Mirando su bellísimo puerto veneciano construido entre 1320 y 1356, sobre el que se levanta una de las mezquitas más antiguas de Creta, La Canea, o Chania en griego, no parece un lugar escenario de luchas y revoluciones.
Parece, a simple vista, el lugar más tranquilo sobre la tierra donde tomarse el mejor café del mundo mirando un mar, el Egeo, que ha mecido entre sus olas a dioses y héroes.
Sin embargo, una de las ciudades más bonitas de Creta aún guarda en algunos de sus rincones reminiscencias de las luchas contra genoveses, turcos, venecianos y hasta los alemanes, que en la II Guerra Mundial la utilizaron como base de control del Mediterráneo.
El puerto veneciano de La Canea es el corazón de la región y uno de los lugares más visitados.
Pero, sobre todo, La Canea, capital de Creta mucho antes que Heraclión, fue la cuna de la revolución de Theriso, liderada por el futuro primer ministro de Grecia, Eleftherios Venizelos, para unir a la isla a Grecia, que la habían dejado fuera tras la independencia del país.
En su puerto, en 1913 se ondeó por fin la bandera helena rompiendo con 250 años de dominio otomano y unificando lo que es la actual Grecia.
La historia de esta ciudad se desgrana en el paseo. Las piezas encajan al recorrer el impresionante puerto veneciano hasta su famoso faro, un largo paseo en el que van apareciendo casas de colores y terrazas llenas de conversaciones.
Además, desde el faro emerge uno de los monumentos más importantes de Chania, la Mezquita de los Jenízaros que es el edificio otomano más antiguo de toda la isla con cúpula central y otras seis cúpulas más pequeñas.
Igual que ocurre con otros edificios de esa época, como unos baños cerca de la catedral, en 1923 perdió su función original y hoy es la oficina de turismo y el mejor lugar de la ciudad para entender que el tiempo en Creta se mide siempre por cambios de luz.
El histórico faro de La Canea, de 21 metros de altura y un alcance de mas de siete millas náuticas.
Podemos visitar el interior del que está considerado uno de los faros más antiguos del mundo ya que se construyó entre 1595 y 1601 sobre una roca en el mar. Aunque no está en funcionamiento, a finales del siglo XVI, sus 21 metros de altura daban alcance y cobertura a más de 7 millas náuticas.
La mejor forma de entender la magia de La Canea es dejarnos llevar sin rumbo por las calles empedradas de su laberíntico centro lleno de casonas donde aún queda el escudo de armas de la República Veneciana marcado en algún rincón.
Entre vías estrechas y pequeñas terrazas de sillas de madera y mesas con mantel como Zampeliou, Kondilaki y Theotokopoulou, podemos llegar a la plaza de la Catedral de la Virgen María. Es uno de los lugares más fotogénicos de la ciudad y el mejor sitio para respirar antes de volver a embarcarse en otra aventura histórica cruzando simplemente la calle.
Una de las calles del barrio histórico de La Canea, lleno de tiendas y restaurantes.
Y es que hay que llegar hasta la Fortaleza Firkas, una construcción amurallada del siglo XIII que tenía como misión defender a los barcos venecianos que comerciaban por el Mediterráneo con puerto en Chania de los ataques piratas.
Toda la zona es un recorrido curioso que te traslada a otra época y te aleja, en cierto modo, del vibrante ir y venir del puerto de La Canea. Además, en su interior podemos visitar un pequeño Museo Marítimo que merece mucho la pena tanto por lo que guarda como por las anécdotas de la II Guerra Mundial que nos llevarían al tercer paso dentro de la historia de este pueblo.
Y es que este bonito puerto fue uno de los lugares más disputados de la famosa Batalla de Creta que tuvo lugar en 1941 entre los alemanes y los aliados por el control del Mediterráneo.
La II Guerra Mundial
De hecho, cerca de La Canea se puede visitar tanto el cementerio alemán como el aliado y en el Museo Marítimo sentir cómo se vivía dentro de un submarino pero también qué hacía un batallón de neozelandeses en mitad de la ciudad bailando la haka para intentar salvar la vida ante el doble de soldados nazis.
La ocupación alemana fue muy costosa en vidas pero también terminó de forjar el espíritu de un pueblo que siempre ha sido rebelde convirtiéndolo en un punto clave para la resistencia cretense.
La Fortaleza de Fikra acoge el Museo Marítimo donde se comprende bien el papel de Creta en la II Guerra Mundial.
En la otra punta del puerto, está el barrio de la Splantzia donde los arsenales venecianos, que se han conservado intactos, apuestan por rememorar su historia y su arte con exposiciones para quienes buscan la calma de las paredes de piedra abovedadas y el mar.
Si después de pasearnos por la ciudad, queremos darnos un baño, tenemos varias opciones que van de lo más cercano a lo más complicado por el camino. Lo más sencillo, Neo Chora Beach, la playa urbana de Chania a dos kilómetros, perfecto para refrescarnos. Si no, podemos coger el coche, bajar por una carretera con muchas curvas y aterrizar en Seitan Limania, una de las calas más espectaculares de la isla.
La playa de Seitan Limania es una de las más espectaculares de Creta.
Más lejos, unos 75 kilómetros hacia el suroeste, está la famosa playa Elafonisi, con la arena rosa y el mar azul turquesa, y a 45 kilómetros hacia el interior el Lago de Kourna, el único de agua dulce que hay en toda Creta y un lugar refrescante y tranquilo muy bonito.