Industria Química

Los reyes del camping usan la ciencia para tumbar una ley

Empresas de montañismo financian estudios científicos contra sí mismas para acabar con una ley que les obliga a incorporar productos químicos en sus tiendas de campaña.

Acampados en el Northern Territory australiano.

Acampados en el Northern Territory australiano. Getty

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Si son ustedes aficionados al camping, quizá les haya llegado la noticia.

La semana pasada, un estudio publicado en la revista Environmental Science and Technology Letters hizo saltar las alarmas de los aficionados al aire libre. Heather Stapleton y otros compañeros de la Universidad de Duke descubrieron que los retardantes de llama, productos químicos empleados en la fabricación de tiendas de campaña, son liberados dentro de las tiendas y -eventualmente- respirados por los campistas.

Si bien pueden salvar a los excursionistas de morir abrasados, la exposición a estos compuestos, dicen los investigadores, está asociada a problemas reproductivos o de desarrollo.

Stapleton y compañía estimaron que dormir ocho horas dentro de los 15 modelos diferentes de tiendas de campaña exponía al campista a inhalar hasta un máximo 400 nanogramos por kilogramo de peso. La cifra puede parecer alarmante, pero incluso en el peor escenario sólo supone un 8% de la mínima dosis diaria aceptable (cinco microgramos por kilogramo de peso) que señala la Comisión Estadounidense para la Seguridad del Consumidor.

Los investigadores resaltan también que podría haber un riesgo de exposición a estos químicos en otras partes o que los niños, al pesar menos que los adultos, podrían estar considerablemente más expuestos. También hicieron otro experimento, medir la cantidad de residuos químicos en las manos de quienes montaban una de estas tiendas, antes y despues de hacerlo. La conclusión: "Los niveles de organofosforados en la piel eran significantemente más altos después de montar la tienda".

Con estos mimbres, los titulares alarmistas, del tipo "Acampar es una experiencia muy tóxica" no se han hecho esperar.

Lo más sorprendente de todo es que quienes han financiado este estudio son tres compañías que fabrican tiendas de campaña: Mountain Hardwear, Mountain Safety Research y Recreational Equipment. Es más, ya financiaron otro trabajo similar hace dos años que arrojó conclusiones similares y provocó reacciones similares. ¿Pero por qué varias empresas, que para más inri utilizan retardantes de llama en sus propios productos, tiran piedras contra su propio tejado?

Para tumbar la ley.

Por qué retardantes de llamas

En Estados Unidos, para comercializar cualquier tipo de tenderete textil (desde una carpa a una tienda de campaña o incluso un saco de dormir) en estados como Nueva York, Nueva Jersey, Michigan, California o Louisiana se necesita aplicar al tejido un retardante de llamas. El estándar que lo regula se conoce como CPAI-84.

Un árbol de navidad de plástico rociado con retardante de llamas.

Un árbol de navidad de plástico rociado con retardante de llamas.

"Todo lo que podemos decir de este estudio es que sí, la gente que use estas tiendas estará expuesto a estas sustancias químicas", explica Stapleton a EL ESPAÑOL. "El principal retardante de llamas que identificamos aquí fue un producto conocido por el acrónimo TDCPP, que está considerado como carcinógeno, y aunque no esperamos que la exposición al TDCPP de las tiendas de campaña pueda llegar a niveles capaces de incrementar el riesgo de cáncer, es útil saber que esa exposición tiene lugar". 
Recreational Equipment, una de las empresas que financian el estudio, nos ha facilitado también algunas reflexiones publicadas recientemente en el blog de Vik Sahney, director de sostenibilidad de la empresa, en las que explica por qué han decidido desafiar esta normativa legal. "El actual estándar de flamabilidad para las tiendas de campaña, CPAI-84, fue creado en 1976 para limitar el riesgo de fuego en tiendas de lona cubiertas de parafina, como las que se usan para alojar un circo", escribe Sahney, "este estándar no ha sido revisado en más de 20 años".

Sahney tampoco oculta que el objetivo final de este desafío es lograr un cambio legislativo para que las propias empresas tengan la libertad de elegir si añaden retardante o no a las tiendas que venden en Estados Unidos, como ya ocurre en otras partes del mundo.

Los retardantes no sólo afectan a las tiendas de campaña, sino que impregnan también muebles, componentes electrónicos o cualquier cosa susceptible de arder en millones de casas. En 2012, el periódico Chicago Tribune publicó una extensa investigación, titulada Jugando con Fuego, sobre cómo las grandes empresas tabaqueras introdujeron la legislación sobre retardantes de llamas, y luego la industria química la ha preservado -defendiéndola con estudios científicos muy cuestionables- para mantener una lucrativa cuota en varios mercados. Por ejemplo, el de las tiendas de campaña.

En el Centre de Recerca en Epidemiologia Ambiental, Mireia Gascón y sus compañeros han investigado el efecto de algunos de estos retardantes, como los llamados PBDE, sobre la salud humana. "Hasta el momento hay evidencia de efectos en la salud en animales: neurocomportamiento, sistema immune, tiroides, etcétera", señala a EL ESPAÑOL. En humanos, y más particularmente en niños, se han visto efectos a nivel de neurodesarrollo. Estos investigadores publicaron un estudio donde encontraron una asociación entre la exposición prenatal al retardante y el desarrollo mental de los niños. "También se ha observado que pueden tener actividad disruptora del sistema endocrino y el potencial de tener actividad carcinogénica", añade Gascón, "aún así, los estudios en humanos son pocos, y además en Europa los niveles de exposición son mucho más bajos que en USA".

Una prenda ignífuga de la marca FlameRWear.

Una prenda ignífuga de la marca FlameRWear. Flickr

Uno de los estudios más citados por la industria para defender los retardantes fue realizado en 1988 por Vytenis Babrauskas, un doctor en Ingeniería del Fuego por la Universidad de Berkeley. En este trabajo, se citaba que el uso de retardantes otorgaba, ante un incendio, un tiempo de escape 15 veces mayor. Años después, Babrauskas declaró al Tribune que las condiciones de aquel incendio no se asemejaban a las de la vida real y que la industria "distorsionó groseramente" los resultados de su estudio. En 2013, publicó otro trabajo en el que denunciaba que "los retardantes del fuego se están empleando actualmente en productos con altos niveles de exposición humana sin pruebas toxicológicas adecuadas".

Además, Stapleton señala que "el uso de químicos retardantes de llamas no aparece identificado en un producto cuando lo compras; las tiendas de campaña indican que cumplen el estándar de flamabilidad CPAI-84, sin embargo, hay más de una forma de llegar a este estándar, por ejemplo, usar materiales no inflamables en lugar de tratar los tejidos con productos químicos retardantes".

Esta lucha contra productos químicos potencialmente tóxicos pertenecía sólo al ámbito de lo industrial -y por tanto, de lo confidencial- hasta que empezó a asomar la cabeza a través de la ciencia. Sahney y otros saben que las revistas científicas son el terreno donde más opciones tienen de tumbar el estándar CPAI-84.

Sólo por contrastar si en España ocurre algo parecido, nos pusimos en contacto con Decathlon para preguntar si sus tiendas de campaña tienen algún tipo de retardante de llamas incorporado al tejido. Ángela Andrade, del servicio de atención al cliente, nos respondió: "No tienen, disculpe las molestias. Le informamos que las nuestras son de tela normal".