La justicia recula

"Si yo me llamo Digna Marciana, ¿por qué él no se va a llamar Lobo?"

En el pueblo de los nombres más raros del mundo, los habitantes festejan la admisión del nombre del niño. 

Ayuntamiento de Huerta del Rey, el pueblo de Digna Marciana y Vistila

Ayuntamiento de Huerta del Rey, el pueblo de Digna Marciana y Vistila

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En Huerta de Rey –Burgos– lo raro es llamarse Javier, Borja o Jorge. Lobo sería uno más entre tantos. De hecho, ya hay uno. “Le apodamos así, aunque no es su nombre real, pero como si lo fuera”. En este pueblo de la Castilla profunda, el nombre elegido por los Javierre, y que el juez finalmente ha aceptado, suena a cotidiano, al desayuno de cada día, al sol que siempre se pone, a la tierra dando vueltas.

A principios del siglo XX, el cartero se volvía loco. Muchos de los vecinos compartían apellido y entregar las misivas correctamente era una aventura. Hasta que se le encendió la bombilla al secretario del Ayuntamiento. Martirologio romano en mente, promovió el nombre bizarro y curioso en este pueblecito de poco más de mil habitantes. Así hasta lograr el récord mundial de los nombres raros.

Preguntados por el debate judicial que impedía a los Javierre llamar a su hijo Lobo, lo tienen claro: “Tienen derecho a llamarle como quieran”. Hablamos con Digna Marciana y Vistila, paisanas de Burgundófora Cancionila, Hierónides y Firmo.

Digna Marciana: “Veo muy feo que no les dejaran elegir”

Vista aérea de Huerta del Rey

Vista aérea de Huerta del Rey

Digna Marciana encarna el respaldo propicio, en el momento oportuno y desde el pueblo adecuado. Tiene 85 años y suele cruzarse a diario con Iluminada, Filadelfo o Austiquiliniano. Esta localidad es una pequeña gota de ese realismo mágico y castizo en peligro de extinción.

Es una de las habitantes más ilustres de Huerta de Rey y ha querido alzar la voz en favor de la familia madrileña, que estos días se vio rodeada por la presión mediática, la negativa de la Justicia y la incertidumbre ante el futuro de su hijo.

“Muy feo. Lo veo mal, muy mal, que no les dejaran elegir el nombre. Porque en esta vida nadie es más que nadie. A mí me pusieron éste y así me quedé, muy contenta”, explica indignada a este periódico. En un principio, los funcionarios no dudaron en negar sin rodeos el nombre a los padres de Lobo. “Podría resultar ofensivo y perjudicial para el niño”, dijeron. Sin embargo, en el pueblo de los nombres raros, Digna Marciana se posiciona del lado de los Javierre. “Aquí nadie tuvo nunca problema a la hora de elegir el nombre para sus hijos”. ¡Y esto hace más de ochenta años! “Yo estoy a gusto con el mío”, apunta sin complejos.

Al igual que ella, muchos de los habitantes del pueblo podrían pelear por tener el nombre más raro que jamás se hubiera pronunciado. “Salí la primera con el nombre más original que había. Y ahora llevo toda la vida con él. Una cantidad de años muy grande”, asegura con orgullo. Cuando nació, sus padres tampoco dudaron en llamarla como ellos querían. Los funcionarios del pueblo ya estaban acostumbrados por la cantidad de personas con nombres curiosos a su alrededor. Sin embargo, la sorpresa no dejó de ser mayúscula. “Cuando nací, mi padre tenía muchas ganas de que me llamasen así. Y les dijo: como no le pongas el nombre que tengo, yo no la llevo”.

-¿Y qué quiere decir Digna Marciana?

-Pues que soy Marciana y nada más. Hay muchos otros nombres raros.

La polémica de Lobo Javierre le resulta absurda: “Si quieren ponérselo, se lo pueden poner. Si no quieren ponerle, que no le pongan. A mí ese nombre me parece bonito”.

Igual que a Lobo, hace años que la presión de los medios agobia a Digna Marciana con cierta frecuencia. Televisiones, radios y periódicos han acudido una y otra vez a ese pequeño rincón en el que no pasa el tiempo y los nombres cobran vida propia. “Fui a Madrid a la televisión. Ya vinieron muchas veces. Y ahora, a mi edad, estoy un poco hartita”.

Vistila: “Que los padres decidan”

Vitila es la mejor postal de la tradición de Huerta de Rey. Cuando nació, sus padres esperaban un chico y no tenían un nombre preparado. Sus tías fueron corriendo al Ayuntamiento y el secretario, Martirologio romano sobre la mesa, les dijo: “Podría llamarse Vistila”. Y así fue. Sin ambages. Se llamó Vistila.

A Vistila el nombre de Lobo no le gusta, pero apuesta por la libertad de los padres: “Lo digo con sinceridad, el nombre no me parece bien, pero cuando yo era niña, el mío tampoco me gustaba. Y ahora estoy muy orgullosa de él”.

Reflexiva y cariñosa, ‘Visti’ –como la apodaron– no llamaría a su hijo Lobo: “Eso es una cosa, pero claro, al nacer ningún nombre pega. Que me lo digan a mí. Y al final…”, discurre.

En cualquier caso, le parece increíble que los progenitores no pudieran decidir el nombre: “Tenían razón en la protesta. Ellos deben elegir. Les doy mi apoyo, sin duda”.

- El juez dijo que Lobo podría llevar a la confusión a la hora de identificar a la persona. ¿Así lo cree usted?

- ¡En absoluto! ¿Qué pasa entonces con Burgundófora Cancionila? La llamaron así sus padres y está contenta y orgullosa. Sin ningún problema.

Vistila y Digna Marciana cuentan que los nombres raros ya no se ponen con frecuencia en el pueblo y que la tradición muere poco a poco, aunque todavía hay algunos jóvenes enamorados de la originalidad: “Mi nieto me ha dicho que si tiene una hija, la llamará como yo”, dice Visti.

Lograda la gesta, lo que es seguro es que los Javierre tendrían un hogar asegurado en Huerta de Rey, el paraíso del nombre único. Podrían alojarse al lado de Quiteria, Eduviges o Irminia.