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Clase magistral con Svetlana Alexiévich: “No estamos preparados para el comunismo”

La autora de 'El fin del Homo Sovieticus' y Premio Nobel de Literatura bielorrusa inicia en Barcelona su gira por España.

Svetlana Alexiévich el día en el que fue galardonada con el Nobel.

Svetlana Alexiévich el día en el que fue galardonada con el Nobel.

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“Banalidades.” Esa es la palabra que más ha repetido Svetlana Alexiévich a su llegada a España, donde empieza su gira por Barcelona que le llevará a Madrid (el martes, en el Espacio Fundación Telefónica). La ha dicho en el CCCB, donde participará en los festivales Literal y Kosmopolis. “Banalidades”, ha dicho para referirse a lo que hace el periodismo de hoy en día. Pero antes de pronunciarla ante un grupo de colegas, ha tenido que hacer un paseíllo también muy de hoy en día: entrevista de radio con periodista estrella, photocall y rueda de prensa en un auditorio con buen aforo.

“Haced preguntas, por favor. Estoy cansada de escucharme a mí misma”. Así ha empezado la Premio Nobel de Literatura su intervención. Por un día ella no era la que preguntaba. Ha contestado a todo con su voz monocorde. Más que tranquila, parecía resignada a esa cantidad de atención, de la que ya ha tenido dosis extra en la Feria Internacional del Libro de Bogotá y en su gira por EEUU.

Ella está cansada pero no su público. Aquí sus opiniones en forma de monólogo, fórmula empleada por Alexiévich en las obras de su autoría que conocemos en España, pues como ella dice “a veces las preguntas no importan”.

1. No al periodismo banal

“Todos tenemos derecho a no desaparecer. Todos queremos encontrar sentido a nuestra vida. Cuando hablas de estos temas con la gente, huyes del periodismo banal. Pensamos que recordamos lo que nos ha pasado, pero nuestra memoria tiene muchas puertas cerradas. Para abrirlas hay que encontrar un amigo. Yo pregunto sobre cosas que pasaron hace años. No puedo ir con una lista de preguntas, debo hacerme amiga de la gente que entrevisto. Así evito también el concepto de guerra justa, liberadora o patriótica”, dice la autora bielorrusa.

“Hablo con las mujeres porque son más interesantes para mí que los hombres. Para ellas la guerra siempre es un asesinato. Los hombres buscan una justificación directa de la guerra. Ellas tienen una visión más natural de las cosas”.

2. La verdad es polifónica

“Intento unir el periodismo con la literatura. El primero trata de la información, la segunda del misterio de la vida humana. Es una transición muy sutil pero creo que hay que hacerla. Escojo tantas voces porque así cubro todo el territorio que puedo. Por eso elijo opiniones de gente con edades, profesiones, historias distintas. Creo que sin esa polifonía es imposible saber la verdad”.

“Hablo de personas que son el abono de la Historia, pero que nunca han podido expresarse sobre esa historia. Nadie les ha preguntado. Cuando me acerco a ellos, busco que me hablen en idioma humano, que hablen desde su experiencia, no desde la banalidad o los prejuicios. Creo que cada persona es como un cofre que guarda los fragmentos de todo lo que ha leído, visto, oído, vivido. Al empezar a hablar todos dicen banalidades. Mi trabajo es abrir ese cofre y sobrepasar sus lugares comunes. También sus prejuicios”.

3. Rusia en construcción

“Llevo 30 años escribiendo esa enciclopedia que llamo la “Utopía roja”. Sé que esa idea comunista volverá. Sé que volverá. Todo empezó bonito pero acabó en baño de sangre. Soy de la generación que renegaba del comunismo. La idea es bonita, no lo niego, pero no estamos preparados para eso, ni como sociedad, ni como entidad económica. No estamos preparados para ser todos felices”.

“No me gusta cuando oigo que dicen que Putin es el demonio. Putin es algo colectivo, no es una sola una persona porque ha concentrado en su figura todas las ilusiones de la gente humillada, engañada, gente que no sabe a quién echarle la culpa. Lo que yo me pregunto siempre con Rusia es por qué tanto sufrimiento no ha servido nunca para ganar libertad. Por qué personas que ganaron la II Guerra Mundial, tan cruel, fueron a parar a Siberia. ¿Por qué?”.

4. Libertad, instrucciones de uso

“Acabó el comunismo pero ahora debemos vivir con las ratas que se liberaron al terminar. Ratas del alma. Porque en una sociedad autoritaria, no se pueden liberar los propios monstruos y la personalidad se deforma. Ahora tenemos que vivir con ellos. Por ejemplo, la libertad nos vino de golpe y nadie sabía que hacer con ella ni cómo afrontarla”.

“Vivíamos en un mundo inventado. Desconocíamos lo que había al otro lado del telón de acero. Lo idealizábamos. Soñábamos con un socialismo de rostro humano y no estábamos preparados para este mundo cruel del capitalismo. En Rusia no se pronuncia la palabra 'capitalismo'. Se habla del ‘mercado.’ Pero ahí están los ladrones. En Ucrania hubo una insurrección contra ellos, pero otra vez vemos cómo lo oligarcas vuelven al poder”.

5. Censurada en su país

“En Rusia no tengo problemas para publicar. Es un país muy grande. Es imposible controlarlo todo como en Bielorrusia. En mi país no se publican mis libros, soy una persona non grata allí. En Rusia controlan que no salga en la televisión o en la prensa, pero no han llegado a censurar las editoriales. Sé que llegarán porque el poder ruso ya ataca, lentamente, pero con decisión”.

“Un sistema totalitario es peligroso porque te inculca la idea de que estás indefenso. A nadie le gusta lo que pasa a Bielorrusia, pero la gente no sale a protestar a la calle porque saben que pueden perderlo todo. Si te metes con Lukashenko o con Putin puedes quedarte sin trabajo o suspender un examen”.

6. El interés general

“Me consuela saber que en Bielorrusia aún existen formas de resistencia. Por ejemplo, tengo un libro publicado porque se editó en Letonia y se llevó a mi país. Durante el periodo soviético era distinto, entonces había censura. Y yo era una persona de mi tiempo: tenía miedo. Y me censuraba. Ahora he cambiado. Ahora escribo un libro sobre el amor. Y si al entrevistar a un hombre soy incapaz de sacarlo de las típicas banalidades, me digo a mí misma que no he sabido hacer las preguntas”.

“Ya no me preocupa si me publican o no. Porque sé que si no lo consigo en Bielorrusia, será en Rusia. O en otro lugar. Lo que me ocupa es escribir un libro que sea interesante en cualquier lugar del mundo. Da igual donde ocurra lo que cuento. Porque para mí, la mezcla perfecta de periodismo y literatura es eso: hablar de una persona y un sitio concretos pero darle la dimensión eterna que tiene el alma humana”.