Salud Pública

No estamos para pandemias

La reciente epidemia de ébola nos ha enseñado que somos vulnerables a una posible emergencia vírica global. ¿Qué estamos haciendo para prepararnos?

Simulación por ordenador de rutas de una pandemia.

Simulación por ordenador de rutas de una pandemia. Northwestern University

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En diciembre de 2013, un bebé de dos años llamado Emile Ouamouno fallecía en un pequeño pueblo de Guinea víctima de altas fiebres, diarrea y vómitos. A los pocos días, su madre, su hermana y también su abuela fallecían mostrando los mismos síntomas. El pequeño Emile fue identificado como el paciente cero de lo que en breve se iba a conocer como el peor brote de ébola de toda la historia. Más de 10.000 víctimas, 11 países afectados, repatriaciones por toda Europa y docenas de estados en alerta fueron solamente algunas de sus más directas consecuencias (PDF).

Apenas dos meses después del último contagio registrado y con un recuento total de más 25.000 casos, surge inevitablemente la gran pregunta: ¿Estamos preparados para una emergencia vírica a escala global?

La respuesta es inquietante y nos llegaba hace solo unos días de mano de la prestigiosa revista Nature que, en su última edición, ha publicado un artículo con un título revelador: La experiencia del Ébola no nos ha hecho menos vulnerables.Sus conclusiones se basan en el estudio realizado por el panel de expertos internacionales para la respuesta global ante el ébola en el que advierten de que, a pesar de lo ocurrido en la última emergencia que vivimos entre 2014 y 2015, el mundo no está mejor preparado para la siguiente pandemia.

Ignacio López-Goñi.

Ignacio López-Goñi.

Ignacio López-Goñi, Doctor en Biología, catedrático de Microbiología en la Universidad de Navarra y autor de un nuevo libro de divulgación dedicado a virus y pandemias, analiza en profundidad los hechos, si realmente podemos afrontar con éxito una pandemia y las consecuencias futuras.

¿Va a haber una nueva epidemia de ébola?

Por supuesto. El ébola volverá, es un virus que sigue estando en la naturaleza. El virus tiene su ciclo biológico en animales y no me cabe la menor duda de que, tarde o temprano, volverá a haber un nuevo brote epidémico en humanos.

¿Es cierto, como apunta este estudio, que no estamos mejor preparados que hace dos años?

Creo que hay que mejorar en muchos aspectos. La colaboración internacional debe ser más eficaz, la OMS debe estar más atenta y las condiciones sanitarias de los países donde surgen los primeros brotes deben mejorarse mucho. Sin embargo, también hay aspectos positivos: tenemos varios proyectos de vacunas recombinantes que ya están demostrando una alta eficacia y en España, por ejemplo, se han revisado los protocolos de actuación y muchos hospitales de nuestro país se han habilitado instalaciones más adecuadas.

Si la pregunta se refiere a hacer frente a dos o tres casos como en la pasada epidemia, sí estamos algo mejor, pero si la cuestión es si estamos preparados para una pandemia real con cientos o miles de casos, la respuesta es que por supuesto que no, ni nosotros ni nadie.

Se han producido docenas de películas sobre virus en los últimos años.

Se han producido docenas de películas sobre virus en los últimos años.

Los virus están de moda. En el cine, los videojuegos, las series de televisión, pero... ¿Existe riesgo real de que ocurra algo similar a lo que vemos en las películas? ¿Puede una gran pandemia poner en peligro nuestra supervivencia?

Precisamente, este año 2015, la Global Challenges Foundation y la Universidad de Oxford publicaron el primer informe sobre el riesgo mundial que existe de que ocurra un daño severo para toda la humanidad, un colapso mundial de de proporciones catastróficas que ponga en riesgo la supervivencia del ser humano. Se trata de una lista de 12 amenazas globales e incluye eventos como un cambio climático extremo, guerras nucleares, erupciones masivas de volcanes, impacto de un gran asteroide... Una pandemia mundial provocada por un virus letal entra dentro de esa lista de catástrofes.

