Un grupo de alumnos de la enseñanza musical.

Un grupo de alumnos de la enseñanza musical. Dani Pozo

Música Sin escuelas de música y danza

Apagón musical en Madrid: Cifuentes impide su enseñanza, Carmena la recupera

Ignacio González decidió fulminar en 2013 las ayudas a las escuelas municipales de música y danza de la Comunidad: retiró los 6 millones de euros y se cerraron o se privatizaron. El actual gobierno mantiene a cero sus aportaciones, el Ayuntamiento ha vuelto a invertir.

Peio H. Riaño

Es un escenario dantesco. Decenas de escuelas de la Comunidad de Madrid cerradas por falta de financiación. Miles de alumnos sin poder estudiar y décadas de trabajo enterradas desde 2013. Esperanza Aguirre le pasa el testigo a Ignacio González y éste decide, en sus primeros presupuestos, retirar por completo la inversión en las escuelas municipales de música y danza de los ayuntamientos de la región. Las cifras venían mermadas desde 2008, gracias a las políticas de austeridad, pero fue ese año cuando se pasó de invertir seis millones de euros a cero. Nada. Y hasta hoy. De hecho, los presupuestos aprobados por Cristina Cifuentes para 2017 repiten la tendencia de la dimitida y del arrestado.

Hay una directriz de la Unión Europea que recomienda, desde 1996, el reparto en tres tercios de la financiación de estas escuelas: Ayuntamiento, alumnos y Comunidad, con el objetivo de hacer de la educación musical una formación accesible y no privilegiada. Sin embargo, el Ayuntamiento también recortó sus inversiones aquel año y no ha sido hasta los presupuestos de 2017 cuando se ha recuperado la partida, “en más de un 75%”. Eso ha supuesto una reducción de las tasas en un 30%. Hoy, en la Asamblea, el Ejecutivo de Cifuentes se enfrenta a una enmienda, promovida por Podemos y secundada por el PSOE, para que recapacite y recupere a la música y la danza para las poblaciones.

“La música en primaria se ha quedado relegada a una hora a la semana. Las capacidades emocionales se han aniquilado y si quieres desarrollar la creatividad, tienes que pagártelo. En ello va nuestro futuro y no se hace nada”, habla Mónica, madre de familia numerosa que tuvo que sacar a su hija mediana de la escuela cuando se dispararon los precios tras la retirada de ayudas. A su hijo mayor lo mantuvo, pese a las nuevas tarifas: de 25 a 140 euros. No puede permitirse los 300 euros al mes por la educación de sus hijos, ella se dedica a la ciencia. “Mis trabajos son temporales. El presupuesto que había para un proyecto se ha terminado y en julio me voy al paro”, explica a este periódico.

Antes de anular su partida presupuestaria del todo y dejarla a cero, la Comunidad de Madrid fue retirando poco a poco las ayudas: en Rivas Vaciamadrid se redujo de 84.000 euros, en 2007, a 32.000, en 2012; Talamanca del Jarama, de 20.000 euros, en 2009, a 5.600 euros; en Navalcarnero, de 32.000 euros, en 2006, a 18.000. Con aportación cero, los Ayuntamientos tuvieron que elegir entre cerrar escuelas o privatizarlas.

Desigualdad educativa

“Se han registrado mociones en cerca de 20 ayuntamientos para que el Gobierno de la Comunidad recupere la financiación y desarrolle un marco normativo”, cuenta Jazmín Beirak, diputada de Podemos en la Asamblea. “Hay unos 97 que ya tienen escuelas. En Valencia y el País Vasco asumen la financiación, pero aquí no. Aquí las escuelas se cerraron, se privatizaron, se encarecieron y los profesores pasaron a ganar la mitad. Se ha generado desigualdad porque los ayuntamientos no se pueden hacer cargo de todo”.

Ciempozuelos es uno de los casos más dramáticos. Todo ha volado por los aires, no ha quedado nada después de 15 años de trabajo con la población. La ciudad tiene 22.000 personas y 600 alumnos se matriculaban cada año. La escuela daba servicio educativo a primaria y secundaria, además de atender a los centros psiquiátricos que llegaban a la escuela a recibir sesiones de musicoterapia, conciertos públicos… “Ahora la oferta es nula. No hay difusión cultural y era una oferta que desarrollaba la propia población”, recuerda Héctor Nicolás, profesor de piano de aquella escuela, que atendía a alumnos de 7 años a jubilados y que pasó a protagonizar el primer ERE en la historia de la Administración española: todos los profesores a la calle.

“Es una formación básica que todos deberíamos tener. Las enseñanzas artísticas deberían estar en primera línea de nuestra formación. Cortar esa enseñanza te deshumaniza”, cuenta. Tiene esperanza y seguirá en la lucha por recuperar la escuela. De hecho, la semana pasada el nuevo equipo de gobierno del Ayuntamiento de Ciempozuelos (Ahora Ciempozuelos) ha aprobado rescatar la partida de inversión a la escuela de música. En 2012, la Comunidad de Madrid no aportó ni el 9% (en lugar del 33% que le correspondía): se pasó de 68.000 euros a 43.000 euros, explica Gemma Fornell, de Podemos. Todavía no han cerrado el presupuesto y no tienen clara la cifra de inversión, pero podría rondar los 33.000 euros, “teniendo en cuenta que sería de septiembre a diciembre”.

