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El fenómeno del detour travel propone viajar sin seguir necesariamente el itinerario marcado. En Perú, esa filosofía conduce hasta huacas escondidas entre los edificios de Lima, las cumbres de Áncash y las comunidades, paisajes y vestigios arqueológicos de Amazonas.

Hay viajes que empiezan cuando uno deja de seguir el camino marcado. Frente al itinerario de lugares imprescindibles, el llamado detour travel propone desviarse de las rutas habituales para descubrir otra cara de los destinos: territorios menos transitados, tradiciones locales y experiencias que permiten entender un país más allá de sus grandes iconos.

Perú es un buen ejemplo de esta forma de viajar. Machu Picchu, Cusco, el lago Titicaca o el Valle Sagrado forman parte del imaginario viajero del país, pero su geografía ofrece muchas otras puertas de entrada a su historia, su naturaleza y sus culturas.

Algunas están incluso a pocos kilómetros de las grandes ciudades. Otras requieren varios días de caminata. Todas tienen algo en común: obligan a cambiar el ritmo del viaje.

Ruta 1: arqueología prehispánica

La capital peruana suele ser el punto de llegada, pero también puede convertirse en el primer desvío. En la propia Lima, la Huaca Pucllana recuerda que mucho antes de la ciudad contemporánea este territorio ya estaba habitado.

Pero esta ruta propone coger uno de los grandes desvíos conduce hacia el sur, al Santuario Arqueológico de Pachacámac, siguiendo la Antigua Panamericana Sur, a unos 45 minutos en coche desde Lima.

El complejo arqueológico de Pachacamac. Daniel Silva

Durante más de mil años fue uno de los principales centros ceremoniales de la costa central y lugar de peregrinación. Templos, plazas y restos arqueológicos permiten reconstruir la importancia que tuvo este enclave para distintas civilizaciones.

Civilizaciones cuyas tradiciones siguen formando parte de la vida local actual, como es el caso del caballo peruano de paso, cuyo característico andar está vinculado a la música y la danza tradicional.

La danza del caballo de paso peruano en la Hacienda Los Ficus, Pachacámac. E.E

En las haciendas de Pachacámac, esta tradición ecuestre puede conocerse a través de exhibiciones de caballos de paso y espectáculos de marinera. Las demostraciones suelen acompañar el almuerzo, una ocasión para acercarse también a la gastronomía peruana mientras la música, los caballos y los pañuelos de los bailarines convierten la comida en una experiencia cultural.

Ruta 2: los Andes a pie

Para el viajero que quiere sustituir las visitas rápidas por varios días de inmersión, Áncash cambia por completo el escenario. Aquí el desvío se mide en kilómetros de senderos y metros de altitud.

La Cordillera Huayhuash es una de las grandes propuestas de alta montaña del país. La travesía requiere varios días y atraviesa una sucesión de lagunas glaciares, valles de altura y cumbres nevadas, con el Yerupajá como una de sus grandes referencias. La travesía clásica de Huayhuash ronda los 120-130 km, mientras que Santa Cruz es un trekking bastante más corto.

Santa Cruz es destino de muchos interesados en el trekking. E.E

Hay opciones para diferentes niveles y ritmos. El trekking de Santa Cruz atraviesa valles y lagunas hasta alcanzar Punta Unión, a más de 4.700 metros, con el Alpamayo y el Huascarán como telón de fondo.

Ruta 3: otro Amazonas

En Amazonas, el viaje vuelve a cambiar de ritmo. La región combina arqueología, naturaleza y tradiciones comunitarias, y ofrece una forma de conocer el territorio a través de quienes todavía mantienen vivos algunos de sus saberes.

En su basta extensión se puede trazar un recorrido de varias paradas comprendidas en unos 4 días y unos 400 kilómetros donde son imprescindibles Chachapoyas o Revash.

En Huancas, a unos 15 kilómetros de Chachapoyas, la cerámica es una de esas tradiciones. Las piezas se elaboran utilizando técnicas transmitidas de generación en generación y recursos de la zona, en una práctica alfarera vinculada al territorio desde época prehispánica.

La selva amazónica serpenteada por la catarata Yumbilla. E.E

Después llega el subsuelo. La Caverna de Quiocta permite recorrer un paisaje completamente diferente, entre estalactitas, estalagmitas y formaciones geológicas. En el exterior, la catarata de Yumbilla devuelve al viajero a la selva alta. Sus 895 metros de caída convierten el salto de agua en uno de los grandes accidentes naturales de la región.

En los Mausoleos de Revash, las pequeñas construcciones funerarias aparecen encajadas en la pared de un acantilado. En Karajía, los sarcófagos antropomorfos permanecen elevados sobre un barranco, integrados en un paisaje que explica parte de su ubicación.