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Jorge Drexler y Xoel López se imponen al caos del Festival Charco

El evento comenzó dos horas tarde, con problemas de sonido y artistas bajando del escenario. Pero los cabezas de cartel consiguieron salvar la noche.

Xoel López.

Xoel López.

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La segunda jornada del festival Charco, celebrado en el Jardín Botánico de la Complutense, fue una experiencia inolvidable. Los espectadores no van a olvidar los 45 minutos que tardaron en abrir las puertas, ni las dos horas tarde que empezaron los conciertos, ni las largas esperas entre grupo y grupo… Tampoco lo van a olvidar los músicos que hacían esfuerzo por cantar mientras no se oían a ellos mismos. La primera edición del Festival Charco reunió en Madrid música de ambos lados del océano, una iniciativa que hace confluir ritmos caribeños, andinos y boleros con el pop y el indie español.

La argentina Juana Molina no olvidará el mal trago de bajarse del escenario en mitad de su segundo tema. “Es muy difícil crear cuando no te oyes a ti mismo… No sé si alguien ha sido capaz alguna vez”, sentenció la cantante. El público, lejos de enfadarse, la aplaudió. Mientras, el equipo responsable del festival parecía no inmutarse, ya que nadie salió a explicar el retraso.

El segundo concierto corrió a cargo de Tulsa, aunque ellos deberían haber abierto la veda. El grupo de la cantante vasca Miren Iza, que toma su nombre artístico de la ciudad estadounidense, tocó sin saber muy bien cómo. El sonido de Charco parecía sacado de un coche reggaetonero, más que de un festival de música caro. Tulsa cantaba que quería “meter la cabeza bajo la tierra como un avestruz” y los demás también. Después del silencio que había mantenido a Iza ausente de los escenarios españoles, volvió en 2015 con La calma chicha. El festival desmereció al grupo, cuyos músicos hacían esfuerzos sobrehumanos para seguir tocando, mientras la voz de Iza quedaba vacía, desafinada y sus curiosas letras sonaban risibles. “Huele a verano y te sudan las manos”, cantaba la vasca, y el publico reía porque parecía más un mal monólogo que un concierto en el Jardín Botánico.

Chico trujillo.

Chico trujillo.

No todo iba a ser malo. Cuando los músicos de Chico Trujillo comenzaron a invadir el escenario, como un ejército amable con camisas hawaianas, Charco empezó a ser un festival. Les costó tres horas, pero lo consiguieron. La Nueva Cumbia chilena de la banda movió al auditorio con el ritmo iberoamericana prometido. Este sonido proviene de la tradicional Cumbia colombiana que se mezcla con ritmos urbanos como el rock o el hip hop. Los diez músicos alegran la vida a cualquiera con ritmos latinos y letras disparatadas y, por supuesto, con la voz del vocalista principal ‘El Mancha’, Aldo Asenjo. Las floreadas camisas de flores mezcladas con pantalones de chándal de Chico Trujillo es una combinación tan rara y simbólica como su música: no hay que ser mainstreampara molar.

Aunque los técnicos que montaban el escenario entre grupo y grupo parecían amateurs, poner los instrumentos les llevaban media hora, Xoel López llegó y triunfó. El gallego dio un concierto sabroso y bailongo tocando sus canciones más movidas. Abrió la veda con Patagonia, de su último disco Paramales. Xoel puso de manifiesto sus influencias latinoamericanas. Aunó lo que pretendía ser el Festival, un punto de encuentro entre los músicos de ambos lados del océano, al invitar al escenario a Jorge Drexler, cabeza de cartel y que cerraría la noche. Cantaron Hombre de ninguna parte y, en medio de la canción, se pudo ver al Drexler más gallego y al Xoel más uruguayo, más argentino.

Jorge Drexler.

Jorge Drexler.

Días antes del concierto Xoel contaba a EL ESPAÑOL que su “influencia latinoamericana es muy evidente” y que su cambio desde Delux, el grupo con el que arrasó a principios de siglo, a Xoel López “tiene mucho que ver con mi estancia en latinoamérica”. “La música de allá es parte del folclore gallego, en mi casa se escuchaba desde siempre”, añadía. Hizo presente la mezcla de culturas al cantar en gallego, A serea e o mariñero, haciendo mención a la inmigración del siglo pasado del que él mismo forma parte en cierto sentido.

Tras dejar Delux en 2009 López se fue a Buenos Aires, “había algo en mi viaje que es un poco mítico, la idea del emigrante que se va y su vida genera un enigma… Cruzar el charco en busca de una nueva ilusión, huyendo de la pobreza, hay cierta mitificación”, cuenta. “Charco, une más que separa. Me siento parte de ese puente”, afirma. López afirma que “Paramales está dando sus últimos coletazos” y que está “preparando un nuevo trabajo”.

Xoel López.

Xoel López.

Tras compartir escenario con el gallego Jorge Drexler comenzó tocado Causa y efecto, uno de sus temas más conocidos pero con un toque diferente ya que en su última gira el uruguayo está tocando sin músicos tradicionales. El escenario de Drexler normalmente lleno con batería, guitarras e incluso saxofón está iluminado ahora por sintetizadores, teclados y demás elementos electrónicos. Eso permite que sus temas, que lleva cantando los mismos desde hace diez años, suenen distintos y sigan teniendo éxito entre el público. Su concatenación de elementos naturales y tecnología microscópica cantada a una sola voz y una sola guitarra volvió a hacer magia. Mi guitarra y vos no falla, aunque el uruguayo de vez en cuando se líe con los versos. La nefasta organización del Festival cortó a Drexler antes de acabar el concierto.

El gesto de la noche lo tuvo Drexler con Juana Molina, a quien invitó a subir al escenario porque no se quería quedar sin escucharla. La cantante subió emocionada al escenario y cantó una “canción muy vieja” mientras pedía al público que no la hicieran llorar”. A oscuras Cúrame pedía suavemente háblame que no te oiga, quiéreme que yo no sepa. Haz de cuenta que no existo, decía Molina y parecía no existir más que ella y su guitarra, mientras el público se balanceaba con la sola iluminación de la luna madrileña.