Protestas en 2014, en el centro de Madrid, por la recuperación de las escuelas musicales.

Protestas en 2014, en el centro de Madrid, por la recuperación de las escuelas musicales.

Miguel Martínez Porres tiene 59 años y era alumno de flauta de pico, en la escuela de Ciempozuelos que lleva cinco años cerrada. Él cumplía su séptimo año de enseñanza cuando se acabó todo. Un año se interesó por la escuela en unas jornadas de puertas abiertas y, desde entonces, se quedó enganchado. “Me ha aportado mucho. Primero, educación musical. No es una enseñanza reglada, por lo que no estoy sujeto a pasar cursos, simplemente, me dedico a aprender por gusto, a ampliar mis conocimientos del instrumento”, dice a EL ESPAÑOL.

Todos implicados

Recuerda la dinámica social que se estableció en torno a la escuela: “Cualquier persona de cualquier edad y condición tenía acceso a una enseñanza musical práctica”. Era una dinámica de participación completa y los compañeros de danza siempre tenían su apoyo para acompañar sus coreografías. “Antiguamente, la educación musical se quedaba en las paredes de la academia y aquí fue al revés: se implicó todo el tejido social, fue una enseñanza de paredes hacia afuera”.

Compartía clase con chavales y descubría en ellos el acercamiento a la responsabilidad y el afianzamiento de unos valores como el respeto por la comunidad y el trabajo en grupo, el esfuerzo por aprender, la voluntad de dominar un instrumento. “Fue un éxito maravilloso. Después, vino una empresa a dar talleres y el proyecto se acabó. Se han perdido muchos años de esfuerzo y trabajo”.

Esos efectos los ve Mónica en su hijo. Toca el trombón y asegura que no ha tenido más que beneficios para su hijo: “Era introvertido y le ha abierto a otros compañeros. Ha aprendido a estudiar, a esforzarse y ha mejorado en matemáticas. Es más sensible y creativo, ha aprendido que puede hacer cosas por sí mismo. Le veo más lleno y más realizado y feliz”. Habla de un crecimiento personal emocional que ha quedado anulado, incluso, en los planes de estudio. En Primaria, una hora a la semana.

Dos niños de la escuela DaLaNota, en acción.

Dos niños de la escuela DaLaNota, en acción. Dani Pozo

En 2016, el Consejero de Educación y Cultura, Rafael van Grieken, responde en la Asamblea a Beirak sobre la implicación del Gobierno de Cifuentes en las escuelas municipales de música y danza: “El Gobierno regional proporciona, a aquellas escuelas municipales de música y danza que lo solicitan, asesoramiento técnico y orientación en aspectos académicos como de funcionamiento”. El PP ni siquiera ha contestado a las demandas de reunión con la Asociación Madrileña de Alumnos de Música y Danza (AMAMYDAN), creada en 2012 para resistir a la aniquilación de la música y la danza.

El apagón musical

Vicente Herguido, representante de AMAMYDAN, ha podido reunirse con PSOE, Podemos, pero tampoco ha conseguido la atención de Ciudadanos. “Llevamos cinco años luchando por retornar lo que había. Han externalizado en muchos ayuntamientos la educación y ha sido un fracaso rotundo. Comparecimos en la Asamblea, en 2014 y 2015, y razonamos las necesidades, pero el PP dijo que prefería potenciar otras partidas a estas de las Escuelas Municipales de Música y Danza”.

“Muchos chavales que lo han tenido que dejar porque sus padres no podían pagarlo. Hay un apagón generacional irrecuperable. Todo el esfuerzo de los trabajadores ha quedado aniquilado”, reconoce. En el Ayuntamiento de Madrid parece que la inercia cambia. Había plazas para 6.200 alumnos, después de la inversión de Alberto Ruiz-Gallardón, que quiso crear 21 escuelas municipales, una por distrito. Finalmente fueron 13. Desde 2012, con el apagón de dinero, sólo había plazas para 5.600 alumnos y con precios mucho más caros. “Es una actividad con mucha demanda”, dice Herguido. En la Comunidad, antes de la crisis, había casi 30.000 alumnos. Ahora no disponen de cifras.

En 2013, la música se convirtió en algo prohibitivo para las familias madrileñas, que pelean por su accesibilidad. En Ciempozuelos parece que lo van a lograr, allí quedó la escuela, donde se hacen talleres. Está el material y la esperanza de que la música y la danza vuelva a ser un elemento vertebrador para la ciudad. Un Ayuntamiento golpeado por la corrupción (socialista) y el desprecio cultural (del PP), que tiene en el centro un edificio paralizado desde hace tres legislaturas y que se hizo, mano a mano, entre profesores y arquitectos para albergar la escuela y un auditorio. Una inversión de casi siete millones de euros, nunca inaugurado y en la ruina. Enorme y muerto de risa. “Da mucha rabia ver tanto dinero invertido, en la basura. Es muy triste, cuando eres un poco mayor te duele más”. Habla Miguel, el alumno de flauta de pico que quiere volver a la escuela.