Eurocopa de Fútbol 2016

Otro fracaso de España

La selección española cae ante una Italia que la dominó durante 75 minutos (2-0), se despide de la Eurocopa y cierra de forma muy dura un ciclo de ocho años.

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No era de extrañar que Italia hubiese resistido a España hasta la prórroga para ejecutarla después al contragolpe, o que la ‘Roja’ se desfondara en un ataque continuo y sin goles contra una defensa de precisión robótica, pero jamás se previó lo visto esta tarde en el Stade du France: un equipo dominado tácticamente (cuando no aplastado) por una selección italiana que alcanza los cuartos con absoluta justicia, pese a que Buffon salvase en los minutos finales un empate milagroso antes del descabello final de Pellé. [Narración y estadísicas: 2-0]

El partido comenzó con un breve diluvio que se convertiría en maremoto para España. Pareció raro el empuje italiano de las primeras jugadas, su valentía en ataque y la posición retrasada de España, pero no fue un mareo transitorio. La 'Roja' terminaría completando una de las peores primeras partes de su historia.

El primer pase italiano, en vertical, rompía líneas con una comodidad pasmosa y prácticamente cualquier balón dividido era propiedad azul. Ni siquiera se cumplía la famosa teoría de los estilos contrapuestos. Italia atacaba y se desplegaba con precisión matemática; pillaría a España en enaguas por lo menos cinco ó seis veces durante la primera media hora.

El primer susto fuerte llegó en el minuto 7: el árbitro se inventó una falta y Pellé obligó a De Gea a salvar junto al poste. España no tenía la iniciativa, lo único que había pedido Del Bosque. Morata sufría a sus ex compañeros como una condena. Un remate al poste de Giaccherini (invalidado por juego peligroso) en el 10 confirmó el despiste colectivo español. Con posesiones cortas y pases fallidos, el equipo corría detrás del balón ante una ‘azurra’ con una distribución espacial muy interesante, estirada por sus célebres carrileros, que abrían el campo al máximo. La mejor noticia es que De Gea estaba bien (o prácticamente).

En tromba

Italia continuó llegando al ataque con 6-7 hombres, en tromba: un partido completamente diferente al que esperaba el mundo del fútbol. España, mientras tanto, raseaba la pelota sin filo y no abría el campo: Nolito (pasado de revoluciones) y Silva basculaban hacia el centro en busca de un protagonismo que no encontrarían nunca e Iniesta practicaba un juego premioso en ausencia de alternativas.

Hacia el cuarto de hora dejó de caer agua e Italia empezó a mostrar sus limitaciones, pero el rumbo del encuentro se mantuvo inalterado. Cesc disparó en el minuto 19 por primera vez (remate bloqueado) y España trenzó después su primera jugada colectiva, concluida con un mal centro de Alba. Al minuto después sacó su primer córner, y poco después De Sciglio vio la primera tarjeta amarilla. Señales falsas de un emparejamiento que entibiaría rápidamente otro cabezazo de Parolo inmediatamente después: no había remedio.

El naufragio era indiscutible: España perdía generalmente en las segundas jugadas y Busquets parecía cualquier mediocentro vulgar de los que abundan en el mundo. El abnegado Juanfran no había podido desbordar aún por su banda. Iniesta disparó a puerta por primera vez en el minuto 27, sin peligro, y Ramos casi marca en propia meta tras otra buena jugada italiana, con Pelle recibiendo de espaldas sin casi oposición de los centrales, pareciendo mucho mejor de lo que es en realidad.

Falta de Ramos

El central sevillano le hizo una falta torpísima en el 31, a un metro de la medialuna del área. El golpe franco lo cobró Éder, despejó al centro De Gea y Chiellini se adelantó a cualquier defensa para meter a España en un problema. 1-0. (La colocación de la barrera es otra historia y será contada otro día).

España perdía en el marcador y en intensidad, colocación y confianza. El once de gala no servía para este partido y sus caras reflejaban el estupor ante un partido que desvirtuaba cientos de previas y análisis. No había dominio ni chispa ni estilo ni contundencia. De Gea hizo un paradón a un obús de Giaccherini que buscaba la escuadra al filo del descanso, cuya llegada era la única buena noticia para una selección completamente desgalichada.

Adúriz por Nolito

¿Quizá España debía haber apostado por el doble pivote? Lo que hizo del Bosque, en todo caso, fue reemplazar a Nolito por Adúriz para fijar defensas y dar más libertad a Morata. Tardó unos minutos, pero el cambió funcionó aparentemente. El canterano madridista tuvo una clarísima ocasión en un cabezazo franco dentro el área pequeña, señal de que España se iba apropiando lentamente del balón y el partido ingresaba en cauces más lógicos. La afición resurgió en Saint-Denis y Conte, alerta, refrescó al equipo enseguida con la entrada de Motta por un De Rossi muy inspirado en la primera parte.

De Gea agigantó su figura con otro paradón frente a Eder, solo en el área tras otro fallo de Piqué en la contención a Pellé. Minuto 55 y había partido. Los italianos sonreían menos y España presionaba de otra forma. La presencia de Adúriz había liberado a Morata, que en la primera parte había parecido un zagal de quince años frente a tres porteros de discoteca.

Pudo anotar Italia en otra jugada facilitada por la incomprensible laxitud de los centrales españoles, tan alabados en el inicio del torneo, pero De Gea y Junfran salvaron los muebles. Las contras ‘azurri’ eran fulgurantes, pero estaban metidos atrás y España, al menos, ya no perseguía el balón. Del Bosque introdujo a Lucas Vázquez, la esperanza del día, poco después de que Adúriz metiese miedo a Buffon con un disparo combado. Sin Morata en el campo, España no cambiaba de dibujo. Iban a meter a Italia en su campo hasta que llegase la ocasión. Y con De Sciglio, amonestado, la velocidad del gallego por derecha era un arma ineludible.

Siempre Buffon

España llevaba tiempo presionando la salida del balón italiana y robaba en medio campo con cierta facilidad. Italia hacía lo propio, pero sin tanto éxito. El segundo tiempo era de España hasta que se topaba con la ‘BBC’ juventina atrás. Iniesta probó a Buffon en un empalme desde la frontal, y después Piqué. El encuentro avanzaba hacia un monólogo final angustioso de España, liderado por Iniesta en un arranque de carácter encomiable.

La lesión de Adúriz dejó a Del Bosque sin otra opción que introducir a Pedro (para desesperación de Koke y Tiago, que calentaban en la banda). Conte metió a Insigne para matar el partido en los diez últimos minutos, pero España sintió que había esperanza hasta el final: al menos De Gea lo paraba todo. Parecía imposible volverse a casa después de lo visto la primera semana; algún milagro traería la prórroga, aunque estuviesen agotados ya todos los cambios. Silva tomó el relevo de Iniesta, con Italia parapetada en torno a Buffon como si fuese una banda militar. La defensa más conjuntada del mundo frente a una delantera improvisada y con urgencias: un escenario para la épica que rozó Piqué con un remate detenido de forma impresionante por Buffon a tres metros del barcelonista.

El central español se había quedado ya de delantero y en el contraataque siguiente, solo frente a De Gea, Pelle puso fin a una época ante la tristeza irredimible de miles de españoles que se frotaban los ojos ante la segunda desgracia en dos años. No había tiempo ya para nada más que asimilar el carácter pasajero de cualquier ciclo.