Diario de un ultra (II): El fallido pacto abertzale

“¡Había que ir a por ellos, la selección de Euskadi me importa tres cojones!”

Los ultras de Osasuna viajaron a Barcelona donde jugaba Euskadi para pegarse contra un grupo rival.

Un miembro de Indar Gorri.

Un miembro de Indar Gorri.

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“¡Había que ir a por ellos, a mi la Euskal me importa tres cojones!”. Así habla ‘Beltza’, uno de los principales líderes de Indar Gorri, los seguidores radicales de Osasuna. Lamenta la oportunidad perdida de haberse pegado con Herri Norte, los ultras del Athletic de Bilbao, de visita ese día en Pamplona. La consigna era aparcar las diferencias irreconciliables entre ambos grupos con motivo del partido que unas semanas después iba a disputar la selección de Euskadi contra Cataluña en Barcelona, pero él no estaba de acuerdo. Los ultras navarros se definen a sí mismo como abertzales, pero son muchos en Indar Gorri que piensan igual que ‘Beltza’: ningún pacto de no agresión por la selección de Euskadi es más importante que demostrar quién manda en la calle.

Diciembre fue un mes prolijo en reuniones y conversaciones al más alto nivel de los principales dirigentes ultras del País Vasco y Navarra. Estaban la Mujika Taldea, de la Real Sociedad; Iraultza 1921, del Deportivo Alavés; Herri Norte e Indar Gorri. Los cabecillas de este último grupo ya estaban siendo investigados por un Juzgado de Pamplona acusados de un delito de integración en organización criminal. Las pesquisas se fundamentan en numerosas escuchas telefónicas a las que ha tenido acceso EL ESPAÑOL. En ellas se detallan cada uno de los pasos de los inquilinos del graderío sur del Estadio de El Sadar. Casi una veintena de ellos serían detenidos dos meses después en una operación conjunta de la Policía y la Guardia Civil.

En condiciones normales, los únicos contactos entre algunos de los participantes en estos encuentros celebrados a finales del año pasado tendrían por objeto acordar lugar y fecha para un nuevo enfrentamiento callejero. Trifulcas en las que en ocasiones se pactan hasta las armas a emplear. Pero en este caso, lo que se abordó fue una tregua temporal con motivo del encuentro que en fechas navideñas enfrentaría a Euskadi y Cataluña. Los ultras vascos y navarros exploraron la posibilidad de acudir juntos a la ciudad condal aglutinados en torno a la plataforma Garaitezinak, que además correría con parte de los gastos. Pero el propósito de unidad no cuajó y el paso en falso generó conflictos internos en Indar Gorri.

"Se montó un Cristo entre nosotros"

“Hemos reventado ya contra los bilbaínos, que era crónica de una muerte anunciada, que me bajé con el bocado (un protector para los dientes que usan los boxeadores), que ya sabía a lo que venían, al final el rollo fue que había un compromiso por parte de ellos de que no iba a pasar nada” (...) Nosotros estábamos en el local todo locos, cogiendo palos y la hostia, y entonces se montó un cristo entre nosotros, unos que queríamos, otros que no, que tal, que cual y salió mucha mierda”. Esta es la confesión de uno de los integrantes de Indar Gorri a un miembro de otro grupo ultra, en este caso de los Riazor Blues, hinchas radicales del Deportivo de la Coruña.

En la investigación en la que se han analizado horas y horas de conversaciones telefónicas, el contacto a nivel personal con otros grupos es una constante, incluso entre miembros de colectivos históricamente rivales. Esas relaciones se emplean frecuentemente para organizar enfrentamientos callejeros burlando el control de las fuerzas de seguridad.

Indar Gorri convocó una reunión en su sede para discutir las diferencias que habían surgido. Para algunos, permitir la presencia de Herri Norte en su ciudad era una “provocación”. Para otros, intentar agredirles en medio de una negociaciòn era “una falta de respeto”. “En todos los grupos que ha pasado se ha acabado a hostias, un día se queda en un descampado y el que gane se queda con el grupo”, llegó a amenazar el líder de Indar Gorri, alias el ‘Comandante’, un nombre pretencioso, pero adecuado para dirigir con mano firme un grupo de ultras. Movido por las presiones -y hasta alguna amenaza de dimisión en su cúpula-, el ‘Comandante’ decretó la ruptura de relaciones.  

"Seguramente habrá palos"

Finalmente los ultras de Osasuna y del Athletic fueron por separado a Barcelona. Pero el único objetivo de Indar Gorri era buscar un enfrentamiento con ellos por las calles de la ciudad. De hecho, no llevaban ni entrada para el partido. “Los nuestros no van a ir a Barcelona a pegar a peña del Barça. La movida es que nosotros con Herri Norte, pues a ver lo que pasa, pero seguramente habrá palos”, le confesaba un ultra de Osasuna a un amigo suyo valenciano.

-¿Y vosotros, vais con entrada o qué?

-No, la gente de aquí no.

-Vais y os pirais. Me refiero ¿Dentro del campo no se van a encontrar Herri Norte y vosotros?

-Herri Norte no sé si tendrá entradas. Indar Gorri, no.

-O sea, ibais simplemente a ver si había baile con esta gente.

-Efectivamente, esa es la actitud.

Catalanistas "nazis"

El contenido de otras conversaciones intervenidas a los radicales osasunistas confirma que su desplazamiento no tenía precisamente una vocación deportiva. “Flipas, íbamos por unas callejuelas y en una terraza había quince tíos sentados, tapados, con banderas de Cataluña y tal y alguna de San Jorge, todos rapados, parecía que eran nazis, eran la 33ª”. Se trata de un grupo catalanista independentista, pero de ideología de extrema derecha catalana independiente. Su lema es “Catalunya catalana”.

“Nos hemos puesto enfrente de la 33ª esta y le hemos dicho ¿de dónde sois, qué hacéis aquí, sois nazis? Y todos callados, tartamudeando y la hostia... y nada, en lugar de pegarles se nos ha ocurrido cogerles las bufandas y las banderas y les hemos quitado algunas cervezas, por no pegarles”. El desplazamiento de Garaitezinak abarcó a unos 200 hooligans vascos y navarros en Barcelona. La Mujika Taldea y los del Deportivo Alavés viajaron en autobuses, pero Indar Gorri prefiere moverse en vehículos particulares. Se trata de un procedimiento habitual del grupo para llamar menos la atención de las fuerzas de seguridad y tener más opciones de burlar posibles controles. También es más fácil esconder objetos contundentes. Tal es la preocupación por su seguridad que incluso utilizan coches lanzadera para poder avisar al resto en caso de detectar presencia policial.

Una vez allí, iban recibiendo información puntual de la ubicación de los Herri Norte. Medio centenar de vizcaínos se desplazaron hasta Barcelona, pero no se juntaron con el resto de ultras vascos y navarros congregados todos ellos en torno a un mismo bar. Tan sólo hubo un intento de aproximación de Herri Norte, que, al menos esa vez, no pasó a mayores.