de posibilidades que se le dibujaba al Instituto Armado era infinito; ahora, al menos hay un puñado de pistas abiertas que pueden aportar algo de luz en uno de los misterios más exigentes para los agentes en los últimos años.

Del parque de Valle-Inclán, en el corazón de las fiestas de A Pobra do Caramiñal, a desaparecer sin dejar apenas rastro. La investigación ha ido reconstruyendo, con tremendo esfuerzo, los pasos que Diana Quer dio aquella noche. La secuencia arranca a las 22.30, cuando Diana López-Pinel, su madre, la deja en compañía de sus amigos. Pasadas las dos de la madrugada, la joven se despide y se marcha a su casa, distante a unos veinte minutos a pie. Los agentes al frente de la investigación, los mismos que resolvieron el caso Asunta Basterra, empiezan a construir sus pesquisas a partir de esa única certeza.

Gracias a los datos de algunos testimonios y sobre todo del trabajo del equipo de investigación tecnológica, la Guardia Civil ha delimitado el rastro que Diana Quer dejó aquella noche. “Me llama un gitano”, escribió la joven a un amigo suyo a través de WhatsApp cuando volvía a casa. Las pesquisas pronto dejaron a un lado a los feriantes que se encontraban en A Pobra. Al menos, como sospechosos: su relato es importante para reconstruir los pasos de Diana.

Y, a partir de ahí, nada. Los datos que se tienen sobre los pasos de la joven desaparecida llegan a través de su terminal telefónico y del relato de algunos testigos. Estos son los frentes que la Guardia Civil maneja sobre Diana Quer dos meses después de su desaparición:

1. Un hombre de “mala pinta”

Varios testimonios ubican a Diana Quer en Taragoña. El lugar, en el que viven unas 1.700 personas, es el último escenario en el que se sabe que estuvo la joven. El relato de algunos de sus vecinos advierte de la presencia de dos coches en el muelle la misma noche de la desaparición: uno llegó desde A Pobra do Caramiñal, donde Diana veraneaba con su madre y con su hermana, Valeria; el otro llevaba al menos una hora esperando.

Según estos testimonios, la joven madrileña se bajó del primero –donde se encontraban otros tres chicos- y subió por su propio pie al segundo. La descripción que ofrecen los testigos sobre el ocupante del segundo coche es la de un hombre de “mala pinta”.

La Guardia Civil ha solicitado un informe con las personas con antecedentes penales en la zona de Rianxo, a la que pertenece Taragoña. El margen de búsqueda es amplio, pero los investigadores confían en ir reduciendo el número de sospechosos de acuerdo a sus movimientos. Tan sólo son susceptibles de ser investigados aquellos que coincidan con los datos obtenidos hasta el momento.

2. Las casas de Taragoña

La Guardia Civil ha solicitado un segundo informe que afecta a Rianxo; en esta ocasión, de la relación de viviendas en desuso que hay en Taragoña. Las dos últimas señales de su teléfono móvil las capta la misma antena de repetición –a las tres y a las cuatro de la madrugada- y los agentes rastrean en un radio de siete kilómetros alrededor de la misma.

Diana Quer pasó al menos una hora en Taragoña. Las pesquisas tratan de localizar el lugar exacto en el que estuvo. Por el momento se han rastreado, sin éxito, los puntos en los que se suelen reunir parejas jóvenes a bordo de sus vehículos, como naves abandonadas o algunos espacios abiertos. En ninguno de estos lugares se han encontrado evidencias de la presencia de la desaparecida.

Por eso, las sospechas apuntan a que Diana estuvo en alguna de las muchas viviendas en desuso de Taragoña, donde además de casas abandonadas hay también otras de veraneo, que sus inquilinos sólo abren en periodos vacacionales.

Diana Quer estuvo en Taragoña entre las dos y las tres de la madrugada.

Diana Quer estuvo en Taragoña entre las dos y las tres de la madrugada.

