Mundial de Fórmula 1

Caza de brujas en Ferrari

Marchionne toma el mando de Ferrari e indaga en toda su estructura, persona a persona, para encontrar el fallo de su equipo. No quiere malgastar la oportunidad de triunfar en 2017 ni de perder a Vettel como hicieron con Alonso.

Raikkonen antes del GP de Silverstone.

Raikkonen antes del GP de Silverstone. Reuters

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En el pasado Gran Premio de Silverstone, ante la atenta mirada de los dependientes de las escuderías rivales y sus familias, que tienen su puesto de trabajo y lugar de residencia en los alrededores del famoso circuito británico, se produjo el hundimiento definitivo de lo sueños de Ferrari de codearse por el título con Mercedes.

Media temporada llena de infortunios, errores, fallos y mucha mala suerte ha tenido que transcurrir para que en Maranello se disipen para siempre las ilusiones de inicio de temporada y se ponga en peligro hasta la medalla de plata de los segundones, tras el evidente sorpasso protagonizado por Red Bull.

Sergio Marchionne, presidente de Ferrari y máximo jefe del imperio Fiat-Chrysler, ha tenido que tragarse sus vaticinios tras convencerse de la imposibilidad de su equipo de dar la talla que él mismo vendió al mundo.

Tras la hecatombe británica del equipo, el gran jefe ha tomado rumbo Maranello para gestionar en primera persona la crisis y conocer in situ a cada uno de los miembros del equipo. Allí buscará encontrar una solución a una situación actual que corre el riesgo de contagiar el proyecto de 2017 que, de no ser competitivo, puede sumir a Ferrari en otro letargo como el protagonizado en la era Red Bull, el mismo que actualmente padece como consecuencia de la supremacía Mercedes.

Pasando por encima del jefe de equipo Arrivabene, pero sin restarle protagonismo, Marchionne ha instalado su centro de operaciones no en Ferrari sino en la GES (Gestione Sportiva), la sede del equipo de competición donde se proyectan y construyen en secreto todos los elementos de los monoplazas de Fórmula 1.

Sebastian Vettel antes de un entrenamiento.

Sebastian Vettel antes de un entrenamiento. Reuters

Desde su reducto modenés, el presidente de Ferrari, emulando al viejo 'commendatore' Enzo Ferrari ,está interrogando uno a uno a los responsables del proyecto del SF16-H para saber por qué el monoplaza que debía luchar por el mundial no funciona en pista salvo en momento claves. También cómo puede ser que Mercedes no pare de aportar evoluciones que funcionan y les alejan, mientras que el coche de Vettel y Räikkönen parecen casi fotocopias del visto en la presentación.

Quien conoce al manager italiano sabe que no le gustan las personas sin iniciativa y la falta de aportación de ideas en el mamagement. Por este motivo, la caza de brujas desencadenada en Italia, no tiene como finalidad cortar cabezas, sino encontrar el 'atrevimiento' y talento entre todos los componentes del equipo de proyectación y diseño.

Con 'todos', Marchionne piensa no sólo en las primeras espadas de los técnicos, sino en aquellos detrás de ellos, los que no salen en los titulares. Aquellos que a veces no pueden mostrar sus ideas como consecuencia de una estructura y burocracia que frena el talento y las soluciones que pueden cambiar el rumbo.

El nerviosismo se palpa en el ambiente en el equipo italiano, que ya ha quemado a un campeón como Fernando Alonso y que corre el riesgo de abrasar las expectativas de todo un cuatro veces campeón del mundo como Sebastian Vettel, quien estaba entregado a la religión Ferrari como si de un italiano nacido en Fiorano se tratara, pero que las circunstancias están haciendo tambalear su fe hasta el punto de preguntar en su tierra natal cómo está el mercado en caso de que el barco rojo encalle con él dentro.