OPINIÓN

¿Merece la pena abonarse a la Fórmula 1?

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Lewis Hamilton cruza la línea de meta en el GP de Austria.

Lewis Hamilton cruza la línea de meta en el GP de Austria. REUTERS

La falta de competitividad tanto de pilotos como equipos ha ensalzado aún más el ejemplar trabajo realizado durante media década por parte de Mercedes. Gracias a un concienzudo plan y a la habilidad de Ross Brawn, que consiguió que el reglamento de la Fórmula 1 se adaptase a los intereses de la escudería, se ha creado una combinación ganadora que ha derivado en una superioridad nunca vista hasta ahora.

'Toto' Wolff y Niki Lauda han recogido y aprovechado los frutos de una buena planificación, consolidando a la marca alemana como el máximo referente tanto a nivel mecánico, aerodinámico como de motorización (tanto híbrida como térmica).

La supremacía incontestable de los alemanes, que monopolizan el 85% de las victorias en la F1 desde que es híbrida, sumada a la incapacidad técnica de Renault, Ferrari y especialmente de McLaren-Honda, ha abierto un margen que, a día de hoy, resulta insalvable excepto en ocasiones y condiciones extraordinarias.

A la falta de capacidad competitiva de quienes podrían plantear batalla por el Mundial se une la sinrazón y la pérdida de papeles de los responsables de dictar y hacer respetar las normas del deporte. Y, así, tenemos el cóctel perfecto que ha transformado la Fórmula 1 en 'Fórmula Aburrimiento'.

Aficionados ausentes

Cada día que pasa es más complicado encontrar a los seguidores que tradicionalmente disfrutaban de la Fórmula 1 cada fin de semana, salvo aquellos incondicionales que nunca han sido mayoría en España. El aficionado común huye ante la falta de espectáculo y a la imposibilidad de ver a los pilotos de su país, como Alonso -otrora locomotora de las audiencias- o Carlos Sainz, luchar por algo más que los puntos.

La Fórmula 1 ha sido siempre apasionante por su velocidad, por la sensación de ir al límite en cada vuelta, a bordo de unos coches que atronaban con su rugido histérico los oídos de quienes abarrotaban las gradas de los circuitos y hasta los salones de quienes disfrutaban del espectáculo desde sus viviendas.

La ironía del ahorro

La 'Fórmula Ahorro' implantada por Jean Todt, quien fuera responsable de los éxitos de la Ferrari de Schumacher y hoy jefe de la FIA, quiere coronar a la federación como la más verde en la lista de Green Peace.

El ahorro ha sido tal que la emoción ha desaparecido por completo. Los pilotos ahora ni sudan al bajarse de los coches más sencillos de pilotar aunque con los volantes más incomprensibles de configurar.

'Porno duro' sólo para ingenieros

Pese al aumento de potencia conseguido en las unidades de potencia, que baten año a año los récords de eficiencia térmica, lo único que se ha conseguido crear ha sido una especie de 'porno duro' sólo para ingenieros. El más caro de la historia, que deja a pilotos y aficionados fríos por una reglamentación que impide exprimir todo el excepcional potencial de los monoplazas.

El ahorro de gasolina limita los ataques y las luchas por la posición, como atestigua una y otra vez Fernando Alonso, que se ha convertido esta temporada en el altavoz de la frustración de los seguidores y compañeros de pista.

La preservación de los neumáticos Pirelli es esencial para conseguir una buena plaza al bajar la bandera a cuadros, lo que limita el potencial de los coches más caros del mundo y de los veintidós pilotos más dotados del planeta. Ahora se entiende por qué Michelin no quiere oír la palabra Fórmula 1.

La 'Fórmula Ahorro' ha limitado los test y hundido la capacidad de recuperación de algunos equipos, como Ferrari, que cada vez están más lejos de las prestaciones de los mejores. Mientras, cada temporada entran nuevas escuderías en bancarrota.

La nuevas normas que entraran en vigor en 2017 quieren revertir esta decadente tendencia. Y eso que aún queda media temporada por delante, lo que provoca que muchos duden a la hora de desembolsar los diez euros mensuales que cuesta disfrutar del una vez llamado 'Gran Circo' de la Fórmula 1.