Así descubrimos el 'caso Urdangarin' (I)

El simposio de 48 horas por el que Urdangarin ganó más de un millón de euros

El disparatado presupuesto que presentó Nóos en Baleares fue la primera gran prueba del escándalo.

Urdangarin junto a los deportistas que participaron en el simposio.

Urdangarin junto a los deportistas que participaron en el simposio. Efe

Uno de los mejores restaurantes italianos de Palma se llama Rossini y está escondido en la calle Pi, un intrincado callejón que discurre en paralelo a la Avenida de Jaime III en el corazón del casco antiguo de la ciudad. Sirve la mejor pasta fresca de la isla pero, sobre todo, es un sitio discreto en el que sólo se atreve a sostener la mirada a los comensales una fotografía en blanco y negro enmarcada de Sofía Loren.

Eduardo Inda, entonces director de El Mundo/El Día de Baleares, y yo, que me había incorporado tres años antes al periódico como redactor, emplazamos allí a Antonio Diéguez. Este abogado y hábil parlamentario socialista se había significado ya en 2005 como el gran y casi único azote de la corrupción del PP. Un partido que desplegaba entonces sus tentáculos con fuerza en alianza con la todopoderosa líder de Unió Mallorquina Maria Antònia Munar y se mostraba inmune y desafiante ante cualquier ataque.

“Eduardo, tú problema es que todavía no has entendido cómo funciona Mallorca”, le espetó una mañana en el hall del madrileño Hotel Palace el ex presidente balear Jaume Matas a Inda ante las primeras informaciones del periódico, que demostraban cómo el PP vulneraba de manera obscena la ley para favorecer a algunos de los más oscuros empresarios locales.

El 'Rubalcaba' balear

El caso es que si se perpetraba alguna fechoría en el Gobierno de Matas, una de las personas más cualificadas y eficaces para documentarla era Diéguez, tras quien los 'populares' isleños veían a una versión balear de Rubalcaba y temían mucho más que a su jefe Francesc Antich, al que directamente menospreciaban. De hecho, este parlamentario había encontrado en nosotros a unos aliados inesperados para desenmascarar a un socio local del PP en el municipio de Llucmajor.

Un individuo indescriptible, de nombre Joaquín Rabasco, y que se adjudicó más de un millón de euros públicos a sus empresas bajo el pretexto de la organización de las fiestas del pueblo, en las que siempre tocaban 'Los Brunos', el conjunto en el que cantaba el propio edil. 

Pero el envite del Rossini excedía en mucho las tropelías de los descuideros locales. Iñaki Urdangarin había celebrado en Mallorca la primera edición de lo que de manera rimbombante bautizó como 'Illes Balears Fórum'. Pese a sus pretensiones su proyecto consistió en poco más que unos simples ciclos de conferencias de apenas 48 horas de duración que consiguió reunir a un puñado de caras conocidas en el centro de convenciones del Hotel Meliá Victoria.

Aquel evento despertó nuestra curiosidad periodística de inmediato. Tanto por el personaje como por el emplazamiento escogido. Curiosamente el formato planteado por Urdangarin era muy similar al desarrollado allí mismo por nuestro periódico, que bajo el encabezamiento de 'El Foro de El Mundo/El Día de Baleares', había congregado en poco tiempo a las principales personalidades políticas y empresariales del país. Desde Mariano Rajoy pasando por los sucesivos presidentes del Real Madrid y del FC Barcelona a banqueros como Ana Patricia Botín.

La única diferencia parecía estribar en que los eventos del periódico se sufragaban con fondos privados y el de Urdangarin, con dinero del Govern balear. El formato y el aforo eran similares pero todo parecía apuntar a que las cifras que manejábamos los unos y los otros eran muy distintas.

"Toni, ¿cuánto ha costado lo de Urdangarin?"

El empresario Romeo Sala, relaciones públicas de la Isla y propietario del campo de golf de Pula, vio pronto en Urdangarin a un potencial competidor y avivó todavía más nuestro celo. "Me han dicho que el Govern le ha dado a Urdangarin un pastizal por hacer esa cutrez", nos avanzó. “¡Pero si lo que ha hecho lo hago yo en Son Servera con cuatro duros!”.

- "A ver, Toni, ¿cuánto ha costado lo de Urdangarin?", fue nuestra primera pregunta a Diéguez bajo el silente escrutinio de la actriz italiana en una de las salas abovedadas del restaurante italiano. "Allí celebramos nuestros foros y sabemos lo que cuesta perfectamente organizar algo así". - "Además", terció Inda, "acabo de participar como ponente y te puedo asegurar que los invitados no recibimos ni un solo euro".

Eduardo contó al diputado, para añadir una fuente más que corroborara su argumentación, que el tenista Rafael Nadal, que acudió a la misma jornada junto a la gimnasta Elena Gómez y al futbolista Samuel Eto'o, le confirmó personalmente que a él tampoco le habían dado un solo euro por participar.

- "Mirad, no sé lo que habrá costado pero voy a pedir el expediente por vía parlamentaria y lo sabremos. Lo que sí que os avanzo es que se ha adjudicado sin concurso", agregó el diputado, que nunca ha escondido sus gestiones en torno a este asunto.

- "Ahora bien, ¿os lo dejarán publicar?", nos inquirió con esa sonrisa maliciosa que tan nervioso ponía a la bancada 'popular'.

- "Y a ti, ¿te dejarán en tu partido pedir los datos?", se la devolvimos orgullosos.

- "Ya os digo yo que los voy a pedir", zanjó el diputado con aplastante seguridad.