Este informe afirma que la probabilidad de que en los próximos 100 años se produzca una pandemia de estas proporciones es del 0,0001%.

Es un riesgo muy bajo...

Sí, lo es, pero hay que tener en cuenta que es un riesgo muy similar al del impacto por asteroide (0,00013%) y no por ello dejamos de tenerlo en cuenta. Es bajo, pero no es cero, y al igual que con otras amenazas masivas deberíamos saber coordinarnos correctamente y estar preparados. Además, el informe habla de eventos que pueden poner en peligro la supervivencia de la humanidad y, aunque en esas condiciones el riesgo es bajo, deberíamos estar preparados para otros eventos que, aún siendo menores, también podrían suponer un gran menoscabo en nuestra sociedad.

Por ejemplo, la gripe española de 1918 no acabó con la humanidad, evidentemente, pero fue una pandemia que causó 40 millones de muertes en sólo unos años. Es la más devastadora de la historia y provocó más víctimas mortales que la Primera Guerra Mundial.

Pandemia de gripe española en 1918.

Pandemia de gripe española en 1918.

¿Qué debe tener un virus para ponernos en una situación así? ¿Cuáles son los elementos que se deben unir para provocar esa hipotética "tormenta perfecta"?

Hay cuatro elementos fundamentales:

  • Que ese virus cause una gran mortalidad, que sea letal.
  • Que se propague muy fácilmente.
  • Que no tengamos cura para él.
  • Que posea un largo periodo de incubación.

Esas serían, en resumen, las cuatro patas de una pandemia fatal.

¿Conocemos algún virus así?

Por el momento no. Existen virus que poseen una o varias de esas características pero afortunadamente aún no nos hemos enfrentado a eso que llaman "tormenta perfecta".

Conocemos virus letales, como la rabia, que matan en un porcentaje de casi el 100% de los casos; de hecho, sólo se conoce una paciente que sobreviviera. Pero por suerte su propagación entre personas es muy difícil.

Existen virus como el del VIH que tienen largos periodos de incubación, con lo cual amplían mucho en el tiempo la posibilidad de contagio, pero su propagación no es rápida. También hay virus muy infecciosos y extremadamente fáciles de contagiar por vía aérea, como la gripe común, pero no son mortales.

Para otros, como el del ébola, no tenemos cura; aunque se propaga fácilmente, sin embargo posee un periodo muy corto de incubación, con lo cual el paciente fallece demasiado rápido y sin tiempo apenas de contagiar a un gran número de personas.

La naturaleza es mucho más imaginativa y hábil que nadie creando virus

Hay gente que cree que en alguna instalación secreta militar podría haber un virus letal y que algún accidente o un escape podrían desencadenar una catástrofe mundial. Es una idea conspiranoica que surge del desconocimiento. Al final, la naturaleza es mucho más imaginativa y hábil que nadie creando virus. Tiene mucha más experiencia que nosotros y lo lleva haciendo durante miles de millones de años.

Hay cosas más importantes por las que debemos preocuparnos, cuestiones en las que el ser humano sí está teniendo influencia real y que pueden afectar en una futura pandemia.

¿Por ejemplo?

El cambio climático, la disminución de la inmunidad de la población, la deforestación, la urbanización, los movimientos de población asociados a una globalización de la sociedad actual...

La aparición y extensión del chikunguña, así como de otras enfermedades víricas tropicales, se están viendo influenciadas por cambios de patrones climáticos, de temperatura o de humedad que afectan a la distribución del mosquito que ejerce de vector y que están ampliando su hábitat de actuación, lo que propaga la enfermedad a zonas mucho más extensas del planeta.

Casos de enfermedades tropicales se extenderán por gran parte de Europa y América

Vamos a tener que acostumbrarnos a que en los próximos años los casos de enfermedades tropicales se extiendan por gran parte de Europa y América, sobre todo si el virus logra adaptarse a otro tipo de mosquitos autóctonos más comunes.

¿Qué se puede hacer?

No es preocupar o asustar a la gente innecesariamente pero el mensaje sigue siendo el mismo: Hay que invertir en ciencia, en investigación.