Son las cuatro de la tarde y, en buena parte de Gran Bretaña, todavía hay quien se sienta a tomar el té. No se trata tan solo de beber una taza humeante, sino de apostar por uno de los rituales más sagrados de su cultura, el afternoon tea, un festín de pequeños sandwiches, scones recién hechos, clotted cream, mermelada, pasteles y una bandeja de varios pisos que convierte la merienda en todo un plan.
El afternoon tea nació en el siglo XIX, cuando las clases altas británicas empezaron a retrasar la cena y el hueco entre la comida del mediodía y la última de la noche se hizo demasiado largo. La historia suele atribuir su origen a Anna Russell, duquesa de Bedford, que hacia 1840 comenzó a pedir té, pan con mantequilla y algún dulce a media tarde para calmar ese vacío.
Lo que empezó como una costumbre privada, a la que pronto se unieron más y más amigos de la duquesa, acabó por convertirse en un hábito social y, con el tiempo, en una de las costumbres británicas más extendidas.
Esta nueva forma de tomar el té se ha convertido en la merienda más demandada.
La fórmula clásica se ha repetido hasta convertirse en algo que se suele replicar, casi siempre, del mismo modo: primero los sandwiches de pepino, huevo, salmón ahumado o coronation chicken; después los scones con crema y mermelada; al final, una selección de tartaletas, bizcochos y pequeños dulces. No es una comida completa, pero tampoco una merienda cualquiera.
Especialmente en la capital, Londres, que ha convertido este momento en uno de sus grandes reclamos para viajeros, y que lleva años jugando con sus posibilidades. En One Aldwych, la merienda se convierte en un homenaje a Charlie and the Chocolate Factory, en el Rosewood London, el Art Afternoon Tea mira al universo de Monet, el padre del Impresionismo, con piezas dulces inspiradas en la luz y el color del pintor, mientras que esta merienda puede tomarse incluso, montados en uno de los clásicos autobuses double deck.
El tradicional azúcar de la ceremonia del té ha sido sustituida por quesos británicos.
Pero en Covent Garden acaba de aparecer una vuelta de tuerca especialmente apetecible para quienes prefieren lo salado a lo dulce, el Afternoon Cheese. La propuesta se sirve en Brasserie Max, el restaurante del Covent Garden Hotel, situado a pocos pasos de Seven Dials, el famoso distrito que inspiró la novela homónima de la Dama del Misterio.
A primera vista, la imagen es reconocible: una bandeja de varios pisos, piezas pequeñas, scones y bocados que recuerdan a la pastelería clásica. La diferencia está en que aquí el azúcar cede el protagonismo al queso británico.
Del éclair de Stilton al doughnut de Welsh rarebit
La idea es sencilla pero bastante diferente, tanto como tomar las formas del afternoon tea tradicional y reinterpretarlas en clave salada. Donde uno esperaría encontrar un éclair dulce, llega un potente éclair de Stilton con nueces encurtidas y cebollino.
Donde normalmente habría un macaron de frambuesa, pistacho o chocolate, aparece uno elaborado con Ragstone, un queso de cabra y cebolla caramelizada.
El queso de Suffolk es uno de los que se utiliza en esta nueva merienda de Londres.
La apuesta continúa con un queso de Suffolk de estilo brie, servido sobre un pan de malta y ciruelas, una tartaleta de queso curado y un donut relleno de Welsh rarebit con Hafod Cheddar y salsa Worcestershire.
Tampoco faltan los scones, aunque en esta versión cambian de registro. Son de Cheddar y se sirven con cuajada de cabra, mermelada de cebolla caramelizada y aceite de cebollino. El cierre llega con una cheesecake de ricotta y ruibarbo pochado, el único momento en el que el menú se acerca al terreno más dulce.
Un mapa del queso británico
Uno de los puntos interesantes y exclusivos de esta propuesta está en la selección. Los quesos proceden de Neal’s Yard Dairy, una de las direcciones más reconocidas de Londres para hablar de quesos británicos e irlandeses artesanos.
Fundada en Covent Garden a finales de los años setenta, la casa se ha convertido en una referencia para cocineros, aficionados y viajeros que buscan entender mejor la diversidad quesera del Reino Unido.
Varios cortes de Colston Bassett Stilton. el rey de los quesos azules británicos.
La lista elegida por este espacio funciona como un pequeño mapa del queso británico, en el que se presenta cada referencia con el nombre de su elaborador, poniendo así en valor también las manos que hay detrás de cada uno.
Las referencias no son pocas. Hay algunos como el Colston Bassett Stilton, de Nottinghamshire, un azul cremoso, mantecoso y elegante, elaborado por Billy Kevan en una de las zonas históricas del Stilton. También Ragstone, un queso de cabra de Herefordshire firmado por Charlie Westhead y Baron Bigod, de Suffolk, que aporta el lado más untuoso con un queso de estilo brie, elaborado con leche cruda de vaca.
El restaurante Brasserie Max sirve esta combinación desde la una del mediodía hasta las cinco de la tarde.
El recorrido continúa con Lincolnshire Poacher, un queso duro de leche cruda que se mueve entre el cheddar del oeste de Inglaterra y ciertos recuerdos a Comté, y que en el menú aparece convertido en una tartaleta de queso tostado.
A él se suman dos cheddars de peso: Hafod, galés, de estilo granja, ecológico, que sirve para reinterpretar el Welsh rarebit en formato donut y Montgomery’s Cheddar, de Somerset, uno de los grandes nombres del cheddar tradicional británico, complejo, sabroso y con una curación de dos años.
Con el té, vino inglés
El otro guiño interesante está en la bodega. Aunque el té o las infusiones siguen incluidos en la experiencia, el menú puede acompañarse con vinos ingleses de Gusbourne, una bodega de Kent que forma parte de esa nueva escena vinícola británica que ha ido ganando reconocimiento en los últimos años, especialmente en el terreno de los espumosos elaborados con el método champenoise.
La opción con copa incluye Gusbourne Blanc de Blancs 2017, pero también figuran en la carta el Gusbourne Rosé 2019 y el Chardonnay ‘Guinevere’ Boot Hill Vineyard 2023.
La mejor forma de completar el 'Afternoon Cheese' es con el maridaje de vinos británicos.
Este Afternoon Cheese se sirve todos los días, de 13.00 a 17.00 horas. El precio es de 56 libras por persona, o 72 libras si se elige la opción con una copa de vino. Una propuesta que no rompe del todo con la tradición, pero sí la mira desde otro lugar en el que otro de los tesoros británicos, sus quesos, son los absolutos protagonistas.