Abandonamos el restaurante, los unos y el otro, sin excesivas esperanzas de que el Ejecutivo balear soltara prenda y dejase ver el expediente administrativo al malvado de Diéguez. Pero en este extraño arte de la pesca de noticias nunca se sabe y por intentarlo no iba a quedar.

"¡1,2 millones de euros!"

Dejamos pasar las Navidades de 2005, que transcurrieron sin sobresaltos y en las que Urdangarin planeaba ya la perpetuar su Illes Balears Fórum, y recibimos una nerviosa llamada una tarde de febrero de 2006. Contra todo pronóstico, el Gobierno balear había contestado la solicitud en tiempo récord y el diputado tenía en su poder el presupuesto completo de las jornadas. Increíble pero cierto.

- "¿A qué no sabes cuánto nos han costado las charlas de Urdangarin?", me avanzó por teléfono el parlamentario con una indisimulada sensación de satisfacción. Dejó pasar unos segundos para alimentar el suspense y, tras esbozar su característica risa nerviosa, se contestó a sí mismo: "1,2 millones de euros".

Solté un exabrupto al otro lado del teléfono y cogí el coche en dirección al bufete del diputado, situado enfrente de El Corte Inglés de las Avenidas de Palma. Me acompañó Eduardo Colom, periodista de investigación de El Mundo en Baleares, que se sintió inmediatamente atraído por la cifra que le había adelantado, el protagonista de la historia y los posibles conceptos que podía contener el contrato.

Recuerdo que comenzó a llover con violencia monzónica, en un extraño presagio de lo que se avecinaba. Aparqué en doble fila y regresé con la documentación, que fue desgranando mi compañero camino a la redacción desde el asiento del copiloto.

- "A ver, 100.00 euros sólo para el Gabinete de Prensa de las jornadas. Aquí pone 25.000 euros para la jefa de prensa; 15.000 euros para un responsable de relaciones con la prensa; 40.000 pasa un director de publicaciones; 20.000 euros más para un gabinete de prensa externo; 120.000 para pagar a los ponentes que no cobraron un euro; 90.000 en concepto de acuerdos de investigación con universidades; y 35.000 euros más para establecer una red de regiones".

El 'pacto del Rossini'

Pero la lista de conceptos disparatados y cifras infladas parecía no tener fin.

- "Hay más: 5.000 para abogados; 30.000 para el diseño de muebles; 50.000 para la construcción de equipos técnicos y audiovisuales; y 46.000 más para la edición de unos libros sobre las jornadas".

El 'pacto del Rossini' fue cumplido escrupulosamente por ambas partes. Diéguez denunció públicamente que el Govern había pagado a Urdangarin "más por hora que lo que abonaba el Barça a Ronaldinho" y El Mundo publicó en portada a nivel nacional las cifras de los foros del duque de Palma en medio del silencio ensordecedor del resto de medios, que escondieron las palabras de Diéguez y no se interesaron en ningún momento por las cifras del evento.

Sin embargo, las informaciones y la reacción del PSOE desataron los primeros movimientos telúricos. Los socialistas baleares recibieron la instrucción desde Madrid de bajar el diapasón de la crítica en este tema y nosotros recibimos una curiosa visita en la redacción del periódico.

Una nutrida comitiva del Instituto Nóos encabezada por José Luis Pepote Ballester, director general de Deportes del Gobierno balear, amigo personal de las Infantas y medallista olímpico de vela, nos pidió airadas explicaciones en persona por lo sucedido. Pepote encarnaba con su presencia el aval de Matas y Diego Torres, la postura oficial de Nóos, es decir, de Urdangarin.

- "Mirad, si no vamos a contar con el apoyo de todos los agentes de Baleares, nos llevamos el foro a otro lugar del Mediterráneo, porque nos llueven las ofertas", recuerdo que nos advirtió en tono desafiante Torres, que se escondía tras sus gafas de pasta. "O sea, si no lo queréis aquí, nos marchamos", nos trasladó.

Pepote, convertido en un mero agente comercial de Nóos, asentía sumiso con la cabeza y nos instaba a poner punto y final a las informaciones sobre el tema por el supuesto bien de la economía balear, de la Casa Real y de sí mismo, que se había ofrecido a resolver el entuerto.

La primera reacción de la Casa Real

Solventamos aquella sombría reunión quedando emplazados a visitar las oficinas de Nóos en Barcelona; pedimos sin demasiado éxito un encuentro con Urdangarin para que nos explicara dónde había ido a parar el dinero; y cesamos de publicar informaciones sobre el tema. Pero no por aquella desagradable cita sino porque el expediente administrativo ya no daba más de sí y habíamos exprimido hasta el último de los conceptos.

Nos despedimos con frialdad y sólo volvimos a tener noticias de aquella curiosa comitiva de expertos en turismo y deporte al conocer, poco después, y sin que mediara ninguna nueva revelación por nuestra parte, que la Casa Real había ordenado expresamente a Urdangarin abandonar la presidencia del Instituto Nóos.

Acostumbrados a publicar documentados casos de latrocinio de fondos públicos en las Islas sin que la clase política se inmutara, aquello nos reconfortó y nos inquietó a partes iguales. Porque lo que parecía una simple simple cacicada para beneficiar al yerno del Rey tenía visos de albergar mucho mayor calado.

Volvimos a hablar y a comer con Diéguez durante los años siguientes, con Sofía Loren casi siempre presente, pero ya para comentar irregularidades infinitamente menos trascendentales.