No todos los días uno de los templos del atún rojo de almadraba abandona Barbate para instalarse en una de las fincas más exclusivas de Cádiz. El Campero ha elegido la Dehesa Montenmedio, en Vejer de la Frontera, para recuperar por unas semanas La Taberna de El Campero, su versión más desenfadada, en una apertura efímera que permanecerá hasta el 8 de noviembre coincidiendo con la celebración del Andalucía October Tour.
Rodeada por la dehesa gaditana y situada junto a las pistas donde compiten jinetes y equipos internacionales, Montenmedio se ha convertido en uno de los grandes referentes del salto ecuestre europeo.
Ahora suma un nuevo atractivo con la posibilidad de degustar algunos de los platos más emblemáticos de El Campero a pie de pista.
La oda al atún de El Campero se vive en Vejer de la Frontera, por tiempo limitado.
Un concepto con historia
La Taberna de El Campero nació en 2013 en Zahara de los Atunes como una propuesta más cercana e informal que el restaurante original de Barbate. Durante casi una década fue un punto de encuentro para quienes buscaban la cocina marinera de la casa en formato de tapas, raciones y platos para compartir, hasta que cerró sus puertas a finales de 2022.
Su regreso en Montenmedio supone mucho más que una reapertura puntual. También marca una nueva etapa para el histórico restaurante gaditano tras su incorporación a Azotea Grupo en 2025, manteniendo intacta una identidad construida alrededor del producto, la tradición y el profundo conocimiento del atún rojo.
La Dehesa Montenmedio es uno de los complejos hípicos más grandes y prestigiosos de Europa.
Vuelta a los orígenes
Al frente de esta recuperación está Julio Vázquez, vinculado a El Campero desde 2004 y jefe de cocina desde 2017, quien ha recuperado el espíritu de las tabernas marineras que inspiró originalmente el proyecto de Pepe Melero.
"La Taberna de El Campero es una forma de volver a nuestros orígenes, a esa cocina tradicional que siempre ha formado parte de nuestra casa. Queremos recuperar el espíritu de las tabernas marineras, con platos auténticos, mucho producto y una propuesta informal, divertida y pensada para compartir", explica Vázquez.
También trabajan gambas y otros mariscos, además del atún rojo de almadraba.
Ese homenaje conecta directamente con la historia personal de Melero, fundador del restaurante, que quiso rendir tributo a la pequeña taberna familiar donde comenzó a trabajar junto a su padre y descubrió su pasión por la cocina.
El atún rojo sigue marcando el ritmo
La carta mantiene como gran protagonista al atún rojo salvaje de almadraba, convertido desde hace décadas en la seña de identidad de El Campero.
El recorrido puede comenzar con tapas como la lasaña fría de atún (9 euros), el Camperito de atún (12 euros), el pincho moruno (8,50 euros) o la célebre tosta de atún y trufa (18,90 euros), una de las elaboraciones más reconocibles de la casa.
Entre los entrantes aparecen la mojama de atún rojo (14 euros), el ajoblanco de piñones con dados de tartar (18 euros) o una ensalada de tataki acompañada de sorbete de yuzu y citronela (18 euros), donde la tradición andaluza convive con matices contemporáneos.
El templo del atún referente en España cambia de escenario por unos días.
Para quienes buscan profundizar en los distintos cortes del atún, la propuesta incluye desde un surtido de crudos para dos personas (48 euros) hasta elaboraciones como el tartar de lomo (24 euros), el tarantelo a la plancha (30 euros) o el atún en tomate con yema frita (29 euros), una receta que recupera algunos de los sabores más reconocibles de la cocina gaditana.
Más allá del atún
Aunque el pescado estrella sigue ocupando el centro del escenario, la carta también incorpora otros productos del mar como gambas blancas, carabineros, corvina o lubina de estero, además de arroces —como el de atún (29 euros)— y carnes a la brasa.
El apartado dulce mantiene el mismo espíritu cercano con una tarta de queso acompañada de helado de vainilla y una original maceta de café.
Gastronomía de alto nivel servida con la informalidad de una taberna con un ticket medio de unos 70 euros, mientras los caballos recorren la pista de competición a escasos metros de la mesa. Una fórmula que reúne dos de las grandes señas de identidad de la provincia de Cádiz.
