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Allí donde el ajetreo de la capital inglesa se queda en mero eco y las carreteras comienzan a serpentear sin pudor hacia el sur, aparece el condado de Kent, apodado el Jardín de Inglaterra; por sus paisajes de verdes imposibles y su carácter calmado.

Una región rica en muchos sentidos que, desde hace siglos, abastece de frutas y verduras a Londres también de lúpulo, que no es poca cosa—, y que se ha convertido, con las décadas, en refugio de quienes ansían desconectar del estrés sin alejarse demasiado de las responsabilidades.

Porque a The Pig at Bridge Place, posiblemente el hotelito más coqueto y singular de esta cadena británica conocida por su apuesta por la gastronomía y el producto de proximidad, se llega en un abrir y cerrar de ojos. Ocupando una mansión del siglo XVII cuidadosamente restaurada, es aparcar frente a su edificio principal y sentir, ipso facto, ese carácter de residencia señorial cuya historia aguarda a sernos narrada en cada rincón, en cada detalle y espacio.

The Pig Bridge Place está ubicado en una de las zonas más bonitas del condado de Kent.

The Pig Bridge Place está ubicado en una de las zonas más bonitas del condado de Kent. E. E.

Nada más llegar, un puñado de botas Hunter nos da la bienvenida junto a la puerta principal, toda una declaración de intenciones. Es hora de entregarnos a la vida rural; es hora de conocer sus bondades.

Con ese ambiente tan majestuoso, nadie imaginaría que el edificio de ladrillo rojo de The Pig at Bridge Place fuera, alguna que otra década atrás, una popular sala de conciertos por la que pasaron bandas de la talla de Led Zeppelin, Pink Floyd o The Kinks.

Las típicas botas inglesas ya te adelantan que se trata de un lugar donde caminar por el campo y respirar el aire limpio.

Las típicas botas inglesas ya te adelantan que se trata de un lugar donde caminar por el campo y respirar el aire limpio. E. E.

Un espacio único cuyo valor residía, precisamente, en su carácter especialmente íntimo. Corrían los años 60 y en sus salones, donde hoy se sirven copiosos desayunos elaborados a partir de los mejores productos del huerto, resonaban acordes de algunas de estas bandas que andaban revolucionando la música británica, convirtiendo la mansión en un verdadero santuario del rock alejado de los circuitos típicos.

Así fue como este recóndito hotel acabó por adquirir cierta aura de leyenda que hoy es homenajeada desde sus saloncitos y espacios comunes, que muestran en sus paredes fotografías antiguas, carteles e incluso vinilos como un guiño al pasado.

The Pig at Bridge Place, catalogado como edificio histórico de Grado II, es un símbolo de la contracultura británica donde la música continúa, sí, pero a modo de una ligera cama sonora que acompaña en los aperitivos previos a la cena, o en una tarde de lectura.

Esa quietud, ese ambiente relajado, abraza a los huéspedes tan pronto hacen check in en su pequeña recepción. Una bebida de bienvenida invita a rebajar pulsaciones y a comenzar a entender la filosofía del hotel. Un alojamiento que convive con la naturaleza, a la que hace partícipe de cada aspecto que conforma la estancia.

Está rodeado por unas cuatro hectáreas de jardines y prados, el edificio principal del hotel es el alma del lugar, pero no el único espacio que lo conforma. Allá afuera aguardan huertos y establos, terrazas y riachuelos deseando ser descubiertos.

El hotel está rodeado de jardines y huertos donde cultivan parte de lo que se cocina.

El hotel está rodeado de jardines y huertos donde cultivan parte de lo que se cocina. Jake Eastham

El restaurante es uno de los lugares donde se puede respirar la preciosa luz de esta zona de Kent.

El restaurante es uno de los lugares donde se puede respirar la preciosa luz de esta zona de Kent. E. E.

Desacelerar

Este pensamiento tan marcado en The Pig se extiende también a sus habitaciones, todas concebidas desde su origen para que los huéspedes sientan que se hallan en una auténtica casa de campo inglesa. Diferentes entre sí, muchas conservan elementos originales de la antigua mansión, como vigas de madera, chimeneas o grandes ventanales abiertos al jardín.

Algo más allá, avanzando por un camino de madera flanqueado por frondosas jardineras, se despliegan también pequeñas cabañas provistas de porche individual en las que la privacidad adquiere un protagonismo especial.

Las camas mullidas y decoradas al más puro inglés es uno de los atractivos del descanso en este hotel.

Las camas mullidas y decoradas al más puro inglés es uno de los atractivos del descanso en este hotel. Jake Eastham

En la decoración se han conservado muchos elementos de la mansión residencial que fue en su momento el hotel.

En la decoración se han conservado muchos elementos de la mansión residencial que fue en su momento el hotel. E. E.

Una vez en la intimidad, el diseño y el interiorismo toman el mando marcando fuertemente su identidad. Porque no faltan en The Pig los muebles de época, los tejidos naturales y las piezas recuperadas con un gusto exquisito.

Tampoco las bañeras de corte clásico, las estufas de leña, las camas mullidas o las bolsitas de té, tan inglesas ellas. Detalles que invitan, una vez más, a desacelerar.

En torno al edificio de ladrillo rojo toman forma también los huertos y cultivos que alimentan las cocinas de su reputado restaurante, ubicado en una galería acristalada y uno de los puntos fuertes de la cadena The Pig.

El menú del restaurante se basa en productos que se han producido a menos de 40 kilómetros del hotel.

El menú del restaurante se basa en productos que se han producido a menos de 40 kilómetros del hotel. E. E.

En sus mesas, donde la gastronomía, el diseño y la sostenibilidad caminan de la mano, se desarrolla cada día un festival culinario digno de catar: su conocida filosofía 25 Mile Menu apuesta por que la inmensa mayoría de los ingredientes procedan de un radio inferior a las 25 millas —unos 40 kilómetros—, recurriendo, no solo al huerto o al jardín de aromáticas, sino también a toda una red de pequeños agricultores, ganaderos y pescadores locales que colaboran en confeccionar una carta que cambia constantemente al ritmo de las estaciones.

¿El resultado? Una deliciosa propuesta de cocina británica contemporánea que huye de los artificios para ahondar en los sabores originales, auténticos. Una manera de plasmar, de manera sublime, el paisaje de Kent en el plato.

Pero no todo se reduce en The Pig at Bridge Place a la mesa o a la intimidad de las habitaciones: allá afuera, aprovechando sus zonas exteriores, también suceden cosas.

La terraza del hotel es uno de los mejores lugares para tomarse un té después de visitar el spa.

La terraza del hotel es uno de los mejores lugares para tomarse un té después de visitar el spa. E. E.

Basta perderse entre los senderos que recorren la finca para descubrir el huerto amurallado que abastece la cocina, detenerse junto a los invernaderos o acercarse a los establos y corrales donde los animales forman parte de ese ecosistema autosuficiente que el hotel ha sabido recuperar.

Quienes prefieren bajar aún más las revoluciones optan, siempre, por su spa, un refugio escondido entre jardines y sauces donde se ofrecen tratamientos corporales y faciales de la mano de la firma de cosmética natural británica Bamford.

Un plan irrechazable —¿o tal vez son muchos planes?— con el que entender, una vez más, la ideología de este fascinante hotel boutique en el que todo está pensado para reivindicar que otra manera de viajar, más pausada y conectada con el territorio, es posible.