3. Los testigos

A la Guardia Civil no le ha sido fácil filtrar las llamadas de todos aquellos que creían haber visto a Diana Quer, que ha protagonizado una de las desapariciones más mediáticas de los últimos tiempos. La asociación SOS Desaparecidos ha recibido centenares de mensajes con supuestas localizaciones de la joven, tal y como explicó a EL ESPAÑOL el presidente de la organización, Joaquín Amills.

Pero el relato que han aportado algunos de los testigos ha sido clave para ir delimitando la investigación. Los amigos con los que Diana quedó hace dos meses explicaron que la joven no evidenciaba gestos extraños o un comportamiento anormal que hiciera pensar en una fuga inminente; otros vecinos de A Pobra do Caramiñal –entre ellos, los propios feriantes que acudieron con motivo de las fiestas patronales- determinaron que Diana Quer siguió a pie el camino comprendido entre el parque de Valle-Inclán y su casa.

Ahora, tras conocer que la joven llegó hasta Taragoña en coche, la Guardia Civil ha reunido algunos testimonios que son de máxima importancia para las pesquisas. Gracias a ellos, la incógnita se sitúa ahora sobre los ocupantes de los dos vehículos que se reunieron en el muelle. Diana bajó del primero, con tres jóvenes a bordo, y subió al segundo, con un hombre de “mala pinta” en su interior.

4. El teléfono móvil

La investigación de la Guardia Civil no hubiera obtenido los avances logrados de no haber sido por el teléfono móvil y las antenas de repetición. En un primer momento, los agentes pidieron a los amigos de Diana Quer con los que se escribió aquella noche que mostraran los mensajes intercambiados, con el fin de determinar las intenciones de la joven. De ahí surgió el mensaje en el que decía “me están siguiendo” y se investigó a los feriantes, que finalmente no estaban implicados en el caso.

El equipo de investigación tecnológica logró activar por control remoto el terminal de la joven. Este procedimiento, que no requiere su encendido, reveló parte del contenido de la nube virtual vinculada al smartphone de Diana Quer, incluidos sus mensajes y los datos de sus redes sociales.

Pero las pesquisas en torno al terminal son esenciales más allá de los mensajes o las llamadas que Diana pudo intercambiar. La señal de su teléfono móvil, captada por diferentes antenas de repetición, ha permitido a los agentes conocer los movimientos de la joven, trasladando el foco hasta Taragoña.

Si los agentes logran determinar un número concreto de sospechosos en torno al caso, tratarán de certificar a través de su rastro digital dónde estuvieron la noche en la que desapareció Diana Quer.

5. La familia y los amigos de Diana

La Guardia Civil mantiene abiertas las vías de comunicación con los círculos más próximos a Diana Quer. Su padre, Juan Carlos Quer, y su madre, Diana López-Pinel, colaboran con los agentes en las pesquisas en la medida de lo posible. Sus relatos –especialmente el de la madre, que era la que convivía con sus dos hijas en A Pobra el día de la desaparición- fue crucial para determinar las vías de la investigación en sus primeras fases.

Diana López-Pinel sostiene, a través de su abogado, que Diana Quer es víctima de una desaparición forzosa y que algún día aparecerá con vida. Joaquín Amills, presidente de SOS Desaparecidos, ha revelado este miércoles la solicitud de López-Pinel de extender la alerta a Estados Unidos; una petición lanzada por iniciativa propia y no por las fuentes de la investigación.

Juan Carlos Quer ha lamentado en muchas ocasiones que la complicada situación que atraviesa su familia trascienda más allá de la investigación. A medida que los agentes iban obteniendo más datos, el padre de Diana ha ido conociendo algunos detalles sobre la vida de su hija que apenas conocía. Entre ellos, los amigos de la joven, a los que definía como gente “poco recomendable” y que podrían estar “bordeando la ley”.

Todos los datos que los investigadores han obtenido a través de estos testimonios –tanto por parte de sus padres, su hermana Valeria o los amigos de Diana- han sido estudiados al milímetro. Por el momento, las pesquisas siguen bajo un secreto de sumario que termina esta misma semana: se prevé que el juzgado que las instruye lo prorrogue al menos un mes más para no alterar los trabajos del Instituto Armado.