Astillero de Navantia en Ferrol, en una imagen de archivo.

Astillero de Navantia en Ferrol, en una imagen de archivo. Efe

Wake Up Europe

La Comisión Europea quiere impulsar la construcción naval local con el nuevo plan 'Made in EU' que divide a los socios

Algunos gobiernos temen que este enfoque derive en un giro proteccionista y termine perjudicando la competitividad de la economía europea.

Más información: Primeras consecuencias de los aranceles de Trump en la industria farmacéutica de la UE: la producción se estancará

Publicada

La Comisión Europea prepara un paquete de medidas para impulsar que una mayor parte de los buques, así como de otros bienes y servicios para el sector marítimo europeo, se fabriquen dentro de la propia Unión Europea, según un borrador al que ha tenido acceso Reuters.

Las iniciativas, agrupadas bajo la etiqueta Made in EU, se presentarán la próxima semana, justo siete días antes de que el Ejecutivo comunitario dé a conocer un plan más amplio para priorizar los productos de fabricación local, una propuesta que ya ha generado división entre los Estados miembros.

En el ámbito del transporte marítimo, el borrador señala que la Comisión animará a las autoridades públicas que compran barcos o equipos a elegir proveedores basándose en criterios más allá del precio, como la sostenibilidad o el hecho de que los productos se fabriquen en territorio comunitario. Este enfoque podría reforzar la construcción en la UE de transbordadores, buques de investigación, rompehielos y remolcadores.

En el sector privado, el documento plantea incentivar la demanda de buques construidos en la Unión Europea mediante un acceso más sencillo a la financiación para los armadores, un terreno en el que el Banco Europeo de Inversiones podría tener un papel destacado.

El Ejecutivo comunitario prevé presentar el 10 de febrero un paquete de propuestas para reforzar los sectores de la construcción naval y del transporte marítimo del bloque, así como la seguridad y sostenibilidad de sus puertos, dentro de una estrategia más amplia destinada a mejorar la competitividad europea.

Algunos socios europeos recelan del sello Made in EU porque temen que el enfoque derive en un giro excesivamente proteccionista y termine perjudicando la competitividad de la economía europea.

En países con tradición más liberal en materia de comercio, sobre todo del norte y del este del continente, existe la preocupación de que introducir requisitos fuertes de producción local en las compras públicas encarezca proyectos clave, desde la construcción de buques hasta las infraestructuras energéticas, y eleve los precios para administraciones y empresas.

Estos socios advierten de que la prioridad a los productos fabricados en Europa puede reducir la presión competitiva, desincentivar la innovación y dejar al bloque en desventaja frente a Estados Unidos o China, que también están reforzando sus propias industrias pero mantienen abiertas determinadas vías de competencia.

También alertan de posibles conflictos con las normas de la Organización Mundial del Comercio y con socios comerciales estratégicos, que podrían interpretar estas medidas como proteccionismo encubierto y responder con represalias o restricciones a empresas europeas.

Otro de los temores es el impacto sobre el propio mercado interior. Algunos gobiernos sostienen que introducir preferencias obligatorias por lo europeo en las licitaciones podría fragmentar aún más el mercado único, crear nuevas barreras dentro de la UE y beneficiar a determinados países con mayor capacidad industrial frente a otros.

En este contexto, los críticos insisten en que, aunque comparten el objetivo de reforzar la industria europea, las herramientas elegidas deben evitar alimentar una espiral de costes, distorsiones internas y tensiones comerciales externas.