Libros y sobreproducción

Los grandes sellos se niegan a pinchar la burbuja editorial

La producción de títulos en editoriales grandes crece un 10,4%: juegan a atosigar a las librerías hasta que una obra triunfe. 

Clientes en la librería Antonio Machado.

Clientes en la librería Antonio Machado. Getty Images

España es un nido de excedentes literarios. El sector editorial no se quita la costra de producir por encima del mercado: quizá es un deje de nostalgia por ese mundo literario que hubo antes de 2008, que, según dicen agentes de la industria, no va a volver. La facturación de 2015 aún queda un 30,8% por debajo del punto en el que estaba antes de la crisis -con una tímida recuperación del 2,8%- y las librerías siguen quejándose de que en sus estantes no cabe un libro más -por no hablar de cuántos mueren, prematuros, en las cajas-. Sin embargo, según los datos panorámicos de la Edición Española de Libros en 2015 del Ministerio de Cultura, la producción sigue creciendo: las editoriales grandes crean un 10,4% más de títulos, mientras que las pequeñas y las medianas han bajado su ritmo en un 2,5% y un 1,3%, respectivamente.

Incluso a Daniel Fernández -presidente de la Federación Española de Gremios de Editores de España- le parece llamativo el dato: "Yo sigo creyendo que hay cierta burbuja editorial en España", explica a este periódico. "Es evidente que hay sobreproducción de títulos: salvo en los momentos más duros de la crisis, los títulos siempre han ido aumentando. También con algún diente de sierra en la sobreproducción: subidas y bajadas". No deja de ser curioso que esto ocurra cuando, como el propio Fernández detalla, "la tirada promedio sigue cayendo". Le parece triste que "mayor número de títulos signifique cada vez menos número de lectores": "Eso, en sí, es un drama".

La 'potencia editorial' de Aguirre

Reconoce que las editoriales pequeñas "ajustan bastante el número de títulos de producción" y que son "más prudentes": "La mayoría de pequeños editores conocen bien a su público, que es el de librerías, y aspiran a publicar no sólo novedad -y entrar en el ciclo perverso de novedad y devolución-, sino a continuar siendo editoriales de fondo y ofrecer libros que permanezcan durante un tiempo razonable", estima. Recuerda, con media sonrisa, a aquella Esperanza Aguirre que fue ministra de Cultura durante el gobierno de Aznar "y decía cosas tan bonitas como que éramos 'una potencia editorial'": "Es obvio que el número de títulos que se publica en España está muy desacompasado con los índices de lectura: yo prefiero que seamos una potencia por lo que se compra y se lee antes de por lo que se produce".

Yo prefiero que seamos una potencia por lo que se compra y se lee antes de por lo que se produce

Elucubra acerca de que la cifra del 10,4% de crecimiento en la producción de grandes editoriales pueda responder a la absorción de algunas editoriales por parte de grandes grupos, como sucedió con Alfaguara por Penguin Random House. Sin embargo, este gran sello -que prefiere no participar en este reportaje- sí que manifiesta a EL ESPAÑOL que han bajado el número de títulos y producción, por lo que la estimación de Fernández falla: el dato del 10,4% sigue siendo escandaloso. Planeta nos remite a Daniel Fernández.

La producción de las grandes editoriales crece en un 10,4% aunque el mercado no se muestre tan boyante.

La producción de las grandes editoriales crece en un 10,4% aunque el mercado no se muestre tan boyante. Istock.

Luis Solano, director de Libros del Asteroide, se muestra optimista: achaca estas cifras a cierta recuperación económica del sector, o, al menos, a que se haya frenado su caída. "Los grandes son los que suelen reaccionar antes, para bien y para mal: intuyen el mercado y actúan recortando o aumentando", explica. "Las editoriales pequeñas, sin embargo, no dependen tanto del mercado. Bueno, claro que si está fatal irá menos gente a la librería, pero su nicho es un porcentaje ínfimo de ese mercado...", razona.

"Si uno tiene el 25% del mercado y éste crece o decrece sabe que uno va a hacerlo en la misma proporción y tiene que reaccionar, pero en las editoriales pequeñas no es así: se basan más en una estrategia constante de supervivencia". Solano opina que estas editoriales independientes se adaptan mejor porque tienen estructuras más pequeñas y flexibles y porque, además, dependen mucho más de sí mismas, de la calidad de los libros que publiquen en cada momento, y no de las fluctuaciones del sector.

El grano y la paja

Detalla que la fórmula de las grandes editoriales consiste en "publicar muchos libros, porque, aunque con algunos pierdan dinero, cuanto más publiquen más posibilidades tienen de que uno de ellos triunfe y les haga el año: así es como funciona y así seguirá funcionando". Señala que la única forma de cribar es "tener una buena crítica que diferencie el grano de la paja" y buenas reacciones en la prensa cultural: "Cuanto más ruido y más libros hay en el mercado, más fácil es dar gato por liebre; y eso beneficia a las editoriales grandes".

Cuanto más ruido y más libros hay en el mercado, más fácil es dar gato por liebre; y eso beneficia a las editoriales grandes

Alberto Sáez, editor de Libros del K.O., está de acuerdo con Solano. Apunta que la lógica de las grandes editoriales es la de la pesca a gran escala: lanzar redes, y redes, y redes, hasta dar con el título que hace el agosto. "Casi todas las editoriales funcionan con un 20% de títulos que acaparan el 80% de la facturación". Ellos acostumbran a publicar diez títulos al año -uno al mes, descontando el mes de verano y el de navidad-, pero son siempre "libros en los que creemos, funcionen después o no" y que "vendemos en la Feria del Libro como si fueran nuestros hijos".

A veces dan el pelotazo, claro, como este año pasado con Fariña, de Nacho Carretero, todo un éxito de ventas. "Las grandes editoriales se limitan a hace rproductos para invadir e inundar un mercado, pero nosotros no pensamos en esos términos, no de forma explícita. De forma implícita, nos dirigimos a un mercado y lo conocemos: buscamos un perfil de lector, aunque no siempre logremos dar con él". También a Julián Lacalle, de Pepitas de Calabaza, le chirría el baremo de las cifras: "Claro que se vende muchísimo menos que hace años, pero ya no te digo que hace siete años, sino que hace dos", sugiere. "Aunque nos vamos controlando, tampoco llevamos un cálculo exacto: nos movemos por nuestra capacidad, nuestras fuerzas y nuestras ganas de un libro en concreto".

Libros autosuficientes

Jan Martí, editor de Blackie Books, cuenta a EL ESPAÑOL que ellos nacieron como "oposición a lo que se iba haciendo en las grandes editoriales", es decir, tratando de que todos y cada uno de los libros que publican sean "autosuficientes" -esto es, que cubran el dinero que costó hacerlos y que generen un poco más de beneficios para poder hacer otros-: "El crecimiento es horizontal, poquito a poquito. Eso no impide que de vez en cuando podamos publicar un libro que tiene mucho éxito, como Instrumental [de James Rhodes], y seamos capaces de impulsarlo para que despegue: menos libros, más trabajo sobre cada uno, y más paciencia y ayuda de los libreros", sugiere. 

Relata lo mismo que sus colegas: que la gran editorial rastrea el boom y, una vez que lo consigue, éste acaba cubriendo las pérdidas de todos los demás productos fallidos. "A las librerías se las 'atosiga' con un constante lanzamiento de novedades, para no perder espacio. Eso sí: el tiempo que se les da a cada una de ellas para triunfar es mínimo".